El Mejor Desarrollo para la Antigua Base Naval Roosevelt Roads

Roosevelt Roads I y II
Queridos Lectores:
Hoy tenía un gran deseo de hablar de las luchas comunitarias que hemos llevado en los últimos siete años para lograr un desarrollo que considere la participación comunitaria y que cumpla los criterios de sustentabilidad para los terrenos e instalaciones de la Antigua Base Naval Roosevelt Roads en Ceiba, Puerto Rico. Sin embargo, cambie de planes al leer este editorial de El Nuevo Día y he decidido presentarlo tal como se publicó durante el día de hoy. Así que mis queridos amigos disfruten de un escrito que resume todo el sentido de esta lucha. Evalúa si vale la pena continuar luchando. Bendiciones.

09 Diciembre 2011

MEJOR ENFOQUE A ROOSEVELT ROADS

El Gobierno está llamado a corregir el rumbo en el plan de desarrollo de los terrenos de Roosevelt Roads, a fin de darle verdadera participación a las comunidades y evitar que se levante un proyecto excluyente, que sólo conseguiría ahondar la marginación para Ceiba y demás pueblos de la zona.

A la luz de las preocupaciones comunitarias y multisectoriales expresadas, particularmente de Ceiba, el plan anunciado por la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads está totalmente divorciado de las propuestas que impulsan un desarrollo socio económico sustentable en los valiosos terrenos.

De hecho, el director interino de la Autoridad, Jaime López, admitió a El Nuevo Día que lo primero que se va a construir en el lugar es el casino, los hoteles y ciertos espacios para entretenimiento, “porque es lo más atractivo para los inversionistas”.

Puede ser, en efecto, atractivo para algunos sectores, pero eso no significa que responda a las metas de un desarrollo balanceado, armónico, que beneficie a sectores que tienen capacidad de aportar y el derecho a beneficiarse de esta oportunidad.

Las prioridades que se establecen de espaldas a la comunidad, no responden a la visión realista de un proyecto en el que Puerto Rico había cifrado tantas esperanzas.

El hecho de soltar a cuentagotas la información durante tantos meses, para decir ahora que lo primero que se va a construir es el casino, confirma los peores temores de las comunidades de Ceiba y Naguabo.

A mediados de año, cuando la Junta de Planificación aprobó el Plan Maestro para Roosevelt Roads, los líderes de la Alianza Pro Desarrollo de Ceiba (APRODEC), que no habían visto el documento, exigieron que se definiera claramente el concepto de Riviera del Caribe, incluido en la maqueta para Roosevelt Roads y que, para todos los efectos, devendría en un distrito de juegos de azar. Hubo mucha reticencia por parte del Gobierno a poner en claro este punto. Pero lo cierto es que la construcción de un megacasino, tal como anuncia el director de la Autoridad, le impone otro tipo de orientación a lo que en un principio se esperaba que fuera un modelo de desarrollo sustentable.

Aunque supuestamente quedaría protegido cerca del 40% de los terrenos, aún no está claro lo que pasará, por ejemplo, con el área de Punta Puerca, zona pródiga en bosques, mangles y humedales, hábitat de especies en peligro de extinción, por lo que existe un reclamo específico de la comunidad para que quede estrictamente protegido. Se alega que hay planes de levantar allí un “hotel ecológico”, pero la ambigüedad con que los funcionarios a cargo del proyecto se refieren a las unidades que tendría ese hotel y el tamaño de las villas residenciales, es un motivo razonable de preocupación.

APRODEC ha pedido que se atiendan los 26 yacimientos arqueológicos detectados en los terrenos de Roosevelt Roads. Y éste es un aspecto clave en cualquier desarrollo turístico sustentable: mantener la idiosincrasia de la zona, no sólo en el aspecto comunitario y medioambiental, sino con la preservación de las raíces culturales y de la memoria.

Por todo eso, y porque las comunidades de Ceiba y Naguabo no se merecen ser desdeñadas y arrinconadas en sus aspiraciones, el Gobierno tiene que replantearse el verdadero propósito del desarrollo de los terrenos de la antigua base naval: levantar un modelo de repercusión internacional, que proyecte a Puerto Rico como un destino moderno, confortable, integrador de las comunidades y ecológicamente comprometido.

Todo lo que no sea eso, es ceder a la especulación y al trillado camino de siempre, el de la exclusión.

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