Se acabó el año escolar… ¿y ahora qué?: Meditaciones de un educador

Fin del año escolar

Por Samuel Caraballo-López

“… a los que les seguirán siete años de hambre, que harán olvidar toda la abundancia que antes hubo. ¡El hambre acabará con Egipto! Tan terrible será el hambre, que nadie se acordará de la abundancia que antes hubo en el país. El faraón tuvo el mismo sueño dos veces porque Dios ha resuelto firmemente hacer esto, y lo llevará a cabo muy pronto.  »Por todo esto, el faraón debería buscar un hombre competente y sabio, para que se haga cargo de la tierra de Egipto. (Génesis 41: 29-33)

Mientras celebramos el fin del año escolar, quisiera robustecer la conciencia de mis lectores con algunos pensamientos producto mis observaciones y vivencias en esta bendita tierra. Como he declarado en otros artículos, Puerto Rico tiene dos (2) grandes retos: primero, el poder articular una misión como pueblo que sirva de referencia para diseñar e implantar un programa educativo para ésta generación, que responda a la realidad global; y segundo, el encontrar los líderes adecuados para dirigir la implantación de dicha misión.

El no poder definir claramente nuestra misión como nación caribeña y de mezcla de razas, con más de un idioma e influenciada por diversas fuerzas geofísicas, sociales, culturales, políticas y económicas, nos confina en un limbo existencial que paraliza nuestro progreso, creando problemas de difícil solución, como ha sido la pérdida del respeto por la dignidad de la vida y que se dramatiza cada año. Esta carencia de una misión clara como nación se traslada a nuestras instituciones más emblemáticas, la familia, la escuela, la iglesia y gobierno.

La primera consecuencia de esto es la confusión en cuanto a las prioridades de la existencia como seres humanos y miembros de un pueblo. Esta confusión nos hace interiorizar el sistema económico existente como un fin en sí mismo, haciendo del hedonismo y la avaricia, metas primordiales de la existencia. Este materialismo excesivo, producto de la confusión de prioridades, acarrea grandes niveles de corrupción, crimen y deterioro en todas las instituciones antes mencionadas. Es entonces que los pobres, que perdieron su fe en la educación como medio para superar la desigualdad social en la distribución de bienes y atributos  que mejoren su calidad de vida, crean sus propias empresas en la clandestinidad. Estos negocios clandestinos, tienen reglas de competencia, en las que pretenden eliminar todo los que atenta contra el bienestar económico que buscan. Los asesinatos vinculados a la competencia entre los “puntos” de drogas en los sectores marginados, alcanzaron cifras sin precedentes durante los pasados años, lo que dramatiza esta confusión de prioridades, derivada en gran medida por la falta de una clara dirección nacional.

Por otro lado, la corrupción rampante en las grandes compañías privadas, fraudes bancarios, negociaciones anti-éticas, explotación laboral, mercadeo desmedido de toda clase de productos y la intervención mercantil en aspectos no tradicionales, representa lo mismo que ocurre en los puntos de drogas…la materialización de la felicidad y la búsqueda de la vida buena por medio del capital y el placer, sin que medie la consideración ética en la labor que realizamos. Tanto los ricos como lo pobres han interiorizado, a falta de un norte nacional, el hacer capital y obtener bienes tangibles, como la nueva misión, que llena las expectativas y los egos de aquellos que no tienen otros motivos para vivir.

Los problemas que se derivan de esta carencia de una misión colectiva como nación se agudizan al no tener en el liderato del país a personas que tengan el desarrollo personal necesario para sacarnos del enredo.  El problema que tenemos es en parte por una falta de liderato que pueda concebir y construir un programa educacional total en el cual cada faceta de la vida del país llegue a ser una representación de lo que el país debe aspirar.

Chris Argyris, el insigne pensador norteamericano, en su libro Reasoning, Learning and Action (1982), expresa su preocupación sobre este aspecto en el siguiente pensamiento:

“Como hemos aprendido a finales de los 1960s y temprano en los 1970s, nada es más peligroso para una     sociedad (u organización) que sus reformadores, que aunque tengan buenas ideas (teorías), carezcan de perspectiva, destrezas y compromiso para alterar suficientemente sus propias acciones (conducta), que les permita edificar nuevos sistemas de enseñanza que motiven cambios fundamentales en ellos mismos.”

Es casi imposible que los líderes o reformadores pueda mejorar la calidad de vida de una organización, un país o sociedad, sin que antes ellos o ellas hayan tenido cambios fundamentales en si mismos. Es por esto que la crisis existente se profundiza, ya que se pone la responsabilidad de guiar al país a nuevos horizontes, en manos de líderes incapaces debido a sus propias limitaciones. De hecho, la misma percepción de crisis generalizada nos hace elegir personas que prometen transformaciones en la sociedad, sin siquiera ellos mismos haber iniciado sus propios procesos de transformación personal.

Fue evidente en el pasado la carencia de líderes con suficientes destrezas y compromiso para efectuar cambios en ellos mismo. Las convicciones y encarcelamiento de Jorge De Castro Font , Edgar Santana, la renuncia del vicepresidente de la Cámara de Representantes, Rolando Crespo, la “expulsión” del Senado de Antonio “Chuchin” Soto y Roberto Arango, dramatizan la realidad de esta crisis de nuestra isla. Líderes carentes de suficiente transformación personal y que a su vez pretenden ser agentes de transformación. No podemos ignorar que el camino de la trasformación personal del líder es el inicio y requisito “sine qua non” para impulsar y fomentar cambios significativos en el país.

En resumen, para iniciar el establecimiento de una misión y visión puertorriqueña, debemos contestar las siguientes preguntas esenciales:

¿Qué clase de país queremos tener?  ¿Qué papel juega este país en la cuenca del Caribe? ¿En qué queremos que esta isla brille en el contexto global? ¿Qué país está haciendo una labor que los puertorriqueños desearían hacer?  ¿En qué áreas del desarrollo global, Puerto Rico puede hacer su mayor aportación?

La contestación a estas preguntas nos puede ayudar a articular una misión y visión de nación para este momento de la historia. En cuanto al liderato que el país necesita…se lo dejo a su consideración. Muchas bendiciones!

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