Peleando por la Paz: Un reto para la Iglesia

orilla de playa 8

Por Samuel Caraballo-López

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada (Mateo 10: 34).

Una tendencia común como cristianos al leer estas palabras de Jesús, es a suavizarlas para que nuestros lectores no se amedrenten.  Esto se debe a que hemos definido erróneamente el concepto paz como quietud, tranquilidad y ausencia de conflictos, sin embargo Jesús no la define así.  Jesús se apodera del concepto “shalom” presente en el lenguaje hebreo para expresar un principio que  trasciende la común interpretación humana.  ¿Qué es el shalom?  Un ambiente donde se remuevan todos los obstáculos para que la creación tenga su plena realización.  Este ambiente debe tener entre sus componentes la salud, justicia, bienestar, armonía y perdón.

Dado lo anteriormente expresado, debemos reconocer que lograr esa paz (shalom), por su naturaleza, envuelve una dimensión de tensión entre  las vidas de las personas que la buscan  y  las estructuras de poder dominantes. Jesus se presenta a si mismo como prototipo de esta lucha por la paz:.

La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo (Juan 14:27)

Esta lucha de Jesús por la paz integral del ser humano y su entorno le trajo grandes conflictos con el sistema dominante de su época, es decir, el imperio romano y todas sus ramificaciones.  Los sistemas políticos son entidades con una dimensión espiritual y con toda una red de estructuras, programas, normas, definiciones, leyes e instituciones que sostienen y preservan el “status quo”. Estos también tienen etiquetas, normas de vida, perfil del ciudadano ejemplar y su propia interpretación sobre la paz y el orden.

El imperio romano era el típico sistema opresor con su propia cultura, leyes y sistema de valores. El imperio romano, no aceptaría estas nuevas visiones de la paz promovidas por Jesús, porque no correspondía a la cultura del imperio. La paz de la que Jesús habla, implica un reordenamiento en todas las dimensiones de la vida humana. Por lo tanto esta visión de la paz envuelve en si misma lucha y tensión, no solo contra los factores externos que impiden lograrla, sino contra el sistema de antivalores internos que resisten el llamado a ser agentes de esa paz.

Esta lucha por la paz implica atreverse a destronar aquellos factores disfuncionales de la cultura que nos han sido sembrados, y que fomentan y aplauden la guerra, la contienda y el discrimen.  Como pacificadores hemos sido enviados por Dios a lugares donde el antagonismo está presente y se hace necesario enfrentarlo.  Es en estos lugares donde la fe y el valor son imprescindibles.

En la 1 carta a Timoteo 6:12-13, el escritor nos habla de los elementos que componen una cultura cristiana de paz.

Mas tú, oh hombre de Dios (sic.)…y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.  Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna…

Es bueno aclarar que esta lucha por la paz, es diferente a las luchas que observamos en ciertos sectores de la sociedad.  Esta lucha no es una desagradable,  rencorosa y mucho menos destructiva.  Es una lucha hermosa, misericordiosa y ante todo restaurativa.   La lucha por la paz es una constante pelea por encarnar y hacer la voluntad de Dios en cada contexto en que nos encontramos.   Es una lucha para que la gloria de Dios, produzca bienestar a toda la familia humana.  En esta lucha por la paz, Dios en Cristo nos ha convertido en sus emisarios.      Recibe mis bendiciones.

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