“TALITA CUM”: Cuando JESÚS llega a mi orilla


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION

Mi reflexión del 27 de junio de 2021, sexto domingo de Pentecostés, se encuentra en el evangelio de Marcos 5: 21-43. En este pasaje Jesús se presenta como el Señor de las enfermedades y la muerte.

Hace algunos años el Rvdo. Richard Rojas Banuchi, Director para ese entonces del Colegio Presbiteriano de Puerto Nuevo en Puerto Rico escribió en Working Preacher un excelente artículo sobre esta perícopa que utilizaré como referencia [1].

Cuando leemos el capítulo 5 del libro de Marcos es como si estuviéramos visitando la sala de emergencia de un hospital metropolitano. Una cantidad de enfermos y heridos en los pasillos de la sala de emergencia esperando ser atendidos. Algunos, víctimas de accidentes, otros afectados por diversas formas de enfermedades o condiciones, todos en busca de asistencia para su situación. Así mismo en las orillas del Lago de Galilea, hay personas afectadas que en sus diversas formas han sido “diagnosticados”, al menos dentro de las limitaciones, como “enfermos terminales.”

Richard Rojas expresa de una forma genial la realidad de los enfermos de Marcos:

“Todos los enfermos de Marcos proceden de trasfondos distintos,el endemoniado de la tierra pagana de Gerasa, la hija de Jairo de un hogar religioso y lleno de privilegios y la mujer del flujo se había empobrecido dando todo en tratamientos médicos infructuosos. Y todos tienen en común dos cosas: en primer lugar, lo más inmediato, generalmente lo que más nos preocupa, la pérdida de la salud física y por ende de la seguridad personal, y en segundo lugar, que la fe en Jesucristo será su única y eficaz puerta de salvación y de salud”. [2}

DESARROLLO

(a) El endemoniado de Gerasa (Marcos 5: 1-20)

El primer personaje que encontramos en “la sala de emergencias de Marcos” es un endemoniado, con un diagnóstico “que para los pelos” al más valiente (Marcos 5:3).  En uno de los extremos, en la zona oriental, en tierra de los gentiles paganos, habitaba el endemoniado, específicamente, en la ciudad de Gerasa (hoy conocida como Jerash), en la región de Decápolis, ubicada a treinta y siete (37) millas al sureste del Mar de Galilea (Marcos 5: 20).

La descripción de Marcos de la condición de este hombre, es dramática:

…vivía en los sepulcros, y ya nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas,…andaba….gritando y golpeándose con piedras.” (Marcos 5:3-5).

La posesión demoníaca lo hacia padecer de sus facultades mentales a tal punto que atentaba contra su propia vida. De hecho, vivía en los lugares impuros donde yacían los muertos, y por ende estaba en destierro total de su familia y comunidad. ¡Qué horrible soledad!

La gente no tenía formas de detener a este ser humano; el evangelista expresa esta impotencia declarando que ya “nadie lo podía dominar” (verso 4c). Cuando éste ve que Jesús llegaba a su orilla se postra delante de Él, diciendo:

“Jesús, Hijo del Dios Altísimo, que tienes que ver conmigo. Te conjuro por Dios que no me atormentes” (Marcos 5: 7).

Jesús expulsa los demonios que estaban destruyendo su vida, y le devuelve la integridad mora (lo viste) y la totalidad de su juicio, y finalmente lo reubica en su familia (Marcos 5: 15- 20).

Luego del milagro con el hombre endemoniado de Gerasa, Jesús regresa a la orilla occidental o sector más religioso del Mar de Galilea, en la que las necesidades eran similares a los de orilla oriental. ¿Qué diferencia hacia el ser judío o ser pagano en cuanto a la salud? Me parece que el evangelista Marcos tiene la intención de demostrar que ambos sectores estaban igualmente afectados.

(b) La mujer con flujo de sangre (Marcos 5: 25-34)

Hay dos (2) milagros consecutivos que Marcos describe con lujo de detalles y que son centrales en esta perícopa: primero, el de la mujer sin nombre, rica empobrecida, que padecía de flujo continuo de sangre (al parecer un cáncer uterino) que le hacía sufrir mucho y cuyo infructuoso tratamiendo médico le había consumido sus recursos; y, segundo el de la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, un hombre que gozaba de muchos privilegios.

El dolor y la necesidad se encuentran en ambas orillas, entre los que no participan del conocimiento de Dios y entre aquellos que “participan” del conocimiento de lo divino. En ambas orillas hay necesidades apremiantes.

Es interesante la forma en que Marcos, presenta el acercamiento de Jairo a Jesús (Marcos 5: 22-24). Este cae a los pies de Jesús y suplica con insistencia, dado que su hija está en agonía, para que sea sanada y no muera. Jesús movido por la compasión va con él a su casa.

Es en el trayecto de Jesús a casa de Jairo, y en medio de una gran multitud que le acompañaba, que ocurre el primer milagro. Una mujer que por doce años había estado enferma con un flujo constante de sangre. Según el relato de Marcos, había gastado toda su fortuna, buscando salud para su condición; sin embargo, su salud empeoraba (Marcos 5: 26).

La difícil situación de esta mujer y su curación se describe en siete (7) cláusulas. La primera aparece en el verso 25, explica que ésta llevaba sangrando doce años. Su hemorragia continua la hacia ceremonialmente impura (Levítico 12: 1-8; 15: 19-30), especialmente si su hemorragia estaba vinculada con la menstruación. La gran dificultad de la mujer es destacada por el tiempo que llevaba sufriendo dicha condición. El número doce lo que nos dice es la gravedad de su condición.

La segunda cláusula que aparece en el verso 26a, “y que había sufrido mucho de parte de muchos médicos”, dramatiza la trágica situación de esta mujer (vea el doble muchos). Es decir, durante estos doce años había sufrido bajo la atención de los médicos. La inhabilidad de los médicos para curar ciertas enfermedades en ocasiones lo que inflige es mayor daño sobre el afectado (vea los deuterocanónicos, Tobias 2:10; Sirácida 38:15). De hecho, ciertos tratamientos médicos de la antiguedad eran dolorosos y de alto riesgo para la vida del enfermo (ver Talmud Babilonico/shabbat 109a-b).

La tercera cláusula, en el verso 26b, establece que ella “había gastado cuanto tenía”. Su búsqueda infructuosa de ayuda médica le había resultado en tres (3) graves consecuencias: tratamiento médico inefectivo, prolongado sufrimiento, y pérdida de todos sus recursos económicos.

La cuarta y quinta cláusula en los versos 26c y d, describen con detalle la anterior. Ella no había sido beneficiada de ninguna forma por aquellos tratamientos médicos y su condición se había empeorado. La realidad era que su salud física iba de mal en peor bajo el cuidado de los médicos de su tiempo. Como en el caso del endemoniado de Gerasa, la intervención humana en su condición no sirvió de nada, y lo que había recibido realmente era daños colaterales.

Las anteriores cláusulas son descripciones de la situación de esta mujer, y las dos últimas la sexta y séptima (verso 27), describen los que hace esta mujer como su última esperanza:

… al oir acerca de Jesús, llegó por detrás entre la multitud y toco su manto; (Marcos 5: 27)

Se asume en el relato que ella había oido hablar de Jesús, y posiblemente conocía de sus enseñanzas y sus acciones. Siendo así ella vino y tocó subrepticiamente su manto (disimuladamente o por debajo). ¿Por qué lo hizo así en lugar de pedirle a Jesús que la sanara? No sabemos la razón, posiblemente fue el miedo a ser declarada impura y por ende hacer impuro a Jesús, o quizás por no violentar la visión cultural de las relaciones normales entre un hombre y una mujer. De hecho, esto no es importante para el evangelista Marcos, dado que el no da ninguna explicación al respecto. Sin embargo, sí menciona lo que la mujer cavilaba en su corazón, “porque decía: Si tan sólo toco sus vestidos, sanaré” (Marcos 5: 28).

Los asuntos de pureza o impureza presente en otros pasajes de Marcos (vea 7: 14-23), no son considerados en esta perícopa. El texto quiere trasmitir a los lectores que esta mujer creyó a tal grado que con solo tocar tocar el abrigo exterior de Jesús, sería sanada, y se atrevió ha hacerlo, y al instante “la fuente de sangre se secó”, y fue “sanada de aquel azote” (Marcos 5: 29, 34). La expresión “Y al instante” indica el poder de Jesús para sanar y atender la aflicción de aquella mujer que por doce años había sido víctima de una enfermedad y de la misma medicina.

Finalmente, me gustaría reflexionar sobre el verso 30 y la pregunta, ¿Quién ha tocado mis vestidos? Esta pregunta nos lleva al entendimiento de que Jesús esta consciente que en Él radica el poder de Dios. Él puede percibir en sí mismo cómo y cuándo su poder sobrenatural ha sanado a alguien, que con tanta fe, y a escondidas, le había tocado (vea Marcos 2:8; 3: 5; 5: 32; 8: 17; 12: 15). Ahora bien, la respuesta de los discípulos en el verso 31, indica la falta de entendimiento que estos tiene sobre Jesús. El conocimiento sobrenatural de Jesús contrasta claramente con la ignorancia de los discípulos sobre su poder. Marcos realza en los próximos capítulos esa falta de entendimiento de los discípulos sobre la naturaleza y poder de Jesús (vea Marcos 6: 52; 7:18; 8: 4, 14-21).

A través de su conocimiento sobrenatural, Jesús reconoce, no solo que había sido tocado con fe, sino que lo había hecho una mujer:

Y miraba alrededor para ver a la que había hecho esto [ten touto poiesasan] (Marcos 5: 32).

La mujer sanada responde al reclamo de Jesús de saber quién había recibo el fruto de su poder sobrenatural. Tres (3) características se expresan en la respuesta de esta mujer: “temor y temblor”, “declarar toda la verdad”. El temor y el temblor de esta mujer, manifiesta un sentir que el apóstol Pablo recomienda a sus oyentes:

Por tanto, amados míos, como siempre obedecisteis, no solo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, alistad vuestra propia salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12).

Esta es la manera apropiada en que tenemos que trabajar con la salvación que hemos recibido de Cristo, y que los lectores de Marcos tienen que mantener. Por otro lado, la mujer le declaró “toda la verdad” a Jesús, de su situación y de su acción. A mí me parece que Marcos intenta decirle a sus oyentes cuál es la forma adecuada de acercarse a Jesús y experimentar su poder y misericordia.

(c) La resucitación de la hija de Jairo (Marcos 5: 21-24; 35-43)

Mientras todavía Jesús hablaba con la mujer sanada, llegan de la casa de Jairo unos mensajeros con una noticia lamentable: “Tu hija ha muerto”. ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante una noticia tan desalentadora? La respuesta de Jesús no se hace esperar:

Pero Jesús, alcanzando a oir lo que se hablaba, dice al principal de la sinagoga: “No temas, solo sigue creyendo [mē phobou, monon pisteue]” (Marcos 5: 36).

Marcos menciona por primera vez como el grupo central de los discípulos de Jesús, a Pedro, Santiago y Juan. En ocasiones, se incluye a Andrés dentro de este núcleo de los discípulos (Marcos 13: 3). Ellos serán nuevamente mencionado como grupo central durante la transfiguración (Marcos 9:2) y en el huerto de Getsemaní (Marcos 14: 33). En este contexto, aparecen principalmente como testigos oculares del milagro ocurrido en la casa de Jairo.

Al llegar a la casa de Jairo, la conmoción, los llantos y lamentos confirman el informe de los mensajeros; la niña había muerto (Marcos 5: 35). Ya habia comenzado el duelo tradicional, y en el estilo semítico hay una gran manifestación de dolor. Dado que Jairo era un líder de la comunidad, esta muerte generaba muchos sentimientos entre sus conocidos.

Y llegan a la Casa del principal de la sinagoga, y observa un alboroto, y a los que lloran y dan grandes alaridos (Marcos 5: 38).

A menudo se contrataba a lloronas profesionales para ayudar en el duelo; de hecho en Mateo 9: 23 se menciona la presencia de flautistas (Jeremías 9: 17-20; Lucas 23: 27). El duelo del pueblo pone de relieve la situación desesperada en que se encuentra la Casa de Jairo.

Sin embargo, la postura de Jesús es muy diferente a lo que se observaba en aquel ambiente:

Y entrando, les dice: ¿Por qué hacéis alboroto, y llorais? La niña no ha muerto, sino que duerme (Marcos 5: 39).

La similitud entre el sueño y la muerte es evidente en sí mismo, y el uso de dormir como metáfora de la muerte es explicativo, y muy común en la literatura bíblica. Esta declaración significa que la niña no esta muerta en el sentido de estar esperando la resurrección final o escatológica, pero sí está muerta, en el sentido de no experimentar más la vida biológica. En las expresiones de Jesús está implícito que la experiencia temporal de muerte física que la niña está experimentando será tan corta que parece haber estado en una siesta o un corto sueño.

Todos los milagros de resucitación de entre los muertos ( En el NT, Lucas 7: 11-17; Juan 11: 1-44; Hechos o: 36-43; Mateo 27: 52-53; y en el AT, 1 Reyes 17: 17-23; 2 Reyes 4: 18-37), no son resurrecciones en el sentido escatológico, sino que deja a los receptores del milagro todavía susceptibles a las experiencias de dolor, desilución, sufrimiento, enfermedad y muerte física una vez más.

La comunidad de Jairo había dado por finalizado la vida humana de la niña; sin embargo, para Jesús la muerte no puede detener el propósito que Dios ya había manifestado (Marcos 5: 36). No hay duda que la niña estaba biológicamente muerta; el llanto de la gente, las expresiones de dolor para Jairo, y la burla hacia Jesús al negar dicha realidad, evidenciaban los hechos.

Hay momentos que la dureza en el trato puede ser señal de fe y compasión, y pienso que este fue el caso de Jesús. Luego de echar fuera a todos los dolientes, toma a Jairo y su esposa, y al núcleo de los tres discípulos y entra adonde tenían el cuerpo de la niña muerta:

… y tomando la mano de la niña, le dice: Talita Cum! (lo cual es traducido es: Niña, te digo, levántate.) Y al instate la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se sorprendieron con gran asombro (Marcos 5: 41-42).

La expresión semítica o aramea “Talita Cum”, significa literalmente “pequeña chica, levántate”. Y en forma inmediata la niña se levantó y comenzó a caminar. El evangelista Marcos nos quiere demostrar el poder de Jesús para revivir los muertos de forma inmediata, a través de su palabra. El término griego “anestē” o levantó (verso 42) se usa respecto a la propia resurrección de Jesús (Marcos 8:31; 9: 9-10, 31; 10:34), y a la resurrección general de los muertos (Marcos 12: 23, 25).

El asombro generado por el hecho de que la niña muerta se había levantado y caminaba, altera a aquellos testigos oculares del milagro, es decir, Jairo, su esposa y los tres discípulos. El poder de Jesús era semejante a los grandes profetas de la antiguedad, lo que era indicio del comienzo de una nueva era. Todo esto era digno de contar a los cuatro vientos, pero Jesús severamente y de forma repetitiva les ordena no divulgar dicho milagro.

La pregunta que tenemos que hacernos es, ¿cómo mantener en secreto esta resucitación de la niña? Hay varios mandatos a silenciar los testigo en el evangelio de Marcos (1: 34, 44; 7:36; 8: 26, 30; 9: 9), y estos son posibles por las circunstancias en que se da el milagro. Por otro lado, la multitud doliente habia visto a Jesús entrar en la habitación o lugar donde tenían la niña muerta, y cuando Él se va, la niña estaba viva. Por tanto, es muy difícil entender cómo algo tan evidente se podría mantener en secreto. Esta perícopa es uno de los ejemplos importantes del secreto mesiánico de Marcos.

Finalmente, la declaración de que se le diera de comer a la niña revivida (verso 43b), parece enfatizar que Jesús, el poderoso Hijo de Dios, no solo es Señor sobre la naturaleza, los demonios, las enfermedades y la muerte, sino que también se preocupa por las necesidades físicas de las personas.

APLICACION

Jesús sale al encuentro del necesitado en ambas orillas. El cruza constantemente el Lago de Galilea y llega a las diversas orillas de la vida humana. Es Jesús quien detiene el poder de los demonios, la enfermedad y la muerte, por su palabra. El dolor, la aflicción y la crisis cobra un nuevo sentido, cuando en medio de la soledad y conmiseración humana surge la persona de Jesús caminando por la orilla de nuestras vidas, ofreciendo solución a cada necesidad y capacitando a cada ser humano para ser instrumento de esperanza en una sociedad que gime por ella. Así es Jesús. Recibe mis bendiciones!

Notas:

[1] Richard Rojas Banuchi, consultado en 24 de junio de 2012 en https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/ordinary-13-2/comentario-del-san-marcos-521-43.

[2] Ibid.

Bibliografía

Stein, Robert H. Mark. Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2008.

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