Hambre de Integridad: Meditaciones sobre un nuevo gobierno

integrity

Por Samuel Caraballo-López

El Dios de Israel habló, la Roca de Israel me dijo: El que gobierne a la gente con justicia, el que gobierne en el temor de Dios, será como la luz de la aurora en un amanecer sin nubes, que tras la lluvia resplandece para que brote la hierba en la tierra (2 Samuel 23: 3-4, NIV).

¡Que necesidad enorme tenemos de escuchar el consejo sabio de nuestro Dios en esta hora compleja que vive nuestro pueblo!

¿Qué virtudes son necesarias para gobernar a un país? ¿Qué características debe tener un líder para fomentar el bienestar y progreso integral, que tanto necesita esta bendita isla? El anhelo colectivo del país es poder tener gobernantes que nos lleven a niveles de progreso aceptables, en medio de la incertidumbre de estos tiempos. Es decir que la gestión de estos líderes sea tan efectiva, que redunde en un desarrollo en aquellos indicadores que nos hablan de mejor calidad de vida, a pesar de la oscuridad que puede haber en el panorama local y mundial.

Como cristiano, siempre considero con prioridad las enseñanzas de las Sagradas Escrituras en cuanto a temas políticos, sociales y económicos. Dios ha hecho sus manifestaciones al respecto y sus declaraciones pueden ser consideradas como principios rectores a la hora de decidir lo más conveniente para el país.

El siguiente texto de las Sagradas Escrituras, en forma metafórica, nos presenta el resultado de una gestión pública efectiva:

…será como la luz de la aurora en un amanecer sin nubes, que tras la lluvia resplandece para que brote la hierba en la tierra (2 Samuel 23:4, NIV)

La pregunta obligada es, ¿Qué prácticas en la gestión pública debe tener este líder que ha de ser como la “luz de la aurora”, y que nos pueda guiar sabiamente en tiempos de incertidumbre?

David, el rey más importante de Israel en su última alocución, presenta dos principios medulares que deben guiar el ejercicio del poder político, que, aunque él, ni sus descendientes, las practicaron del todo, Dios las considera requisitos indispensables, para guiar adecuadamente a un pueblo en tiempos de incertidumbre. La primera virtud consiste en  la práctica radical de la justicia en la administración pública y en el ejercicio del poder.

El que gobierne a la gente con justicia…
(2 Samuel 23: 3 a, NIV)

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La práctica de la justicia está “amarrada” a la integridad de carácter. Por lo tanto, al definir la última, tendré los fundamentos para explicar la primera. Stephen L. Carter (1998), en su libro Integrity (1997), señala que aunque la honestidad es un elemento constitutivo de la integridad, no puede ser confundida con esta. La integridad demanda un proceso de discernimiento, una comprensión profunda de lo que esta bien, de lo que está mal, y más allá de esto, requiere que se asuma un comportamiento consistente con lo que se ha discernido. Ese comportamiento que se ha asumido requiere ser articulado en un discurso público y una política pública que pueda ser considerada por la comunidad a la que se sirve.

El conocido líder cristiano, Jim Wallis, en su libro The Great Awakening (2007), nos narra el siguiente relato, en el que nos ilustra la lucha consistente y deliberada que requiere mantener la integridad en la vida humana:

“Un viejo indio Cherokee le dice a su pequeño nieto que existe una batalla dentro de todo ser humano. Esta batalla es entre dos lobos hambrientos que habitan dentro de cada persona. Uno de los lobos es el mal, que es acompañado por las características distintivas de esta cualidad; el odio, la envidia, los celos, tristezas, lamentos, pena, arrogancia, autoconmiseración, culpa, resentimiento, sentido de inferioridad, mentiras, falsedades, orgullo, sentido de superioridad y egoísmo. El otro lobo es el bien, que presenta las características distintivas del mismo: el amor, la justicia, el respeto, el gozo, la humildad, la sencillez, sinceridad, la libertad, el perdón, la verdad, la generosidad y el desprendimiento. El niño, con cierta inocencia le pregunta al viejo indio–abuelo, ¿quién ganará la batalla? El indio mirando a los ojos a su nieto le contesta—el que tú alimentes, hijo mío.”

lobos 2

En este sentido, la integridad, como cualidad humana implica rectitud, incorruptibilidad, ya que para vivir íntegramente en muchas ocasiones hay que luchar abiertamente por aquello que a discernido como justo, aun arriesgando su propia persona, bienestar y futuro político.

La segunda virtud que nos presenta el texto bíblico, es la conciencia de que estamos bajo el “juicio” divino durante la gestión pública:

…el que gobierne en el temor de Dios,
(2 Samuel 23: 3 b, NIV)

El pasaje bíblico nos habla de gobernar conciente de que estamos bajo el escrutinio o dictamen divino, y que al final, le daremos cuenta a Dios de toda nuestra gestión pública (Romanos 13: 1ss). Cuando un líder entiende que esta bajo la autoridad de Dios y que el no es dueño absoluto de la gestión gubernamental, ni siquiera de las prerrogativas del puesto, sino que gobierna por delegación, su actuar será diferente al que carece de esta conciencia.

Es cierto que el líder gubernamental es electo por los votos de sus constituyentes y que tiene un programa de gobierno al cual responde, pero no es menos cierto que en su juicio personal y su conciencia no deben ignorar que su autoridad emana de fuentes externas, que están más allá de él o de ella, es decir de Dios y el pacto social que representan la Constitución y el Sistema socio-legal del país. Cuando se siente respeto por estos elementos, el orden necesario para un desarrollo y progreso de los pueblos es evidente.

Autoridad de Dios

En resumen, hay una relación directa entre el progreso de los pueblos y las virtudes que exhiben los gobernantes que estos escogen para la administración pública. Es importante reconocer que las Sagradas Escrituras nos enseñan que la justicia y el respeto reverente a Dios y al pacto con el pueblo y su orden socio-jurídico, son requisitos indispensables para una gestión gubernamental que redunde en el progreso de un país.

Examinemos los discursos y las acciones de nuestros líderes…la presencia o ausencia de estos principios, podría ser un buen criterio para anticipar cuál será la trayectoria del país durante este cuatrienio. Reciban mis bendiciones

 

Referencias:

Carter, S. L. (1996). Integrity. New York: HarperCollins Publishers

Wallis, J. (2008). The Great Awakening: reviving faith and politics in a Post-Religious right America. New York: HarperCollins Publishers.

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