OTOÑO: TIEMPOS DE CAMBIOS

Otoño 4

Por Samuel Caraballo-López

Una mañana calurosa del mes de septiembre le preguntaba al Señor; ¿Cuál es el siguiente paso en mi ministerio en vías de culminar el mismo? Mis lectores deben saber que he sido, además de educador, pastor evangélico por 32 años ininterrumpidos. Muchas preguntas han asaltado mi mente en esta etapa de mi vida, y mientras me dirigía hacia el altar a orar, vino a mi mente la imagen del profeta Elías. Este personaje, ícono del profetismo israelita, vivió a plenitud su humanidad durante el siglo IX a.C. Oriundo de la región de Galaad, aparece como contraparte al rey Acab y su mujer Jezabel. Esta última era hija de Et-baal rey de los Sidonios, fiel seguidora del dios Baal.

¿Quién era Baal? Baal era el “hijo” del dios El. En la mitología cananea se denominaba así (El) a la deidad principal, se lo conocía como «padre de todos los dioses», el dios supremo, «el creador», «el bondadoso». Por lo general, El se representa como un toro, con o sin alas. A su vez su hijo Baal era representado como un joven guerrero, pero también como un “toro joven” (becerro). Toda ciudad cananea debió tener su santuario en honor al Baal de su localidad. Asimismo, se nombraban sacerdotes para dirigir la adoración en estos santuarios y en los muchos lugares sagrados que se hallaban en las cumbres de las colinas cercanas y que eran conocidos como «lugares altos» (1 Reyes 18:19). Es posible que en el interior de dichos lugares sagrados hubiese imágenes o representaciones de Baal, en tanto que en el exterior, cerca de los altares, se encontraban las columnas de piedra (probablemente símbolos fálicos de Baal) y estantes de incienso.

Ahora bien, Acab, el rey, y la reina Jezabel, habían cambiado su cultura de adorar a Jehová, por adorar a Baal y a su esposa Asera, e inclusive habían construido altares y templos a estos dioses en territorio israelita, específicamente en la Región de Samaria, capital de Israel del Norte (1Reyes 16: 32-33). Dada esta sustitución del Dios de Israel por un nuevo dios moderno y energético, con pocos resortes morales, Elías surge como el paladín de la justicia en tan hostil ambiente. Su primera manifestación pública fue alterando la época de lluvia, que ocurría desde octubre a abril, y prolongando el clima de sequía por tres años y seis meses (Santiago 5:17). Este acto del profeta es la primera demostración que el dios Baal era una construcción humana y atribuirle poder y control sobre la lluvia y la fertilidad carecía de todo significado. En medio de esa lucha contra las fuerzas que retaban la tradición religiosa de Israel por parte de Acab y su esposa Jezabel, el Profeta Elías, aunque victorioso, cae en una profunda depresión (1 Reyes 19:3-4). El texto bíblico es tan dramático que hay que copiarlo al pie de la letra:

Elías se dio cuenta de que corría peligro, y para salvar su vida se fue a Beerseba, que pertenece a Judá, y allí dejó a su criado. 4 Luego él se fue hacia el desierto, y caminó durante un día, hasta que finalmente se sentó bajo una retama. Tenía tal deseo de morirse, que dijo: “¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!”

Las expectativas de Elías, luego de la intensa lucha por esos tres años no se habían cumplido. Su gestión heroica no logró que el gobierno de Acab y Jezabel reconocieran su error y cambiaran. En ocasiones los líderes somos tan inocentes como Elías, creemos que la manifestación pública del poder de Dios, hará que todos se rindan a sus pies, o que nuestra gestión pastoral es tan efectiva que trasformará en forma milagrosa a nuestra congregación. Las raíces de maldad trascienden lo visible y se adentran en los corazones de los seres humanos y requieren ser desarraigadas por la acción formativa de la Palabra de Dios.Era evidente la frustración del Profeta Elías

Él respondió:
–He sentido un vivo celo por Jehová, Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida.

Elías había caído víctima de sus propias pretensiones. Había creído que la responsabilidad de transformar su pueblo, que ciertamente estaba extraviado, era exclusivamente de él como profeta. Cuando uno asume la responsabilidad total de la obra del ministerio, tiende a crear fantasías para justificar el fracaso inminente producto de su complejo de mesías. Frente a sus altos niveles de frustración, por la responsabilidad y el protagonismo que se había atribuido, Elías huye de su misión. A pesar de los logros obtenidos, el profeta quería ver resultados instantáneos de su gestión como instrumento de Dios. ¡Cuantas veces he visto esa novatada en tantos hombres y mujeres de Dios!
Frente a la realidad del profeta, Dios provee soluciones:

Entonces el Señor le dijo: “Ve, regresa al desierto de Damasco por donde viniste. Ve y consagra a Hazael como rey de Siria,
y a Jehú, nieto de Nimsí, como rey de Israel; y a Eliseo, hijo de Safat, del pueblo de Abel-meholá, conságralo como profeta en lugar tuyo.

Las soluciones de Dios se dan en varias dimensiones y ámbitos: A nivel internacional, Dios promueve un cambio político que tendrá sus efectos sobre Israel, a nivel nacional, Dios va a cambiar el gobierno de Acab y de Jezabel, y a nivel ministerial el profetismo sufriría un cambio significativo. Para nosotros como servidores de Dios, nos gustaría que la solución fuese otra, sin embargo, Dios sabe el momento y los tiempos…un nuevo escenario aparecía en la historia…Elías sería trasladado y en su lugar vendría un nuevo profeta. Los nuevos tiempos requerían nuevos líderes que puedan responder a la nueva realidad que se aproximaba.

Otoño acaba de comenzar. Los vientos de cambios se aproximan a nuestra tierra, la labor de muchos de nosotros se completó. Ahora solo nos queda orar y esperar que el nuevo liderato pueda responder, como lo hizo Eliseo, sustituto del Profeta Elías, a los tiempos complejos en que está inmerso nuestro pueblo. Así nos ayude Dios.

P.D.  El 28 de junio de 2015 se celebró la ceremonia de mi jubilación, luego de 34 años de ministerio activo como pastor de la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico.

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