Uno, dos y tres: Las Buenas Noticias en tres pasos

Buenas NoticiasPor Samuel Caraballo-López

El texto para el domingo 5 de mayo de 2013, 6to domingo después de resurrección, se encuentra en uno de los más hermosos pasajes de este cuarto Evangelio, Juan 14: 23-29, sin embargo para entender este pasaje hay que analizar el capítulo desde el principio (Juan 14: 8-22). Es Felipe el que pregunta lo que nadie se atreve a preguntar. Es esa pregunta la que da lugar a uno de los discursos más significativos en el camino del seguimiento a Jesús.

Según Nancy Elizabeth Bedford, Profesora de teología sistemática de Garrett-Evangelical Theological Seminary en Evanston, Illinois, en la respuesta de Jesús podemos identificar al menos tres (3) dimensiones importantes del Evangelio con relación al acercamiento amoroso de Dios a nosotros:

Primero,  aquel que llamamos “Padre” no es otro que el Dios que nos ama tiernamente al estilo de Jesús (vv. 9-10), y que no nos deja huérfanos en la vida. Es un “Padre maternal”, que tiene un compromiso profundo con los más sencillos (v. 11). Es un “Padre” que no reclama privilegios y ni nos considera inferiores a El. Es un “Padre poderoso”, que manifiesta su autoridad en el contexto del amor y de la bondad, que es un distintivo del actuar de Jesús.

Si bien Dios siempre es “más” de lo que podamos imaginar, ese “más” nunca ha de contradecir su regalo de sí mismo que demuestra Jesús. Por lo tanto, la forma de obrar y de ser de Jesús nos “revela” todo lo que necesitamos saber en esta vida acerca del Dios que Felipe llama “Padre”. Esta concepción del  “Padre” rompe con todos los esquemas de la visión patriarcal dominante en la cultura judía y helenista.

Segundo, nuestra relación con Jesús es similar y simultánea a la relación con el “Padre”, por lo que nuestras oraciones son un diálogo con Dios que acontece en el nombre y por el camino de Jesús. La gloria de Dios se manifiesta en el pacto y compromiso del Hijo con el Padre, del Padre con el Hijo, y del Padre por medio del Hijo con nosotros (v. 13-14). Lo grandioso es que al proseguir por el camino de Jesús, esto nos garantiza que vamos a poder seguir construyendo lo que Él comenzó e inclusive podremos hacer obras “aún mayores” que las que Él hizo (v. 12). Se nos hace muy difícil creer que lo que hacemos hoy pudiera ser en alguna medida mayor o mejor de lo que Jesús mismo hizo.

Para comprender este texto es necesario entender que el ministerio de Jesús fue corto. Pero nos dejó su legado y el don de imaginar nuevas posibilidades en los contextos históricos y culturales en que vivimos. No estamos inmovilizados en el pasado, sino que Dios nos regala la posibilidad de hacer cosas nuevas en su Nombre.

Tercero, el Espíritu de verdad, que el mundo no conoce, el Espíritu que nos defiende, el Espíritu que nos consuela en las tribulaciones y que nos da la vida abundante, estará con nosotros “para siempre” (v. 16-17; 26). Inclusive todo lo dicho, enseñado y hecho por Jesús vuelve a tener sentido y es actualizado en cada contexto humano por ese mismo Espíritu (v. 26). Gracias a la presencia activa, vital y eterna del Espíritu de Dios, nuestro recuerdo sigue vivo y se actualiza y profundiza cada día en virtud a la relación que mantenemos con el Hijo y el Dios Padre. Ademas, el Espíritu nos regala la paz de Dios, que nos permite vivir y actuar confiados en medio de las dificultades que enfrentamos en un mundo hostil (v. 27).

Jesús no siempre nos “muestra” al Padre como pedimos, entendemos y quisiéramos. Dios no siempre se ajusta a nuestras expectativas y visiones. El consuelo que trae el Espíritu no siempre responde a todas las dudas ni nos sana de inmediato las heridas que hemos recibido de la vida. En muchas ocasiones, al igual que Felipe, le pedimos a Dios que se revele, sin percatarnos que lo tenemos ante nosotros. Otras veces queremos imponerle condiciones o pedirle que se muestre de un modo diferente a lo que es Su Camino. Sin embargo, cuando aprendemos a ver a Dios en Jesús y a recibir el regalo inefable de su Espíritu en nuestras vidas, se nos va abriendo el camino para hacer  “obras mayores” (v. 12) de justicia y amor que respondan a los desafíos de nuestro tiempo.

Como Iglesia Cristiana nos compete pedirle al Padre en el nombre de Jesús (v. 13) que nos muestre cuáles son esas obras necesarias para nuestra realidad, y cómo realizarlas con la sabiduría que el Espíritu da, y en armonía con Su voluntad.   Muchas bendiciones!

 

Referencia:
Bedford, Nancy E. Comentario de San Juan 14:8-12 (25-27), 2013. Consultado 1 de mayo de 2013 en http://www.workingpreacher.org

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