Salir a otros pueblos…. ¿Para qué?

misiones 2Por Samuel Caraballo-López

Hace unos días encontré en uno de los semáforos de la carretera que conduce hacia el Municipio de Río Grande, a jóvenes pidiendo dinero. Aunque no acostumbro hablar con las personas que regularmente piden o venden en ese lugar, me llamó la atención el mensaje en el “pote” que ellos tenían… “Para viaje misionero”. Mientras esperaba el cambio de luz, baje el cristal de mi automóvil e inicie un diálogo con uno de los jóvenes. Muy amablemente me explicó que en el mes de julio viajaban hacia Centroamérica para una estadía de dos semanas en un poblado pobre de Nicaragua. Me impresionó la iniciativa de aquellos jóvenes, y me pregunté; ¿valdrá la pena realizar tantos esfuerzos para colaborar con otros pueblos? ¿Tiene sentido “gastar” tanto en medio de la situación de crisis económica en que se encuentra nuestro país? ¿Qué beneficio, si alguno, traen estas misiones para nuestro pueblo?…Creo que debo decir algo para no quedarme callado.

El primer llamado a viajar fuera de su tierra a realizar misión, según las Sagradas Escrituras, lo recibió Abram (luego Abraham) en un lugar llamado Harán, luego de la muerte de su padre (Génesis 11: 31-32). Es Jehová Dios que toma la iniciativa y lo llama a un lugar desconocido para que sea de bendición (Génesis 12: 1). En ese llamado de Dios se ocultan varias promesas que debemos considerar para entender la importancia de responder al envió de Dios. Consideremos el texto:

El SEÑOR le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!» (Génesis 12: 1-3).

Este llamado lo podemos resumir en dos puntos congruentes con las enseñanzas de Jesús…”serás bendición”… ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra! Cuando hablamos de bendición nos referimos al apoyo activo de Dios para el bienestar de la persona y los pueblos, implica salud, provisión y felicidad.

Cuando hacemos misión, nuestro tiempo, recursos y talentos se convierten, por la gracia de Dios, en instrumentos para bendecir otros pueblos. Junto a ese bendecir a otros, lo otorgado rebota para bendecir de forma aun más abundante a los autores del servicio. Es decir, cuando somos capaces de desapegarnos de la comodidad que tenemos y darnos en servicio a otras personas y pueblos, no solo hacemos una aportación a aquellos a quien nos entregamos, sino que iniciamos una ola de bendición sobre el pueblo de donde procedemos y que nos proveyó los recursos compartidos. La mejor aportación que podemos hacer a nuestro país y a la iglesia es ofrendarnos en servicio a otros para que estos sean bendecidos con nuestra acción, Cristo sea glorificado y nuestro pueblo reciba el rebote amplificado de esa bendición (1 Pedro 4: 9-10).

Podemos resumir la importancia de hacer misión en las siguientes generalizaciones:
a) Se obedece a Jesucristo (Mateo 28: 19-20; Juan 17: 18-26).
b) Se supera el egoísmo producto de nuestra naturaleza humana y la influencia de nuestros sistemas humanos (Marcos 6: 30-34).
c) Se comparten los diversos recursos con otros menos privilegiados, y en ese intercambio estos aumentan en cantidad y calidad (1 Pedro 4: 9-10)
d) Se transfiere las bendiciones recibidas a los menos afortunados (Génesis 12: 2).
e) Se genera una ola de acciones de gracias a Dios por parte de los beneficiados (2 Corintios 9: 12-13).
f) Se produce una nube de oración a favor de los misioneros que inunda el trono de Dios (2 Corintios 9: 14-15).
g) La bendición, que en virtud de la gracia de Dios, impartimos a otros pueblos, rebota amplificada para nuestra tierra (Génesis 12: 2; Salmo 112: 9; 2 Corintios 8: 14; 9: 8-10).

Una de las más grandes aportaciones que la iglesia puede hacer al desarrollo de su país es entregarse en el cumplimiento de la misión entre otros pueblos y comunidades desventajadas. Yo pienso que la crisis de nuestro país y nuestras iglesias comenzará a resolverse cuando nos atrevamos “salir de tu tierra y tus parientes…y vayas a la tierra que Dios te ha de mostrar”. Es hora de reflexionar. ¡Muchas bendiciones!

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