Rvdo. Rufino Caraballo-Carmona (1921-2008): Ese fue mi padre,

Rufino Caraballo
Por Samuel Caraballo-López

El 14 de febrero del 2008, mi padre partió con el Señor. Luego de una vida fructífera de 87 años, de los cuales 43 dedicó al ministerio pastoral activo en la Iglesia de Dios, Inc., concluyó su peregrinaje en esta tierra.

La experiencia de su partida me hizo reflexionar sobre su trayectoria como padre y mi peregrinaje como hijo. Lamentablemente, no pude experimentar la compañía de mi padre en algunas de las etapas cruciales de la vida como fue la adolescencia y la juventud, dado que mis padres disolvieron su relación matrimonial cuando yo apenas tenia siete (7) años de edad. Esa realidad me privó de recibir su palabra de aliento y seguridad, y disfrutar de su presencia en aquellos momentos de formación temprana. A pesar de esta limitación tengo que reconocer la presencia de mi madre y otros mentores que ayudaron a compensar estas carencias tempranas.

En mi primera asignación pastoral, en el 1981 en la ciudad de Ponce, invité a mi padre a predicar a la Iglesia Evangélica Unida de la Calle Unión. El aún era pastor activo, en el municipio de Guayama, cuando asistió a predicar aquel domingo en la mañana. Era la primera vez que tenía a mi padre como colega en el púlpito de mi congregación. Me senté a escucharlo con detenimiento y reverencia. El título de su sermón todavía esta claramente escrito en mi mente: —¿Qué, por qué y para qué de la Iglesia?

Su verbo era claro, su pensamiento profundo y elaboraba con mucha pericia la estructura del sermón. Aunque han pasado treinta y seis (36) largos años de ese evento, lo recuerdo como si fuera hoy. Ese día utilizó como material bíblico de referencia 1 Pedro 2: 9-10. No se si lo recuerdo todo porque era mi padre o porque era un excelente predicador, pero creo que era por ambas cosas. El tener a mi padre en el púlpito de la iglesia que yo pastoreaba, fue uno de los más grandes honores que Dios me concedió como pastor. A partir de aquel momento, mi relación con mi padre fue más cercana. Esta cercanía, dio a mi vida un elemento que no había tenido por mucho tiempo, el poder reflexionar junto con mi padre, desde las Sagradas Escrituras, de las realidades sociales, económicas, políticas y espirituales de nuestro mundo.

Luego de su retiro como pastor, mi padre sufrió una condición en la región cervical de su columna vertebral que lo confinó a una cama hasta su muerte. Durante ese tiempo, Dios me permitió tener diálogos profundos con él, sobre asuntos que no habíamos tratado anteriormente. Visitarlo era una experiencia de sanidad para mí. Aquel padre que estuvo ausente, ahora se hacia presente en la etapa adulta de mi vida.

Una de las experiencias más significativas con mi padre, ocurrió en virtud a una invitación que me hiciera la Iglesia de Dios, Inc., denominación donde él fungió como pastor por 43 años, para ser el conferenciante principal en su Asamblea Anual del 2000. Como parte de la preparación para aquella conferencia me senté con mi padre, para conocer más sobre la Iglesia, su trayectoria y cultura particular. De estas conversaciones surgió la más significativa conferencia sobre liderazgo que jamás había presentado. En esta conferencia utilicé anécdotas, visiones pastorales, luchas, aciertos y desaciertos del ministerio pastoral de mi padre. Fue tal la acogida de la conferencia que fue publicada y distribuida entre todos los pastores de dicha denominación en y fuera de la isla. Esta experiencia, no solo enriqueció el ministerio pastoral de la Iglesia de Dios y el mio, sino que generó en mí un mayor respeto y admiración por mi padre.

Recuerdo con mucho sentimiento cuando se acercaba el momento de su muerte. Con claridad de pensamientos y firmeza de corazón, me compartió, lo que ya Dios le había compartido–la hora de encontrarse con su Redentor había llegado. Recuerdo que le dije–“Cuando te presentes ante Él, háblale de mí.” Me contestó: “Así lo haré.” Hoy estoy confiado que alguien le ha hablado cara a cara a mi Señor Jesucristo sobre mi persona.

Fue cierto que mi padre estuvo ausente en las etapas tempranas de mi vida en virtud a la realidad ya mencionada, sin embargo, Dios nos dio la oportunidad de reencontrarnos y afirmar nuestra relación de padre e hijo. A mis hermanas y a mí, Dios nos permitió cuidarlo con dignidad y respeto en los momentos de mayor fragilidad. Su recuerdo y su modelaje de un vivir comprometido con la causa del Altísimo, me inspiran para proseguir a la meta que él ya alcanzó en Cristo.

No tengo la menor duda que en mi “Comité de bienvenida” a las moradas celestiales, mi padre  estará a la cabeza.  Y espero que junto a él, estén muchas personas que hicieron tantas aportaciones a mi vida; y que allí saltaremos de alegria. ¡Alabado sea Dios!

3 Replies to “Rvdo. Rufino Caraballo-Carmona (1921-2008): Ese fue mi padre,”

  1. Creo que es maravilloso poder recordar a nuestros progenitores siendo cuidadosos observadores de la gracia que Dios nos concede a través de ellos. Mi mamá decía que los ojos ven para afuera, y pienso que a veces se nos hace más fácil descubrir a Dios en la Biblia, en experiencias extraordinarias que en el silbo apacible que Dios nos susurra en la vida cotidiana. Y nuestros padres y madres son fuente profunda de reflección que nos ayuda a descubrir las seriedades y sentido de humor de Dios. Gracias por tu reflección en torno a tu admirable padre.
    Louis

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