Deja el Ego en casa…Clave del éxito misionero

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Por Samuel Caraballo-López

El texto de hoy, domingo 7 de julio de 2013, lo encontramos en Lucas 10: 1-11; 16-20. En el capítulo anterior (9: 1-6), Jesús había enviado a los Doce, que era símbolo del pueblo de Israel, a proclamar el Reino de Dios y a sanar los enfermos. En este pasaje se amplía el grupo a 72, que representan a todas las naciones de la tierra, que también son enviados a sanar a los enfermos y a proclamar que el Reino de Dios había llegado (verso 9). Esta estrategia misionera fue clave en la expansión del mensaje redentor de Jesús. En esta se descentraliza del círculo de los Doce, y diversos grupos de discípulos, trabajan como una organización independiente (Lucas 9: 49-50), proclamando el Evangelio, con las mismas señales de su Maestro. Gracias a esta nueva forma de expansión misionera el imperio romano no pudo acabar con el cristianismo, a pesar de la cruenta persecución que hubo durante los primeros siglos de la era cristiana.

La participación de los 72 nos dice que nadie queda fuera de la convocatoria del proyecto de Jesús, hombres y mujeres, blancos, negros, marrones y amarillos, ricos y pobres, persona con necesidades especiales, etc. Ahora bien hay unos requisitos antes de emprender el viaje. Hay algo que hay que dejar en casa y jamás llevarlo en la maleta…TU EGO (versos 4-5). Los recursos financieros de nuestras organizaciones, aunque ayudan, no valen de nada para alcanzar el objetivo de esta misión, si no tenemos el Espíritu, la fe, el valor, la visión y el compromiso para realizar la empresa. Es importante estar alerta porque siempre realizaremos la misión entre lobos y lobas que solamente quieren vivir de las ovejas. El llamado misionero es a transformar la realidad de acuerdo al plan de Dios. Indudablemente esta convicción encontrará oposición en aquellos lobos que quieren sostener el sistema de marginación actual, tanto en la sociedad como en la iglesia.

La derrota escatológica de Satanás comienza en el ministerio de Jesús y sus discípulos (Lucas 11: 20). Cuando realizamos la obra misionera con efectividad Satanás “cae como un rayo del cielo” (verso 18). Las serpientes y escorpiones, símbolo de los demonios o fuerzas del mal son pisoteadas y caen vencidas ante el Reino de Dios, que se inicia en el ministerio de Jesús y culmina en la Cruz del Calvario (Colosenses 2: 13-15). Nuestro enemigo, el Diablo es llamado serpiente en las Sagradas Escrituras (2 Cor. 11: 3; Apoc. 12: 9, 14; 20: 2).

Jesús nos hace una advertencia, que tiene que ver con nuestro “maldito” espíritu de protagonismo: “No se alegren porque los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo” (verso 20). Todo éxito en la obra misionera tiene que ser atribuido al Dios que nos envió, nos capacitó y nos acompaña. Hoy también recibimos la misma misión, donde ningún grupo ni ninguna persona en situación de vulnerabilidad al estigma y la discriminación pueden quedar excluidos. Salgamos, pues, porque la mies es mucha y son muchas y muchos los que claman por escuchar ese consuelo, esperanza y desafío: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.” ¡Muchas Bendiciones!

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