Una vara para mí y otra pa’ los demás: el caso de los haitianos


Por Samuel Caraballo-López
¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús (Lucas 10: 36-37).

Me impresiona la sagacidad del analista político Jay Fonseca. En una entrevista al ex cónsul de la República Dominicana, Rolando Acosta, que aspiraba al escaño dejado vacante por el Representante Eduardo Ferrer, Jay le pregunta sobre el por qué de su interés por dicho escaño. El ex cónsul contestó con sabiduría: –“Hay una creciente comunidad dominicana en Puerto Rico, que necesita ser reconocida y representada en la legislatura del país. Es el tiempo de hacerle justicia social a una comunidad que aporta mucho, mucho…”.

Es muy cierto lo que dijo el ex cónsul. Jay sigue preguntando de la forma en que solo él lo sabe hacer: ¿Ese reclamo que Ud. hace, no será igualmente válido para la comunidad haitiana residente en República Dominicana? La contestación dio ganas de llorar: –“La situación de los haitianos en República Dominicana es muy diferente”—alegó el ex cónsul—“Los haitianos cruzan la frontera diariamente y permanecen ilegales en nuestro país”–. Con esa contestación el ex-consul pretendió responder a la interrogante. Me pregunto yo, ¿acaso los dominicanos, que en la totalidad son cerca de 200,000 y solo 68,000 son residentes legales, no cruzan la frontera natural del Pasaje de Mona para llegar a Puerto Rico? ¿Cuál es la diferencia entre estos y los haitianos?

Yo conozco de primera mano la situación de los haitianos en la República Dominicana, porque desde el 2005, la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico, de la cual soy pastor, auspicia una Fundación que fomenta el desarrollo integral de la comunidad haitiana en la República Dominicana. Las injusticias del gobierno dominicano hacia los haitianos, principalmente en asuntos de Derechos Humanos, ha sido ampliamente documentada por las organizaciones internacionales, y yo personalmente he sido testigo de las mismas (vea https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/un-record-lamentable-para-la-republica-dominicana/. )

Las denuncias sobre diversas violaciones a derechos fundamentales en las Organizaciones Internacionales, son continuas y numerosas. Se han llevado casos en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con evidencias claras de violaciones a dichos derechos, y el gobierno dominicano ha hecho caso omiso o muy poco caso a los dictámenes y recomendaciones de este foro internacional (Vea casos de Sonia Pierre (RIP) y el Padre Pedro Ruquoy-https://elpais.com/diario/2011/12/11/necrologicas/1323558002_850215.html).

Los haitianos, que son más de 2 millones en la República Dominicana y son los que realizan las labores más rudimentarias en la sociedad dominicana, han sido ignorados e invisibilizados en dicho país. Un caso que me toca de cerca es el de uno de los líderes de nuestra fundación. Este jóven dominico-haitiano, muy inteligente, formal y responsable se le ha negado la inscripción oficial de sus cuatro (4) niñas nacidas en la República Dominicana, porque son de madre haitiana. Este caso ya está en la Junta Central Electoral Dominicana en apelación y esperamos en los próximos meses ver cuál será la decisión final.

Estimado ex-consul, Rolando Acosta, si su primera contestación fue sabia y coherente con los principios de la democracia, su segunda contestación es vergonzosa. En este país, aunque seamos tentados a “pagar mal por mal” (cosa que no haremos), creemos que usted tiene derecho a correr por el escaño vacante. De hecho, nos gustaría ver mayor diversidad racial y étnica en nuestra legislatura, sin embargo, repudiamos su incongruencia y distanciamiento intencional de un problema que es lamentable en para país natal y para toda la humanidad.

Creo que la representatividad de todos los grupos minoritarios es necesaria para que exista el balance de fuerzas propio de la democracia, donde todos deben ser considerados iguales. Ahora bien, aunque su reclamo es válido—tenemos que tener la suficiente entereza de espíritu para solicitar lo mismo para todas las minorías étnicas en otros lugares del planeta. Es decir lo que es bueno para mí y los míos en Puerto Rico, también lo es para las otras minorías en otros países de la Región. Eso, querido ex-cónsul, se llama justicia e integridad. ¡Muchas bendiciones!

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