Cuando parece no haber respuesta… ¿y ahora qué hago, Dios?

oración 4


Por Samuel Caraballo-López

Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre (Lucas 11: 9-10).

Una de las cosas más difíciles es predicar de un texto bíblico, que ciertas experiencias vividas parecen contradecirlo. Este es el caso de este maravilloso pasaje del Evangelio de Lucas 11: 1-13, que corresponde al 28 de julio de 2019, séptimo domingo de Pentecostés.

Recuerdo en mi adolescencia un evento que afectó adversamente la vida de mi familia. Una tarde llegaron a nuestra casa varias personas con la triste noticia que mi padrastro, un celador de línea de la Autoridad de Energía Eléctrica, había tenido un accidente. Los rostros desencajados de los anunciantes, me dieron la impresión que había ocurrido lo peor. Corrí desesperadamente hasta la letrina (no tenía otro lugar) y poniendo mis rodillas en el piso, le pedí al Señor que salvara a mi padrastro. Oré con lágrimas, humillación, pasión y fe, según me habían enseñado en las escuelas bíblicas.

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Salí de aquel “oloroso” lugar esperando una respuesta afirmativa a mi petición. Lamentablemente mi padrastro había fallecido en el accidente. Ciertamente, me quede frustrado con aquella situación.  Las preguntas asaltaban mi mente juvenil: ¿por qué el amoroso Dios, el Todopoderoso, no me concedió mi petición? Yo había orado como me lo habían enseñado, y nada ocurrió como había pedido.

Muy a menudo hemos pedido y no hemos recibido; hemos buscado y no hemos encontrado; hemos llamado y ninguna puerta se ha abierto. A pesar de nuestras más fervientes oraciones por la salud y seguridad, hemos perdido a seres queridos con enfermedades como el cáncer y víctimas de la violencia y los accidentes sin sentido. A pesar de las oraciones de cristianos fervientes en todo el mundo, seguimos experimentando las tragedias de la violencia, el hambre, las enfermedades y los desastres naturales en todo el planeta. ¿Por qué tantas oraciones parecen no tener respuesta?–ESA ES LA PREGUNTA.

La Pastora y Profesora Luterana Elizabeth Johnson [1), hace un excelente análisis sobre este asunto, en su exposición sobre el texto de Lucas 11: 1-13, y que sirve de apoyo a mi reflexión. Para Johnson, no hay una respuesta simple a esta pregunta, aunque a menudo se dan respuestas simplistas.

Una explicación que escuchamos a cada rato es que Dios siempre contesta a nuestras oraciones, solo que hay respuesta que son y otras que son no. En otras ocasiones se nos dice que la respuesta no llega porque no hemos pedido con sabiduría y fe, por lo tanto Dios, motivado por su amor verdadero tiene que rechazar nuestra petición. Sin embargo, esta explicación no corresponde a las enseñanzas de las Escrituras. El apóstol Pablo reconoce nuestra incapacidad para pedir como conviene, y aún así, el Espíritu Santo nos ayuda en esta limitación, intercediendo con gemidos indecibles delante de Dios (Romanos 8: 26-27). Además, el estar en armonía con la voluntad de Dios en nuestras oraciones, no garantiza que Dios en su soberanía nos conceda la respuesta deseada.

Las Sagradas Escrituras dan claro testimonio que la voluntad de Dios es que todos tengan lo suficiente para comer y que la violencia y la guerra cese. Jesús nos dice que oremos por el pan diario y para el reino de Dios venga. Sin embargo, millones de personas siguen pasando hambre y escasez, inclusive creyentes, y las guerras siguen diezmando a poblaciones enteras.

Otra explicación, muy común a las oraciones sin respuestas, es que “todo lo que sucede tiene un propósito divino.” Algunos han acuñado el término la “voluntad permisiva” de Dios para justificar este punto. Otros expresan, que no importa lo mal que parezca una situación, todo es parte del plan de Dios para llevar a cabo algún bien superior. Esta es una explicación preocupante y peligrosa–por lo menos para mí–ya que sostiene que todo lo que sucede es la voluntad de Dios. En tal caso habría que decir que toda clase de mal – como la violencia en todas sus manifestaciones, la tortura a inocentes, el hambre y la muerte prematura, el abuso sexual de menores–es la voluntad de Dios.

¡No nos atrevamos a atribuir los resultados trágicos de nuestra propia rebelión y pecado a “la voluntad de Dios”!  Por supuesto, creemos que Dios puede sacar bien del mal. De hecho, esta es nuestra esperanza y el corazón mismo de nuestra fe en la muerte y resurrección de Jesús. Pero eso es una cosa muy diferente a querer atribuir que todo lo que sucede, aún las más vergonzosas manifestaciones de la maldad humana, se debe a la “voluntad permisiva” de Dios.

Desde el principio el caos se ha manifestado (Génesis 1: 2), y simbolizado por las aguas turbulentas, tiende a aparecer cuando Dios se aleja o es rechazado por su pueblo . De hecho, la afirmación que vemos en el Antiguo Testamento que YHVH es el Creador del mundo está dirigida contra las fuerzas que se oponen a Dios y a sus actos creativos, que son identificadas como las fuerzas del desorden, la injusticia, la aflicción y el caos [2].

Entonces, ¿qué podemos decir acerca de la oración sin respuesta? Realmente no tengo una contestación que solucione este tranque. Creo que no es sabio ir más allá de nuestros límites. Aunque sabemos que Dios es Todopoderoso, amoroso, fiel y fiable, El no es el único poder en el mundo actual. Hay otros poderes en los escenarios del mundo que debemos identificar: los poderes de Satanás y sus demonios; el poder del pecado y la rebeldía que se hace presente en la naturaleza humana; y los principados y potestades rebeldes a Dios (Colosenses 1, 16) que se encarnan en las estructuras y sistemas políticos, económicos y sociales de nuestras comunidades.  

Aunque Dios ha obtenido la victoria sobre los poderes rebeldes, desarmándolos y anulando su efectividad a través de  la muerte y resurrección de Jesús, éstos se resisten ha aceptar su derrota, y la batalla continúa (Colosenses 2: 14-15). Por lo tanto, la voluntad de Dios puede ser estorbada (no necesariamente impedida) por estas entidades rebeldes.

¿Por qué molestarse en orar, si la voluntad de Dios puede ser estorbada? Una vez más afirmamos lo que las Sagradas Escrituras nos dice, y sobre todo, lo que Jesús afirma en este pasaje de Lucas 11:1-13; la oración es el catalizador de la formación del carácter de la comunidad cristiana. Por medio de la oración se afirma nuestra relación con el Dios amoroso y justo , que nos quiere dar vida, y que continúa trabajando incansablemente para la manifestación plena de nuestra redención y de toda la creación (verso 13) .

Así que, más que hacer de la oración una fuente de decretos, conjuros y pedidos a Dios, hagamos de ésta, un instrumento para afirmar nuestra cosmovisión cristiana. Somos el pueblo de Dios que imita a Jesús orando y actuando en todo tiempo, dependiendo de El, y consciente de que hay un horizonte escatológico en el que la venida de Cristo es el evento central que erradicará totalmente el caos existente en el mundo. Esa es nuestra esperanza! Muchas bendiciones.

Nota

[1] Elisabeth Johnson. Commentary of Luke 11, 1 al 13. Accesado el 27 de julio de 2019 en https://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=1724

[2] Un interesante libro que recomiendo su lectura: Levenson, Jon D. Creation and the Persistence of Evil. Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1994.

2 Replies to “Cuando parece no haber respuesta… ¿y ahora qué hago, Dios?”

  1. Gracias por esta reflexión en torno a la oración no contestada.
    Sería bueno el pensar al revés: ¿qué dirá Dios cuando se enfrenta a la realidad de tantas veces que Dios nos habla y espera respuesta de nosotros, pero no respondemos, ni obedecemos? Este pensamiento no disminuye el dolor y perplejidad de que Dios no conteste, pero lo pone en el marco de referencia de nuestra relación con Dios. Creo que debemos ver las maravillosas promesas bíblicas sobre la oración en el contexto de mi atención a Dios: ¿Contesto cuando Dios me habla? ¿Le sirvo yo a El o El a mí? ¿Vivo para hacer Su voluntad? Repito: esto no resuelve nuestro dilema, pero invierte la queja para reflexionar sobre nuestras respuestas a Dios.

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    1. Louis:
      Paz! Muchas Gracias por tu valiosa aportación. Me parece excelente tus comentarios y dan un “pie forzao” para reflexionar sobre la pregunta al revés. Es posible que existan muchas explicaciones a nuestra falta de respuesta. A mí se me ocurre pensar, además de las tradicionales, que las mismas estructuras y sistemas del mundo están condicionando a los creyentes para no discernir la voz de Dios entre tantas voces que se escuchan. Los mismos poderes que estorban el cumplimiento de la voluntad de Dios en nosotros, son los mismos que impiden que escuchemos esa voz de Dios, que continúa hablando. La Parábola del sembrador (aunque es una narración) habla de que la semilla que cayó junto al camino, vinieron las aves y se las comieron (Marcos 4: 4). La explicación de Jesús nos asombra: “los que están junto al camino donde se siembra la palabra: en cuanto la escuchan, llega Satanás y se lleva la palabra sembrada (Marcos 4: 15). Los mismos poderes rebeldes que estorban (no impiden) que se cumpla la voluntad de Dios que se reclama en la oración, son los mismos poderes que se oponen a que la palabra escuchada, sea entendida y obedecida por el creyente. Pienso, que es necesario enseñar a los creyentes a entender que el mismo que nos habla, es el mismo que tiene el poder, al nosotros responder, para remover obstáculos internos y externos que interfieren e impiden que obedezcamos al que nos habla. La batalla continúa…

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