Tengo y quiero más…así nos dijeron

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Por Samuel Caraballo-López

«Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y acabaron por experimentar muchos dolores. Pero tú, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre» (1 Timoteo 6: 10)

INTRODUCCIÓN

El material bíblico para el domingo 4 de agosto de 2019, la encontramos en Lucas 12: 13-21. Es de suma importancia entender el mensaje central de esta perícopa, dado que conflige con las premisas que sostienen nuestro sistema económico capitalista, y que en ocasiones es afirmado en varias de nuestras congregaciones cristianas. Para Lucas la actitud cristiana hacia las posesiones es un tema importante que debe ser considerado con prioridad. 

DESARROLLO

Este pasaje se inicia con un reclamo a que Jesús intervenga en una disputa entre hermanos por una herencia (verso 13).  Mientras Jesús esta explicando a sus discípulos la necesidad de ser fieles en medio de la persecusión (Lucas 12: 1-12), alguién de la multitud lo interrumpe demandando su asistencia. Este asunto de la herencia sirve de transición entre el motivo del testimonio publico auténtico en la hora de la persecusión y el motivo de las posesiones que es expresado en una parábola, conocida como “El Rico Necio”, que solo aparece en el Evangelio de Lucas (12: 16-21). Jesús nos alerta con este recurso literario y nos dice: “¡Cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes que posees!” (verso 15).

En nuestro contexto socio-económico este terrateniente rico, que en la parábola se le llama “necio” o “insensato”, se le consideraría sabio, responsable y buen administrador. Una premisa explícita de nuestro sistema capitalista  es que si has trabajado mucho, tienes el derecho a sentarte, relajarte y disfrutar de los frutos de tu labor.

Es bueno aclarar, que el problema que presenta la parábola no es que se obtenga ganancias como fruto de su trabajo honesto, y que se hagan inversiones adecuadas o se cuide las finanzas personales y familiares. Tampoco el asunto consiste en negar el disfrute, la recreación o la celebración. De hecho, Jesús pasó tiempo haciendo eso en su ministerio y fue duramente criticado (Mateo 11: 19). Entonces, ¿En qué consistió la insensatez de este empresario?

Vamos por parte, primero, la situación de bienestar del terrateniente de la parábola se presenta como una ilustración de lo que es la codicia humana, de la cual debemos estar muy alerta (verso 15). Segundo, este granjero rico es clasificado como uno que ha caído víctima de la polaridad entre una existencia orientada hacia la vida y una orientada hacia las posesiones. Este granjero rico falla en confiar su vida a Dios, y por lo tanto, no actúa fielmente con sus posesiones.

La parábola nos lleva a asuntos más profundos en cuanto a esta actitud de codicia o avaricia. Debido a la cosecha abundante que se dio, el agricultor rico no tenía suficiente espacio de almacenamiento para dicha cosecha. Es importante observar la trama de la parábola, el hombre en lugar de construir graneros adicionales, elige derribar las instalaciones existentes y construir otras más grandes, donde pudiera guardar su abundante cosecha y sus bienes:

Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta (Lucas 12: 18-19).

¿Qué realmente significa esta acción del granjero rico? Esta decisión deja claro que el granjero no planea contribuir a la saturación del mercado con excedentes de sus cosechas. Para comprender este concepto debemos entender que el mercado se regula a partir de la ley de la oferta y la demanda. Motivo por el que, si un producto ha sido ofrecido en una cantidad mayor a la demandada se producirá una saturación del mercado. Por lo tanto, al surgir la saturación del mercado hay pérdidas para las empresas dado que para poder vender hay que tener precios más bajos de los usuales, lo que puede traer pérdidas y quiebras a los pequeños empresarios.

El granjero rico pretende con la construcción de nuevos graneros acaparar su cosecha hasta que la demanda aumente y pueda recibir mayor dinero por su producto. Cuando se acapara el producto se controla el mercado, y los detallistas y consumidores son los más afectados dada la carencia y el aumento del precio del producto. No tenemos duda que el granjero rico era muy sagaz en sus estrategias de mercadeo.

Ahora bien, ¿en qué consiste la codicia y lo censurable en esta parábola? Permítame explicar que la codicia (תאוות בצע= taavah) esta explícitamente prohibida por la Torá (Éxodo 20: 17). La Biblia define la codicia como:

  • Querer poder, riquezas, bienes y control para beneficio propio y de los suyos exclusivamente;
  • Querer cosas correctas pero con propósitos egocéntricos o para su propio beneficio;
  • Querer cosas correctas en momentos inadecuados;
  • Querer cosas correctas en grandes cantidades para ser acaparadas.

Hay algunos asuntos que debemos prestar atención en esta parábola de Jesús:

(a) La actitud de acaparar para no saturar el mercado con su cosecha es interpretada por Jesús como una expresión de la codicia.

(b) En el contexto de Lucas, el adjetivo “rico” tiene connotaciones negativas (vea 1: 52-53; 6: 24). De hecho, en una economía de subsistencia como era la de la población campesina del primer siglo, cuyo poder adquisitivo era reducido, el aumentar el tamaño de los graneros para acaparar cosechas era un acto deplorable, dado el control de los precios que esto significaba.

(c) El verdadero retrato de este granjero que Jesús presenta, se revela en su soliloquio:

Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: reposa, come, bebe, diviértete (verso 19).

Para Lucas estos soliloquios son retratos consistentes de maldad (5: 21-22; 6: 8: 9: 46-47). Observemos que la decisión de destruir sus graneros para hacerlos más grandes se tomó de forma individual y aislada, sin comunicación con otros campesinos, que obviamente serían afectados por ésta.

(d) El cuarto aspecto, que debemos considerar es que hay prácticas mercantiles justas, y su efecto sobre los demás granjeros, empleados e inquilinos deben redundar en el bienestar económico de toda la aldea. Sin embargo, la decision del granjero “necio” de retener y acaparar su producción se va a reflejar en forma dañina sobre la economía de toda la región. En la medida que el granjero insensato asegura su poder económico y su estatus social, provoca que el pueblo empobrezca y dependa más de él.

(e) Finalmente, este granjero había buscado seguridad para si mismo sin considerar que la realidad de Dios y el cuidado del prójimo. En esto consiste su mayor error.

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Esta granjero es el prototipo de la codicia, y que es una forma de idolatría. Al granjero rico se le olvidó que su vida era un préstamos de Dios. Su necedad fue que vivió solamente para él, creyendo que aseguraba su vida con sus posesiones abundantes, sin pensar en la inminente realidad de la muerte:

“Insensato”– esta noche tu alma te será demandada, y lo que has prevenido, ¿para quién será? (verso 20).

APLICACIÓN
¿Qué es ser rico para con Dios? (verso 21)

Observe que este hombre rico, que obtuvo abundantes cosechas, no manifiesta ningún sentido de gratitud a Dios por lo recibido. Este empresario tampoco demuestra consideración hacia sus compañeros agro-empresarios, ni agradecimiento hacia los trabajadores e inquilinos que le servían y que también eran gestores de la abundancia de bienes que poseía. No pensó en aumentar el salario de sus empleados, ni ofrecer algún bono de productividad (en algunas agencias locales, aún teniendo pérdidas se reparten bonos de productividad sustanciosos). No hubo ningún sentido de generosidad hacia los pobres de su comunidad al acaparar el mercado y controlar los precios, provocando mayor carencia alimentaria incumpliendo así la ley de Moisés (Levíticos 19: 10-11; Deut. 24: 14).

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Ahora bien, la insensatez o la sabiduría, como podemos ver en este caso, es una cuestión de prioridades (tus acciones hablan más que tus palabras). El problema está en cómo alineamos nuestra vida a los principios y prácticas del Reino de Dios, que tiene como prioridad misionera bendecir y redimir al mundo perdido. Lo que hemos recibido para cuidar y administrar no es nuestro. Aún la familia no nos pertenece—y mi labor es colaborar con el Señor en ese proceso de cuidado que permita que se cumplan los planes y la voluntad del Creador en ellos (1 Corintios 3: 9).

Los bienes y recursos recibidos nos han sido “prestados” para administrarlos para gloria de Dios y bendición de otros. Nuestra vida no nos pertenece, no somos nuestros, hemos sido “comprados por precio” (1 Corintios 6: 19-20; 7:23). Así que nuestra vida es simplemente “un préstamo” que tenemos que devolver con intereses a quien se la debemos.

Esta parábola te retrata a ti y a mí, que también somos tentados, al igual que el granjero rico a la codicia, creyendo que si tuviéramos grandes cantidades de dinero ahorradas y bienes, nos aseguraría el futuro y nos permitiría vivir plenamente. No podemos olvidar que el dinero no nos protege de una enfermedad, de la violencia, de las crisis familiares, y mucho menos de accidentes trágicos, y por ende de la muerte. Es más, las propiedades y el bienestar pueden fácilmente llevarnos a conflictos familiares, muy especialmente a la hora de distribuir las herencias, como es el caso que inicio esta parábola.

prioridades

El asunto real no es que tengamos posesiones materiales y grandes capacidades o recursos, sino que su origen o procedencia sea genuina, qué su uso sea el adecuado, y que su administración sea congruente con los principios del Reino de Dios. En eso consiste ser rico para con Dios. ¡No olvidemos que algún día tendremos que dar cuenta! Muchas bendiciones.

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