CUÁNDO EL PROFETA MIENTE: ¿Cómo identificar y qué hacer al respecto?

mentiras

Por Samuel Caraballo-López

¿Brota de una fuente, por el mismo caño, agua dulce y amarga? (Santiago 3: 11).

Es importante distinguir que el Evangelio es muy amplio y tiene diversas facetas. Sin embargo, cuando un mensaje es contradictorio, se requiere hacer un análisis del contenido del mismo, y dar a conocer los resultados. Las confrontaciones entre profetas con mensajes contrarios fue algo común en el período veterotestamentario (1 Reyes 22: Jer. 23: 13-22; 28: 1; Ezequiel 22:28).

¿Qué es un profeta? Podemos decir brevemente que un profeta es alguien que sostiene haber tenido una experiencia personal con Dios, recibiendo de Él la misión de comunicar sus revelaciones, hablando en su nombre a los seres humanos. También posee las cualidades de intercesor por el pueblo y de ser mensajero de su palabra. En la Escritura se le llama “el ojo de Dios” (Isaías 29:10), o el “centinela” de la historia (Ezequiel 33: 6). Su carisma para comunicar e interpretar la voluntad de Dios en su contexto recibe el nombre de profecía (vea, http://www.slideshare.net/samuelcaraballo/respondiendo-al-llamado-que-dios-te-ha-dado).

Uno de los debates más significativos que nos narra las Sagradas Escrituras fue entre el Profeta Jeremías y su homólogo Ananías (Jeremías 28: 1-17). Es importante aclarar que el Profeta Jeremías consideraba a Ananías como un colega del ministerio, dándole su espacio para llevar a cabo su misión. Sin embargo, en un momento particular los profetas entran en conflicto al Ananías traer un nuevo oráculo de prosperidad, que contradecía el recibido y proclamado por Jeremías:

…Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente: Así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Rompo el yugo del rey de Babilonia (Jer. 28: 1-2)

De esta confrontación profética se pueden obtener ciertas claves para determinar la validez de un mensaje que dice ser recibido de Dios. Hay varios elementos que son medulares al analizar el contenido de un discurso profético. Primero, es importante examinar si el nuevo contenido se aleja o se acerca al mensaje central de la Biblia y al discurso cristiano. Dios siempre revela sus planes a más de uno de sus profetas en diversos contextos, confirmando así, la validez del mismo (Amos 3: 7). No hay tal cosa como interpretaciones privadas del mensaje profético (2 Pedro 1: 20-21). El mensaje profético tiene su confirmación en la misma experiencia e historia de la comunidad profética. Los hombres y las mujeres que han sido reconocidos como profetas han tenido unidad temática en sus discursos, porque estos provienen de una misma fuente:

Los profetas que nos precedieron a ti y a mí, desde tiempos inmemoriales profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y reinos dilatados (Jer. 28: 8).

Segundo, cuando surge un discurso profético nuevo y diferente en su contenido y estilo, a las expectativas de la comunidad profética, se requiere el cumplimiento del mismo, o en su lugar señales confirmatorias de la veracidad del mismo (vea Jueces 6:1ss).

Cuando un profeta anunciaba prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor (Jer. 28: 9)

Es decir, cuando Dios traía un nuevo mensaje o profecía, era necesario que este se confirmara concretamente. En los Evangelios Jesús trae el mensaje de las Buenas Nuevas de que el Reino de Dios había llegado, que no es congruente con las expectativas mesiánicas de los judíos. Frente al cuestionamiento de Juan el Bautista a Jesús sobre si el contenido de su discurso y las acciones de su ministerio eran signos de que el mesías prometido había llegado, Jesús en respuesta realizó, en aquella hora, sanidades, prodigios y milagros (Lucas 7: 20-23). Un cambio del discurso divino requiere de alguna confirmación de su veracidad para aquellos que escuchan el mensaje.

Tercero, cuando se adquiere conciencia de que el oráculo profético que se está exponiendo es falso, es necesario denunciar públicamente la falsedad:

Escúchame, Ananías: el Señor no te ha enviado, y tú infundes a este pueblo una falsa confianza (Jer. 28: 15).

He aquí la parte más difícil de este proceso. La divulgación de la falsedad crea una confianza y expectativa ilusoria sobre aquel que recibe como cierto lo incorrecto. Al aceptar como cierto lo que es falso, nos hace cimentar nuestras vidas en premisas incorrectas que traerá como consecuencia nuestro fracaso y la de los que nos siguen. Por lo tanto hay que denunciar lo falso y afirmar la verdad en amor y con sabiduría. Es cuestión de vida o muerte (Jer. 28: 16). !Muchas Bendiciones!

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