Aprendiendo a leer los tiempos ¿Cómo?

discernimiento

Por Samuel Caraballo-López

Luego añadió Jesús, dirigiéndose a la multitud: —Cuando ustedes ven que se levanta una nube en el occidente, en seguida dicen: “Va a llover”, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: “Va a hacer calor”, y así sucede.  ¡Hipócritas! Ustedes saben interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no saben interpretar el tiempo actual? (Lucas 12: 54-56).

El texto del 18 de agosto de 2019, décimo domingo de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 12: 49-56.  Al igual que los últimos siete (7) domingos, este pasaje aparece en la sección de la subida de Jesús a Jerusalén, en la que el Maestro ofrece instrucciones sobre el camino del discipulado cristiano (Lucas 9: 51-19:27).

Me llama la atención los textos 54-56, donde encontramos una multitud de excelentes “meteorólogos de pasillo”, que podían predecir con exactitud los eventos climáticos de su región, sin embargo Jesús los critica porque no podían interpretar correctamente los signos del tiempo presente. Esta incapacidad para interpretar correctamente los tiempos, especialmente el tiempo escatólogico que Jesús iniciaba, se debía a que utilizaban información anacrónica, acomodaticia e incompleta provista por los fariseos y los maestros de Israel como referencia, en lugar de observar con detenimiento lo que estaba ocurriendo. Importante este criterio hermenéutico del uso del sentido común que Jesús afirma en casi todos sus discursos.

Las multitudes podían por observación pronosticar el clima; al ver los vientos del oeste sabían que venía lluvia del Mar Mediterráneo (lluvia orográfica), y al ver el viento del sur entendían que venía un intenso calor del desierto de Néguev (jamsin o sharav). Sin embargo, Jesús los censura porque tenían la capacidad para mirar estas señales naturales y acertádamente descifrarlas, pero eran incapaces de aplicar los mismos principios para interpretar lo que estaba ocurriendo en ese momento de la historia.

Jesús les llama “hipocritas”, no porque aparentaran un papel, o fueran engañadores o falsos, sino porque se han unido a los fariseos viviendo vidas que no consideran realmente a Dios. Es decir, carecen de una comprensión fundamental sobre Dios y su voluntad para ellos, y son incapaces de discernir el significado auténtico de los signos que están ante ellos.

En el Antiguo Testamento se menciona a ciertos líderes de la tribu de Isacar por la capacidad que tenían para discernir los tiempos:

De Isacar… Eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos, que sabían lo que Israel tenía que hacer (1 Crónicas 12: 32).

En la cultura griega del Nuevo Testamento, habían dos (2) palabras provenientes de la mitología, para expresar el concepto de tiempo: cronos y kairós. Al tiempo secuencial y cronológico se le llama el cronos. Es el tiempo cuantitativo u ordinario que medimos en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años.

El kairós, por otro lado, se refiere a una oportunidad especial en el cronos, en que la vida de individuos y grupos se puede transformar, al surgir nuevas dimensiones y oportunidades para su desarrollo. En el kairós de Dios, El se manifiesta, hay respuestas a peticiones, se abren puertas cerradas, se ven milagros, se emprenden proyectos que pensábamos eran imposibles, se establecen relaciones permanentes, se logran metas personales, y la vida puede toma otro rumbo al ocurrir eventos que superan los límites que nos hemos o nos han impuesto.

Jesús, consciente de que había un calendario divino que afectaba los eventos de la vida (Juan 7:6; 12:23,27; 13:1; 17:1), reclama a los “meteorólogos de pasillo” que aprendan a leer ese tiempo especial de Dios, para que su realidad sea  transformada y enriquecida por la presencia divina.

Yo pienso, que la crítica de Jesús, una de las más fuertes en todo su ministerio terrenal, es hecha a las multitudes en las cuales tú y yo estamos incluidos (verso 56). Aunque no podemos controlar, y mucho menos, planificar el tiempo de la manifestación de Dios, si podemos propiciarla.  Hay suficiente evidencia en la tradición bíblica que la fe en Jesucristo ha propiciado que el kairós de Dios se manifieste en diversas circunstancias humanas (vea Juan 2: 1-11; Juan 5: 1-4; 7-9; Lucas 8: 43-48). Cuando el kairós de Dios se manifiesta, ocurren cosas que anhelábamos e inclusive cosas mayores de las imaginadas, deseadas y pensadas por nosotros (Efesios 3: 20).

Hay algunas preguntas que debemos hacernos sobre esa manifestación en nuestro tiempo ordinario (cronos), que llamamos el kairós de Dios:  ¿Cómo distinguir la manifestación del kairós de Dios en medio del cronos humano? ¿Cómo responder al kairós de Dios en medios de un crono tan comprometido? ¿Cuáles son los  obstáculos a superar para aprovechar el kairós divino?

 Un requisito indispensable para discernir y propiciar el kairós de Dios es sintonizarnos con el agente divino principal, el Espíritu Santo. Cuando hablamos de sintonía con el Espíritu, nos referimos al estar en el aquí y en el ahora en nuestra relación con Jesucristo, es vivir en conciencia constante, es sentirse agradecido del Dios que nos ama, y confiar plenamente en su poder  y su misericordia. Es necesario sacar intencionalmente momentos para la oración, la meditación, la contemplación, la adoración y el servicio a los necesitados. Es importante aprender a estar en silencio para  escuchar nuestra voz interior junto a la voz del Espíritu que nos habla.

escuchar-a-dios

El mayor obstáculo actual que tenemos para este discernir y propiciar el kairós de Dios, es que hemos dejado que los múltiples compromisos y obligaciones sustituyan la voz de Dios en nuestras vidas. En ocasiones estamos tan ensimismados en las situaciones cotidianas, que no damos un espacio para superar nuestros afanes diarios y abrirnos a recibir una nueva experiencia con la majestad de Dios por medio de su Espíritu.

Hay que aprender a superar esa costumbre que hemos adquirido de vivir bajo presión y pretender responder a última hora a nuestras obligaciones.  Tenemos que deshacernos de la fatal costumbre de querernos proyectar siempre ocupados, como si eso fuese una señal de  productividad y éxito. En diversas ocasiones vemos nuestra agenda llena de obligaciones, que son “simplezas”, que nos mantienen preocupados y ansiosos. En ocasiones yo mismo he caído, y le he permitido a otros caer en la incorrecta noción de que el tiempo quieto de reflexión es tiempo perdido.  

En conclusión, la tribu de Isacar, mencionada anteriormente eran expertos en discernir los tiempos, lo que los hacía líderes de su pueblo.  Hoy es urgente recuperar ese maravilloso don del discernimiento. Ahora bien, para alcanzar este regalo de Dios para discernir los tiempos se requiere estar conectado con Dios y caminar por la senda de los justos que “es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno el día” (Proverbios 4: 18).

Cultivemos una relación con Dios por medio de Jesucristo y propiciemos el  kairós de Dios,  y aún más,  vamos a aprovecharlo.  !Muchas bendiciones!

4 Replies to “Aprendiendo a leer los tiempos ¿Cómo?”

  1. Muchas veces el afán nos convierte en robots rutinarios y queremos hacer, hacer y hacer. Pero en todo ese tiempo no reservamos un espacio para meditar, terminando exhaustos y derrotados. Hay que buscar primeramente el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura.

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