Con el agua hasta el cuello…¿qué hago?

con el agua hasta el cuello

Por Samuel Caraballo-López

« ¿Hay palabra de Jehová?» Jeremías dijo: «Hay»; (Jeremías 37: 17).»

El texto bíblico para este domingo 22 de septiembre de 2013, lo encontramos en Lucas 16: 1-13, en uno de los pasajes más complejos del Nuevo Testamento. La parábola del mayordomo deshonesto es la más extraña entre todas y te invito a considerarla. Esta parábola describe a un administrador culpable de malversación de dinero, y que al ser descubierto, se encuentra con “el agua hasta el cuello”.  Este, consciente de que su tiempo se acabó, toma la decisión, sin escrúpulos, de reducir las deudas de los acreedores de su compañía, para que cuando lo despidan, ellos se sientan obligados a ayudarlo.

Los comentaristas bíblicos tienen toda una variedad de opiniones sobre lo que ésta parábola significa. Algunos insisten que el foco está en la misericordia radical del hombre rico con su mayordomo, comparando esta con la acción del Padre en la parábola del hijo prodigo, que le antecede (Lucas 15: 11-32). Otros creen que la parábola ilustra la necesidad de tomar decisiones radicales a la luz de la llegada del Reino.  Todavía otros comentaristas ven como la principal enseñanza de la parábola, la actitud que asume el mayordomo deshonesto en la hora dificil. Es mejor actuar en la hora de la crisis que no hacer nada.

Algunas de esas explicaciones pueden tener algo de sentido, pero a mí no me convencen del todo. Me llama la atención el verso 8, donde el dueño, en lugar de despedir al administrador como le había anunciado al comienzo (v. 2), reconoció su sagacidad y lo alabó por sus acciones, a pesar de que en la parábola éste es reconocido como “deshonesto”. La actitud del administrador frente a la catástrofe que se avecina debe ser un modelo para los oyentes de Jesús. La primera enseñanza de la parábola brota del contraste entre la astucia del administrador deshonesto, que toma decisiones “prudentes” ante la crisis que se aproxima a su vida, y la falta de sagacidad de los “hijos de la luz”  para responder de manera adecuada y creativa a la realidad urgente de aquella hora.

Pienso que aquí está el mensaje de esta parábola para nosotros hoy. Los “hijos de la luz”, que representan a todos aquellos seguidores de Jesús, parecen estar tan pendientes a sus propios asuntos que no se han percatado de la realidad que vive el mundo, y mucho más específicamente, la de su propio contexto. El que se esté discutiendo  simultáneamente proyectos de ley para legalizar la marihuana para uso recreativo, para enseñar la ideología de género en las escuelas, para reconocer la adopción homoparental y la deuda pública, demuestra que estamos en tiempos de urgencia, y no hay respuestas adecuadas de la mayoría cristiana a estos dilemas socio-políticos y económicos con grandes implicaciones éticas y morales.   

Es triste ver las respuestas simplistas que ciertos sectores del liderato religioso ofrecen a los asuntos tan serios que se debaten en la palestra pública.  Estas respuestas demuestra que no hay el discernimiento, ni la sabiduría para responder al momento crítico en que vivimos. El país se ha quedado sin iluminación para este momento histórico, y la iglesia lamentablemente no ejerce su misión de ser “luz” y “sal” de la tierra.   El problema que tenemos, es en parte, por una falta de liderato, que sea capaz de concebir y construir respuestas contextuales, más allá del lenguaje religioso estereotipado, y en cuyo contenido este presente el mensaje del Evangelio y la producción teológica de la iglesia.

Cuando se manifiesta este problema tenemos una iglesia sin vitalidad y falta de dirección, y una sociedad que carece de la “sal”   que evite su corrupción. Jesús nos llama a una urgente reparación de “nuestros altares”, que nos permita trasferir la iluminación recibida de Dios, a un lenguaje claro, honesto y persuasivo para nuestro pueblo. Es necesario que dejemos de “floretear” el pecado, coqueteando con tendencias que no abonan a la expansion del reino de Dios, y que no pueden confrontar y enfrentar los grandes cambios que nos trae la globalización.

Necesitamos gente que tenga el valor y la pujanza, no solo para criticar, sino para trabajar por el desarrollo y la implantación de lo que queremos para nuestro pueblo. Estos cristianos son los que pueden cambiar las cosas, porque no solo oran, reflexionan y profundizan en su intimidad con el Señor, sino que se suben las mangas para trabajar a favor del país. ¡Muchas Bendiciones!

3 Replies to “Con el agua hasta el cuello…¿qué hago?”

  1. Louis: Paz! Edificante como siempre tu comentario. Ciertamente entiendo que los ministerios de Nehemias y Ester tienen que aparecer con urgencia en nuestras realidades nacionales e internacionales. Me parece que la educación cristiana de la iglesia tiene que reestructurarse para que se fomente otra nueva forma de lideratos y ministerios cristianos. El otro problema es nuestra incapacidad para articular nuestros discursos en contextos seculares, que afirmen el mensaje del evangelio y la teología, en las formas del lenguaje actual. Hay que orar…nos queda mucho por hacer. Muchas bendiciones.

  2. Apreciado Samuel:
    Ray Bakke entiende Los libros de Ester, Esdras y Nehemias como los sinópticos del Antiguo Testamento. Cada uno representa, según Bakke, un aspecto de la tarea del reino de Dios en la tierra. Esdras representa el ministerio de la Palabra, lo que hacemos la mayor parte de ministros. Nehemias representa ministerios que trabajan con estructuras. Son personas que proveen dirección y saben como lograr proyectos aún en medio de gran oposición. Y finalmente Ester representa ministerios que influencian los poderes en altas esferas. Son ministerios que son acercados por Dios a gobernantes y personas de poder para influenciarlos, si no para Dios, en favor del pueblo de Dios.
    Me parece que tus comentarios, Samuel, prestan crédito a la idea de que por lo general la iglesia es muy diestra en ministerios Esdras, pero no tanto en ministerios Nehemias y Esther. Estamos muy capacitados para ayudar a las personas con sus problemas personales y espirituales, pero no tanto en problemas de sistemas, estructuras píricas, sociales y económicas, y menos aún teniendo acceso directo y positivo con los poderes que rigen o influencian en altas esferas nuestras vidas. Tu comentario es un llamado a adiestrarnos en otros ministerios necesarios, pues no todo se resuelve orando… Dios nos da otras capacidades que debemos desarrollar y practicar. Gracias, Samuel.

    1. Aunque tarde, gracias por tan iluminador comentario. Lo voy a considerar para un próximo artículo.

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