Sanidad o curación…¿Cuál prefieres?

diez leprosos 2

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 13 de octubre de 2013, lo encontramos en Lucas 17: 11-19. Me llama la atención el verso 17, por la forma de la pregunta retórica.

 ¿Acaso no quedaron limpios los diez? —preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?  Levántate y vete —le dijo al hombre—; tu fe te ha sanado.

Diez leprosos que se encontraban en la ruta de Jesús hacia Jerusalén, a distancia por su condición de marginados, alzando la voz, solicitan misericordia a Jesús. Jesús los ve y declara la Palabra que llena la necesidad solicitada. Me pregunto; ¿qué hubiese pasado, si estos leprosos, no hubiesen hecho su solicitud a gritos, y Jesús no los hubiese visto? ¿Quiénes eran estos leprosos que se acompañaban en su miseria? No sabemos a ciencia cierta, la respuesta a estas dos preguntas, pero inferimos que nueve de ellos eran parte del pueblo de Israel, y que buscaban el favor de Dios para su condición terminal.  Jesús los envía al sacerdote, porque era éste el que determinaba el estatus social y familiar del curado (Levítico 13-14). A Jesús le interesa que el ser humano tenga participación en la vida social y familiar…”porque no es bueno que el hombre este solo” (Génesis 2: 18).

Su solicitud de misericordia fue atendida por Jesús de forma inmediata, sin embargo, es mientras caminan a presentarse ante el sacerdote que se percatan del milagro que a ocurrido en sus cuerpos. ¿Por qué solo regresa uno? ¿Por qué solo uno hace de su curación física una sanidad integral? ¿Por qué personas que reciben igual bendición no responden de igual modo?  Los diez leprosos recibieron en el camino, los mismos beneficios, pero solo uno, se hace consciente que había algo más que la curación física y, “volvió glorificando a Dios en voz alta” y tirándose a los pies de Jesús, rostro en tierra, daba gracias. Este leproso se ve curado, y vuelve en si, y descubre que ese milagro solo Dios lo podía hacer ( vea 2 Reyes 5: 1ss).

El leproso que vuelve reconoce que, aunque había una norma de pureza establecida por la ley,  ésta no podía estar sobre el acto milagroso hecho por Dios a través de Jesús. Este detalle del relato nos demuestra que ademas de la curación corporal de este hombre, había ocurrido otro milagro mayor, sus niveles de conciencia se habían ampliado y ahora comprendía el amor compasivo de Dios.  Observen que él se acerca y se postra ante Jesús, evidencia que había vencido el estigma de la exclusión que por tanto tiempo lo había seguido–ahora se siente persona.

La exclusión cuando es sistemática y continua se asimila, y aun cuando cesa el factor que provoca la exclusión, esta todavía se mantiene en el pensamiento del marginado. La sanidad integral que da Jesús te hace ser y sentir como persona y te hace consciente de tu espacio en la historia humana…eso es sanidad. Cuando por la fe acudimos a Jesús, abrimos nuestro corazón y dejamos que la gracia de Dios fecunde nuestro corazón, la sanidad se experimenta, y entonces comienzan a verse los frutos de una vida transformada.

Los otros nueve (9) leprosos curados que nunca volvieron representan al pueblo de Israel, y a todos los seres humanos, que no son capaces de comprender los actos misericordiosos de Dios, ya que sus propias visiones de vida, heredadas o construidas se lo impide y,  por lo tanto no hay expresiones o gestos de alabanza y gratitud. Estos nueve son el prototipo de aquellos que por diversas razones–encabezado por la enseñanza incorrecta– han minimizado la revelación de Dios en Cristo, y esa visión reducida de Jesucristo no les permite ver en Él, la imagen  misma de lo que Dios es (Hebreos 1: 1-3). No pueden ver la plenitud de Dios en Jesucristo, porque para ellos Jesús es un camino más para llegar a Dios, y no El camino, La verdad, y la Vida (Juan 14: 6). !Cuán importante es una sana enseñanza cristiana que nos inspire a vivir con plenitud el Evangelio del Reino, en su poder y su gracia!

Karl Barth (1886-1968), el teólogo suizo, fue un ejemplo de lo que es volver a entender la fe cristiana de forma correcta. Barth descubre que toda teología liberal adquirida en sus estudios formales no lo capacitaba para hablar la Palabra de Dios, y mucho menos aplicarla a las realidades cotidianas. Es por eso que rompe con todo y retorna a la Biblia, como un contacto vivo con los problemas actuales de la iglesia y la sociedad.

Para Barth, retornar a la gracia de Dios, es volver a validar la Palabra de Jesús y sus apóstoles, que nos llama a vernos como lo que somos, pecadores. Solo a través de la gracia de Dios, es que vemos nuestros errores, y es por medio de misma gracia que vamos a Jesús para reconocerlo como el único Hijo y auténtico portavoz de Dios. Para Barth la gracia es el mensaje de que, aun cuando creamos que actuamos con mayor justicia que otros, esta justicia no es suficiente para conectarnos con Dios, y que solamente a través de la justicia de Dios que se manifiesta en la Cruz del Calvario podemos entrar en comunión y diálogo en Dios y con Dios.

Cuando el Evangelio se entiende así, como lo entendió el décimo leproso y Barth, podemos retornar sin temor y agradecidos a Jesús, autor y consumador de la fe, para que su gracia nos fecunde el corazón y encontremos perdón, restauración, salvación, sanidad y pronto auxilio para nuestras luchas cotidianas. Muchas bendiciones.

2 Replies to “Sanidad o curación…¿Cuál prefieres?”

  1. ¡Qué difícil es entender la experiencia de aquél que sufre una condición de salud degenerativa o mortal! Aún habiendo experimentado una en carne propia es difícil ponerse en los zapatos del otro y poder absorber las profundas implicaciones sico-sociales de su estado patológico. Estos leprosos en Lucas además de perder su salud, familia, empleo y capacidad productiva, su lugar en la comunidad y sociedad, así como la integridad física y pureza ritual que les capacitaba para participar en la vida religiosa, también habían perdido oportunidades y tiempo que no podrían reemplazar, y sueños a los que habían tenido que renunciar. Sin embargo, aún les quedaban dos opciones dignas: asumir las limitaciones de su nueva identidad social con estoicismo e integrarse al nuevo grupo social (los leprosos) para apoyarse y ayudarse mutuamente. ¡Oh, pero he aquí que de repente hay un rayo de esperanza, porque ahora hay Uno que puede sanar milagrosamente! ¡Y que tiene misericordia! ¡No en balde gritaban, ya fuera a coro o en cacofonía! Pero sólo uno recibió sanidad integral, porque sólo uno reconoció que no sólo su cuerpo había sido restaurado sino también su alma (pensamientos, sentimientos, voluntad) y su espíritu (visión, percepción y comunión con Dios). Tanto así que entendió que con o sin la declaración del sacerdote ya era sano. Tanto así que pudo reconocer la fuente de su santidad en aquel hombre que les había enviado al sacerdote sin ceremonia ni aspavientos. Tanto así que rostro a tierra adoró al Dios encarnado a viva voz, rebosante de gratitud, mientras los otros 9 siguieron rumbo al templo. Cómo pudieron ellos resistir a su entusiasmo, euforia y determinación no me lo explico, pero qué bueno que su relato no se perdió en las nieblas de la historia aunque su nombre sí…Mejor aún, porque estando sin nombre puede ser el anónimo, el genérico, el universal

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