OrAcción…esa fe que produce resultados.

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Por Samuel Caraballo-López

“La libertad nunca es otorgada voluntariamente por el opresor; debe ser exigida por el que está siendo oprimido.”  Martín Lutero King

INTRODUCCIÓN

El texto del  20 de octubre de 2019, décimo noveno domingo después de Pentecostés, y a pocas semanas de celebrar la Reforma Protestante, lo encontramos en Lucas 18: 1-8, la parábola de la viuda insistente.  Esta  sub unidad narrativa es parte de la tercera fase del viaje de Jesús a Jerusalem (17:11-19:27), que podríamos titular “Respondiendo fielmente al reino”. Mientras estudiemos la perícopa de hoy no podemos olvidar que hay una unidad más amplia que comenzó el 30 de junio sobre la subida de Jesús a Jerusalem (Lucas 9: 51-19: 27), en la que ya llevamos, con  hoy, diecisiete (17) domingos.

El pasaje es uno de los más significativos para entender el concepto de perseverancia en medio de la injusticia y maldad que distingue la era presente. De hecho, esta parábola esta conectada a la necesidad de orar siempre y “no desmayar” en medio de dicho contexto (verso 1). El término griego para la expresión “no desmayar” es egkakeō , que probablemente signifique lo mismo que ekkakeō, cuyo significado literal es «no rendirse ante lo malo».

Por otro lado, yo veo gráficamente en esta parábola la clave para la oración que produce resultados concretos en medio de un contexto de “caos”. De hecho, si miramos el verso 8b:

Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará [esa] fe en la tierra?

El término griego utilizado en el mismo (τὴν πίστιν- ten pistin), se refiere, no a la fe en general, sino a “esa” fe específica que manifestó la viuda.

DESARROLLO

Hay dos (2) motivos que guían a esta viuda: (a) la certeza en la justicia y providencia de Dios, y (b) su total fidelidad sostenida en esa certeza. Aunque Jesús insiste en el evangelio de Lucas, que la adversidad es parte integral del proceso que trae salvación (vea 17: 25, 32-34), El nos asegura que, aunque tarde, la vindicación divina es inminente.

De hecho, en el libro del Eclesiástico 35: 14-24, en la versión católica de la Biblia, se nos presenta la figura de una viuda que llora por la injusticia y que cumple una función similar al relato bajo nuestra consideración. Este libro deuterocanónico sirve de intertexto en la tradición judía para esta parábola de Lucas, exceptuando las implicaciones de la “venganza divina” que dicho texto contiene.

La parábola nos habla de una viuda que acude  a un juez para que éste le haga justicia. El juez, según el relato, era  el padre de los corruptos, ya que “no temía a Dios ni  respetaba a hombre alguno” (verso 2).  Aunque era harto conocido por todos  el estilo de impartir “justicia” de este Juez, esta viuda sin recursos para pagar abogado, acude por decisión propia  a él para que éste evalúe su situación e imparta un veredicto conforme a justicia.

La pregunta que brota de esta parábola es obvia; ¿podrá una persona injusta producir justicia?  Lucas nos dice claramente que es imposible que esto suceda por ley natural (Lucas 6: 43-45). Sin embargo, la parábola nos hace un planteamiento de esperanza que aplaca nuestro cinismo.  A pesar de que los sistemas judiciales humanos discriminen contra los pobres y vulnerables de la sociedad, esto no puede ser un factor desmoralizador para reclamar con insistencia la justicia. La razón es que toda causa justa tiene a Dios mismo como su principal aliado, y con su respaldo se puede producir el resultado anhelado (Éxodo 3: 7-9).

Es importante entender y rescatar un principio que brota de esta parábola: cuando los designados a hacer justicia no lo hacen, les corresponde a los perjudicados construir la justicia que anhelan.  Este juez de la parábola no le hizo justicia a la viuda (Lucas 18: 4-5), fue  la viuda que se hizo justicia así misma con su insistencia y lucha tenaz.  Cuando el juez corrupto declara que le hará justicia a la mujer para que no le siga molestando (verso 5), lo que está diciendo el texto  es que fue la insistencia de  ésta que le impuso su justicia, aún cuando él no deseaba hacerlo,  y mucho más, su cultura de injusticia no se lo permitía.

APLICACIÓN

A mí me parece,  que esta parábola emite un mensaje contundente a todos los marginados, abusados y oprimidos de la tierra: cuando un sistema no hace justicia porque no puede por su propia “estructura” injusta, le corresponde a los reclamantes construir con su lucha e insistencia las condiciones para que surja  la justicia por la que se lucha.   Son los afectado por la injusticia los que  en lugar de sentarse a llorar para que le compartan las migajas de un sistema incapaz de hacer justicia, construyen por sí mismos y con la asistencia de Dios, la justicia que se les niega.

Cuando construimos senderos de justicia inspirados en el Reino de Dios, no solo fomentamos la calidad de vida de nuestras comunidades, sino que sanamos a aquellos, que en virtud a su particular compromiso con el sistema, están “enfermos de injusticia”.  La injusticia es un mal que comienza en las pequeñas decisiones cotidianas (Lucas 16:10) y luego se “metastatiza” hacia todas las dimensiones y escenarios de la vida.

jueces y politica 8

Esta viuda es el prototipo de lo que puede hacer un ciudadano cuando se le niega los derechos y libertades fundamentales … orar, reclamar, luchar e insistir.   Este juez nunca hizo justicia, porque no tenía las estructuras éticas y morales, la amplitud intelectual y mucho menos la entereza de carácter para hacer justicia, porque era siervo de un sistema injusto y tenía que preservarlo.  Sin embargo, esta viuda con una necesidad de justicia, y consciente de su vulnerabilidad, desarrolla las estrategias necesarias para “robar”  un acto de justicia a un sistema totalmente injusto.

Jesús nos dice que así debemos ser  en la oración.  La oración es una lucha  de “persistentes peticionarios”, que creen, reclaman, buscan y llaman, y que actúan a favor de lo solicitado.  Este es el secreto de la oración que mueve montañas; todo lo que pido a Dios, va acompañado por un actuar de fe alineado a lo que estoy solicitando.  La oración no es magia, es petición, es acción de fe congruente, es adoración y es agradecimiento al Dios que adelanta su reino para los que le aman.  ¡Muchísimas bendiciones!

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