Así es la gracia divina… ¿será éste el eslabón que le falta a nuestro discurso?

eslabon perdido7

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION

El texto bíblico del 3 de noviembre de 2019, vigésimo primer domingo de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 19: 1-10. Jesús en su camino hacia Jerusalén atraviesa la ciudad de Jericó, a solo 18 millas de su meta final.

Dentro de la multitud que se acercan para ver a Jesús, Lucas menciona una persona muy particular, el jefe de los recaudadores de impuestos para Roma en la región. El término griego“architelones” utilizado para expresar la posición de Zaqueo es muy raro y no se encuentra en la literatura bíblica, ni en la griega, por lo que asumimos que éste era una especie de “gerente de distrito”, con otros publicanos como sus subordinados. 

Zaqueo era muy rico, y esto se enfatiza dentro de la narrativa. Dentro del mundo greco-romano poseer riquezas era una característica ambigua. Aunque se requería riquezas para alcanzar la cima de la nobleza, el cómo se obtienen era un criterio igualmente determinante. Las riquezas de Zaqueo no provenía de la adquisición de tierras, mas bien de su actividad empresarial; por lo tanto, éste no tiene las cualificaciones para tener un estatus de nobleza. En el mundo greco-romano, un cobrador de impuestos, pertenece al círculo de personas universalmente despreciados.

Dentro del evangelio de Lucas, Jesús había declarado la imposibilidad de que los ricos ingresaran en el reino de Dios (18: 24-25). Sin embargo, dentro de este evangelio se ve a los publicanos con cierta simpatía por ser personas que respondían a las buenas noticias e inclusive dentro de los compañero de Jesús había un ex-publicano. Así que la presentación de Zaqueo es mixta.

Por otro lado, podríamos inferir por el relato que Zaqueo era un hombre de baja estatura, y tenía un marcado interés por ver a Jesús. Sin embargo, no era su baja estatura el impedimento para ver a Jesús, sino su bajo “estatus” ante la gente de Jericó. El rechazo a su posición como recaudador de impuestos para Roma, le habían ganado el repudio de la gente, e intencionalmente la multitud lo bloqueaba de ver a Jesús.

Esto explica el porque corre delante de la comitiva de Jesús y se sube a un árbol de Sicomoro que había en el camino para ver de más cerca a Jesús. Este hombre llamado Zaqueo, quería satisfacer su anhelo de conocer a Jesús, Aquel que no rechazaba a los publicanos.

DESARROLLO

Aunque existen diversas interpretaciones de este pasaje (Fitzmyer, 1986; Bultmann, 1976, entre otras), seguiré la línea de interpretación que entiendo es más fiel al texto. Según, Anselm Grun (2001), en su análisis del libro de Lucas, presenta a Zaqueo como una víctima de la inseguridad, debido a su corta estatura. Su complejo le había hecho buscar formas de resarcir su vergüenza, y había acudido a uno de los empleos más despreciados por la sociedad judía y greco-romana, ser recaudador de impuestos.

En ese escenario, Zaqueo, había alcanzado la posición más alta y remunerada de su región. Su sentido de rechazo había sido compensado por su afán de hacer riquezas, y en ese proceso posiblemente había explotado y extorsionado a muchos. Esta conducta lo había dejado sin relaciones adecuadas con la comunidad,  y se encontraba en una posición social de desventaja al ser víctima del desprecio.

Sin embargo, cuando Jesús lo vio, no se fijó en su pequeña estatura, ni en lo que se decía de él. Me gusta esa expresión de Lucas: ”Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista…” y lo llamó por su nombre…Zaqueo… Jesús, sabe que los seres humanos tienen nombre e identidad, y al comunicarse con ellos los trata con la dignidad  que tienen aquellos que son primicias de la creación.

¡Qué bueno es saber que Jesús te ve como persona, reconoce tu dignidad, te llama por tu nombre y te invita a salir del escondite que tú mismo has construido! Cuántas personas murmuran contra ti por tu apariencia, tu estilo de vida presente o pasado, que ciertamente puede ser o no adecuado, sin embargo, Jesús te dice que desea entrar en tu casa, aun cuando no estés preparado para la santidad de Dios.

Zaqueo pudo haber dicho como el Centurión romano, “no soy digno de que entres en mi techo…” (Lucas 7: 6), sin embargo se alegró mucho con Aquel que reconocía su dignidad, y le expresó su hospitalidad. Este hombre, a pesar de su empleo, no vio a Jesús como un obstáculo, ni como un juez, sino como un instrumento que le traía honor a su hogar. No hay mención de familias en la casa de Zaqueo…se asume que por su riqueza que debió tener al menos siervos.

Por otro lado, la multitud despreciaba a Zaqueo por su empleo como publicano, y de como él había obtenido su riqueza:

Pero al verlo, todos murmuraban, diciendo: Entró a hospedarse con un hombre pecador! (verso 7).

No hay duda que la presencia de Jesús trajo a Zaqueo la bendición de una conciencia nueva. El regalo de la conciencia es el mayor regalo a que una mujer o un hombre sabio debe aspirar. La conciencia es un factor vinculado con la sabiduría, es la capacidad interna que nos permite discernir entre lo que es correcto e incorrecto, la verdad de la mentira. Como decía Lutero:  “Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios.”  Ahora la conciencia de Zaqueo a quedado cautiva por la maravillosa influencia de Jesucristo. Toda conciencia alterada por la presencia de Jesús no puede guardar silencio:

“Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad quesea.” (Lucas 19:8)

Observemos el discurso de Zaqueo a Jesús: “voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes”, y “voy a pagar a los que si en algo he defraudado.” Zaqueo esta pidiendo la evaluación de Jesús frente a su nueva actitud. Observe que él no está diciendo que dejará su empleo como “gerente de distrito” de los publicanos. Solo le está diciendo a Jesús que ha decidido tomar una actitud congruente con los hijos de Abraham. Los hijos de Abraham, sin importar raza o religión, son aquellos que actúan con la fe y las acciones que distinguieron a Abraham (vea el discurso de Juan el bautista-Lucas 3: 8-14)

Zaqueo cumple con las expectativas que el dignatario rico no había aceptado (Lucas 18: 18-27). El publicano no solo se despoja de lo material, sino que permite que su conciencia también sea transformada por la gracia para comenzar un nuevo proyecto de justicia y gentileza, contrariando a todos los que lo juzgaban, criticaban y rechazaban. Ahora Zaqueo el rechazado, se inserta por sus actitudes y acciones dentro del pueblo de Dios, del cual había sido excluido. La gracia divina, manifestada por la presencia de Jesús en su casa, había hecho la obra que las críticas, censuras y presión pública no habían logrado:

Jesús le dijo: Hoy vino la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham ; porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (versos 9-10).

APLICACIÓN

Solo cuando nuestras conciencias son cautivadas por Jesucristo y su Evangelio, la vida se transforma y las viejas maneras de vivir, y las formas dominantes de la naturaleza humana son superadas por un nuevo vivir que agrada a Dios. “Hoy vino la salvación a esta casa”, (verso 9)–demuestra que la salvación, que es la inclusión dentro del pueblo de Dios, sólo se hace concreta cuando Jesús es aceptado y Su Palabra es puesta en práctica en la vida de la persona.

En este relato de Zaqueo, Jesús saca la “alfombra” de debajo de nuestras fórmulas o “cliches” que pretende establecer nuestro estatus delante de Dios. Nuestros intentos de calcular por medios y prácticas humanas nuestra correcta posición ante Dios son “filfa”. Solo una actitud de sumisión y fe en Jesús y su reino nos abren las puertas a lo que Dios a prometido.

No es suficiente decir que recibimos a Jesús, la salvación es algo que se vive…y solo cuando se vive, es real y verdadera. ¡Muchas bendiciones!

Referencia:
Grun, Anselm. Jesus: the Image of Humanity: Luke’s account: New York: Continuum Press, 2001.

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