“Zapatero a tu zapato”: los límites de nuestra reflexión

zapatero a tu zapato
Por Samuel Caraballo-López

El texto bíblico de este domingo 10 de noviembre de 2013, lo encontramos en Lucas 20: 27-38. Antes de comenzar el análisis del pasaje permíteme establecer algunas premisas que servirán de fundamento a esta reflexión.

Primero, es muy importante aprender a poner límites a algunas personas de nuestro entorno ya sea en el área laboral, personal, cognitiva o religiosa. Del mismo modo que las paredes de tu casa determinan el ámbito donde tú vives, un límite define el espacio emocional, intelectual, laboral y espiritual que te compete, diferenciando lo que tú eres y te corresponde, de lo que no eres y no te corresponde. Segundo, el refrán “zapatero a tu zapato” me sirve de metáfora para afinar lo antes expresado y caracteriza el propósito de este escrito.

Habiendo establecido estas premisas, pasemos a mirar el texto de hoy. Un grupo de saduceos se acerca a Jesús para hacerle una pregunta muy particular. Antes de ver el contenido de la pregunta pasemos a caracterizar a esta secta religiosa-política presente en la vida de Israel en los tiempos de Jesús. Los saduceos eran la clase alta de la sociedad judía de esa época, por lo que todos los conquistadores buscaron su apoyo para poder someter al pueblo. Su política era la del colaboracionismo con todos los poderes extranjeros, ya fueran griegos o romanos, y adoptaban sus modas y cultura, por lo que eran muy odiados por el grupo más extremista, los zelotes. Esta sumisión al poder les permitía tener los cargos públicos más importantes; el sumo sacerdote era miembro de este grupo, así como de la aristocracia judía, siendo estos los principales propietarios de tierras.

En la época en que vivió Jesús (siglo I, A.D), los saduceos se encontraban muy reducidos en su poderío, ya que los romanos les habían quitado su poder político y parte de su poder religioso (los romanos se reservaban el poder de elegir al sumo sacerdote); además, habían perdido su influencia religiosa ante el pueblo en manos de los fariseos. Casi todos ellos residían en Jerusalén. Se considera que los saduceos negaban la resurrección (Lucas 20: 27), y bajo esta luz es que se da el debate que consideramos en este escrito.

Los saduceos por medio de su razonamiento inductivo aplicado a la ley del levirato (Deut. 25:5), confrontan a Jesús sobre lo ilógico de la resurrección de los muertos. Jesús confronta a los saduceos con la raíz misma de su cuestionamiento; ellos no saben nada sobre lo que intentan negar. Muchas personas niegan o afirman conceptos y prácticas que desconocen su origen, y mucho menos su significado. En este mismo pasaje de Mateo 22: 23-33 y Marcos 12: 18-27, Jesús declara que están totalmente equivocados, no en su derecho a preguntar, sino por la premisa que han establecido como base para su pregunta. He aquí la razón de la necesidad de conocer los límites de nuestra reflexión y acción como creyentes en Jesucristo.

Jesús le dice, primeramente, y en el lenguaje coloquial de Lucas, que en la vida del Reino futuro, es decir en la resurrección, no existen las mismas categorías humanas y terrenales que en la vida actual. Es decir la resurrección no es una simple prolongación de la vida en la tierra. La resurrección es una vida plena donde las necesidades actuales no existirán. Por lo tanto, la pregunta es impropia porque, ignora los fundamentos mismos de la doctrina bíblica.

Segundo, la resurrección establece como premisa que en la vida eterna, no hay la existencia de la vida matrimonial y mucho menos la reproducción de las especies, porque esa vida no es una proyección de la vida humana; “son como ángeles; y habiendo resucitado, son hijos de Dios” (v. 36). En tercer lugar, Jesús demuestra por las Escrituras, lo que ellos mismos afirmaban, Dios es un dios de vivos y no de muertos (Éxodo 3; 6), por lo tanto el anhelo de todo hombre y mujer, incluyéndolos a ellos, debe ser vivir en esa plenitud de vida que afirma la resurrección (v. 38).

Es lamentable que las personas hayan impuesto sus interpretaciones o creencias particulares sobre los conceptos trascendentales de las Escrituras y la naturaleza del poder y amor de Dios. Existen fronteras de libertad en la fe y en la práctica cristiana. Cuando hablamos de fronteras de libertad en el ámbito teológico o eclesiástico, (término que he utilizado en otros artículos), me refiero a los principios y normas que mayoritariamente son aceptadas por la comunidad cristiana, y que por su arraigo en la naturaleza de la iglesia, y el prolongado tiempo de su observación y desarrollo a través de la historia, forman parte de la concepción misma de la práctica de la fe. Cuando por nuestra ignorancia, temeridad o rebeldía cruzamos las fronteras de libertad establecidas, la confrontación es inevitable y necesaria.

Jesús establece que existen límites en nuestras interpretaciones y acciones a favor del Reino, muchas veces establecidas por las circunstancias o contextos desde los que reflexionamos y actuamos. Los límites de nuestra reflexión y acción están primeramente en las interpretaciones que hacemos y las acciones que provienen de las mismas. No hay nada incorrecto en pensar, inquirir, cuestionar o dudar; sin embargo, cuando asumimos que el proceso mental y reflexivo no requiere de otras fuentes igual o más versadas para depurar nuestros planteamientos, podemos caer en la violación de las fronteras de libertad que la Biblia y la reflexión teológica de la iglesia han establecido.

El depósito del Evangelio del Reino de Dios nos ha sido delegado por Jesucristo, por las Sagradas Escrituras y la tradición cristiana a la que el Espíritu nos ha unido, y es nuestra responsabilidad preservarlo, predicarlo y enseñarlo a las nuevas generaciones, considerando el contexto histórico y social, reconociendo siempre los límites de nuestra humanidad y que el mismo Evangelio nos impone. !Muchas bendiciones!

2 Replies to ““Zapatero a tu zapato”: los límites de nuestra reflexión”

  1. Mi hermano José Agustín: Muchas gracias por tu comentario. Solo quiero ser fiel al texto. Al contestar Jesús a los saduceos hace una expresión de vital importancia para entender la resurrección y cito:

    ” pero en cuanto a los que sean dignos de tomar parte en el mundo venidero por la resurrección…” (verso35),

    La resurrección no es tiempo de juicio, sino una promesa y un resultado posterior de un juicio. En la resurrección el juicio a pasado ya, y los que participan en esta lo hacen en virtud a su fe en Jesucristo. El apóstol Pablo lo dice en Tesalonicenses:

    “…y los muertos en Cristo resucitarán primero” ( 4:16).

    Es decir la resurrección es el cumplimiento de una promesa hecha por Jesucristo a todos los que han creído en él.

  2. A todo lo expresado que concuerdo con todo lo planteado por ti seria bueno considerar también una de las razones de sus actitudes ante la resurrección. Me parece que el texto de Lucas 16:19-31 sobre el rico y Lázaro nos iluminan al respecto. En la resurrección entra el juicio divino sobre nuestro comportamiento en este mundo. Un grupo de priviliegiados, insensibles a las necesidades de los demás no quieren compartir lo que tienen con otros. Se quedan en la vida presente(este mundo) porque están muy acomodados no quieren perder poder y privilegios.

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