Zapatero a tu zapato: los límites de nuestra reflexión


zapatero a tu zapato


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto bíblico del 10 de noviembre de 2019, vigésimo segundo domingo de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 20: 27-38. Ya Jesús está en Jerusalén luego de su largo viaje o subida, que había comenzado en el capítulo 9: 51 y se había extendido hasta el 19: 27. Ahora se enfrenta, en fuertes debates, con el liderazgo de la Santa Ciudad (20: 1-40)

La perícopa bajo nuestra consideración trata de una discusión sobre la Torá entre Jesús y los Saduceos, en los atrios del templo de Jerusalén. De hecho, es la primera y única discusión entre Jesús y los Saduceos que nos narra el tercer evangelio. La intención de los Saduceos al debatir con Jesús era tratar de desprestigiarlo como maestro e intérprete de las Escrituras, atacando la enseñanza sobre la resurrección de los muertos.

Antes de comenzar el análisis del pasaje permíteme establecer algunas premisas que servirán de fundamento a esta reflexión. Primero, es muy importante aprender a poner límites a algunas personas de nuestro entorno ya sea en el área laboral, personal, cognitiva o religiosa. Del mismo modo que las paredes de tu casa determinan el ámbito donde tú vives, un límite define el espacio emocional, intelectual, laboral y espiritual que te compete, diferenciando lo que tú eres y te corresponde, de lo que no eres y no te corresponde. Segundo, el refrán “zapatero a tu zapato” me sirve de metáfora para afinar lo antes expresado y caracteriza el propósito de este escrito.

DESARROLLO

Los Saduceos es el sector intelectual del Judaísmo. Eran la clase alta de la sociedad judía de su época, por lo que todos los conquistadores de Israel buscaron de su apoyo para poder someter al pueblo. Su política era la del colaboracionismo con todos los poderes extranjeros, ya fueran griegos o romanos, y adoptaban sus modas y cultura, por lo que eran muy odiados por el grupo más extremista, los zelotes. Esta sumisión al poder les permitía tener el cargo más importantes, el del Sumo Sacerdote del templo de Jerusalén. Ellos, además, eran los principales propietarios de las tierras.

Durante el dominio romano su poder político se había reducido (los romanos se reservaban el poder de elegir al sumo sacerdote); además, habían perdido su influencia religiosa ante el pueblo en manos de los fariseos. Casi todos ellos residían en Jerusalén.

De hecho, los Saduceos se distinguían, mas por lo que no creían, que por lo que creían. Por ejemplo, y contrario a los fariseos, rechazaban como Escritura Sagrada los salmos y los profetas. Ellos pensaban que lo que la Torá no mencionaba, carecía de validez, que era el caso de la doctrina de la resurrección de los muertos. Para este grupo es en este mundo donde únicamente Dios actuaba cumpliendo las promesas de la alianza.

Contrario a los Saduceos, los Fariseos enseñaban que Dios actuaba más allá de las fronteras de este mundo, lo que para ellos era algo bueno y necesario a la luz del domino de Roma del mundo actual. El que Dios tuviese dominio más allá de las fronteras humanas, garantizaba que el Imperio pagaría en algún momento por sus injusticias.

Un grupo de saduceos se acerca a Jesús para hacerle una pregunta muy particular:

También se acercaron algunos de los saduceos (que dicen no haber resurrección), y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muere teniendo mujer y sin descendencia, que su hermano tome a la mujer y levante descendencia a su hermano. Eran, pues, siete hermanos, y el primero, habiendo tomado mujer, murió sin hijos. También el segundo, y el tercero la tomaron, y así también los siete no dejaron hijos y murieron, y finalmente murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos viene a ser mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer (Lucas 20: 27-33)

Los saduceos por medio de su razonamiento inductivo aplicado a la ley del matrimonio por levirato (Deut. 25:5, ejemplo de Tamar y Judá en Génesis 38:6-11 y Ruth y Booz, Ruth 3: 9-4: 10), confrontan a Jesús sobre lo ilógico de la resurrección de los muertos.

El propósito del levirato como ordenanza era garantizar preservación de la memoria del muerto, o su vida futura, haciendo que la viuda que no ha tenido hijos sea tomada (obligatoriamente) en matrimonio por el cuñado o pariente cercano y procrear simiente al difunto. Para continuar la línea sucesoria y la descendencia familiar, el nombre del primer varón de esta nueva unión ha de ser el mismo que el correspondiente al difunto, y heredará sus bienes. También es importante la vision del matrimonio institucionalizado en esta legislación, porque exhibe un profundo entendimiento patriarcal del matrimonio, donde la mujer es “tomada” por el hombre como “máquina” de producir progenie.

La pregunta de los Saduceos se basa en la legislación mosaica y tiene varias intenciones específicas:

(a) Primero, la realidad es que la pregunta nos es meramente de contenido, sino que tiene como intención minar la credibilidad de Jesús, y ponerlo cara a cara ante Moisés. El asunto real es uno de fidelidad a la Torá, y un cuestionamiento a la autoridad de Jesús para interpretar éstas con exactitud.

(b) Segundo, el rompecabezas que los Saduceos presentan a Jesús confronta dos (2) nociones sobre la vida después de la muerte que compiten entre sí. La primera noción es que existe la preservación de la vida por medio de la propia progenie garantizada por el levirato (verso 28) , y la segunda es un cuestionamiento sobre la existencia real de la resurrección (verso 33).

La argumentación implícita en el cuestionamiento de los Saduceos es que Moisés defiende la creencia en la inmortalidad por medio de la progenie producida en el matrimonio por levirato, lo que hace absurdo la resurrección; y por lo tanto, la Torá excluye la creencia en una vida venidera.

La réplica de Jesús no se hace esperar y se divide en dos (2) partes (versos 34-36; 37-38). La primera parte de la réplica tiene que ver con la naturaleza de la creencia en la resurrección, y la perspectiva desde la cual uno podría entender el propósito de Dios. La segunda réplica tiene que ver con la interpretación de la Torá.

En la primera réplica, fundamentalmente, Jesús contrasta las dos (2) tipos de personas que existen, las dos (2) eras (eón) y dos (2) dos prácticas con relación al matrimonio:

Jesús les dijo: Los hijos de este siglo se casan y son dados en casamiento. Pero los que fueron tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo, y de la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en casamiento, pues no pueden ya más morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección (Lucas 20: 34-36).

La frase “los hijo de este siglo” literalmente se refieren a aquellos con los que Jesús ha estado debatiendo (verso 34), y esto contrasta notablemente con aquellos que son “hijos de la resurrección” (verso 36). Cuando en el tercer evangelio se utiliza la expresión “hijos de…” no se refiere a descendencia sino al carácter, a sus actitudes y comportamientos. Por lo tanto, Jesús esta hablando de los “hijos de este siglo” se refiere a aquellas personas que ya el conocía y que estaban orientadas hacia las preocupaciones cotidianas del honor, el estatus y la reciprocidad o cosas similares (Lucas 16: 8-9).

Ahora bien, el segundo grupo de personas que son “aquellos quienes fueron tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo” (verso 35), que no se auto justifican, ni auto promueven, y que tienen una disposición hacia la misericordia, la generosidad sin expectativas de reciprocidad, y aman a los enemigos. Jesús asume una separación entre los primeros, que son de “ésta era”, y los que son de la “era por venir”

Es importante observar la expresión de Jesús al hablar del matrimonio, “se casan y son dados en matrimonio” (verso 34), o “ni se casan, ni son dado en matrimonio” (verso 35). Jesús cambia el enfoque del levirato donde un hombre “toma obligatoriamente una esposa” (verso 28, 29, 31), para incluir la participación de la mujer en la decisión matrimonial. Esto es importante porque en la réplica, Jesús reorienta por medio de su visión escatológica la posición pasiva de la mujer en el matrimonio, que es avalada por el patriarcalismo y afirmada por el levirato, a una participativa en la toma de decisiones.

Para Jesús, el tipo de persona que está alineada con las necesidades de este siglo [los hijos de este siglo], son las participantes en el sistema previsto y defendido por los Saduceos. Este sistema de los saduceso está enraizado en la legislación que sostiene el matrimonio por levirato, en la que las mujeres que son “tomadas” y son hechas vehículos necesarios para la continuidad del apellido y la herencia.

Por otro lado, aquella persona que extrae su “perfil” de la “era por venir”, donde la gente se parecerá a los ángeles en la medida que no se enfrentan ya a la muerte, el matrimonio no existe. Jesús debilita la ordenanza del levirato por medio de su crítica radical a dicha práctica, ya que esta define el matrimonio alrededor de la necesidad de la procreación, cosificando a la mujer. Jesús rechaza que el valor de la mujer provenga exclusivamente de la producción de hijos para el patrimonio familiar.

Jesús subraya así lo absurdo de la pregunta de los Saduceos al socavar sus premisas principales:

(a) Primero su percepción de la naturaleza de la “era venidera” es incorrecta. Ellos ven la vida venidera como una prolongación de la vida cotidiana.

(b) Segundo, los Saduceos no tiene en cuenta la realidad de que la “era venidera” ya afecta la vida presente. Con Jesús se inicia el reino de Dios, es decir la era escatológica ya está entre nosotros.

La segunda parte de la réplica de Jesús tiene que ver con la interpretación correcta de la Torá (verso 37-38):

Y en cuanto a que los muertos resucitan, Moisés también lo indicó en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, y Dios de Isaac y Dios de Jacob. Así que no es Dios de muertos sino de vivos, porque para El todos viven (Lucas 20: 37-38)

Dado que los Saduceos otorgan prioridad a la Torá, Jesús mismo recurre a Moisés para proporcionar una base bíblica a la creencia en la resurrección.

(a) Primero, basándose en Éxodo 3: 6, 15, Jesús señala que cuando, Dios estaba hablando a Moisés, Él era todavía Dios de los patriarcas que habían fallecido, Abraham, Isaac y Jacob.

(b) Jesús infiere lo absurdo que sería que Dios difundiera una relación de pacto con personas muertas;

(c) Concluye Jesús, que, Abraham, Isaac, y Jacob debían estar por lo tanto vivos;

(d) Y deduce, que al relatar su experiencia de la “zarza ardiendo”, Moisés mismo atestiguó la creencia en la resurrección.

La última frase de la segunda réplica: “porque para El todos viven” tiene como intertexto al libro apócrifo, IV Macabeos 7: 19 (“seguros de que en Dios no mueren, como no murieron nuestros patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, sino que viven en Dios.“) y 16: 25 (“Ellos mismos estaban convencidos de que quienes mueren por Dios viven para Dios, como Abrahán, Isaac, Jacob y todos los patriarcas.”) , donde se afirma que los mártires “viven para Dios” al igual que los patriarcas.

Estos texto, tanto el de IV Macabeos, como los que están bajo nuestra consideración, descartan que sea su fidelidad al enfrentar la muerte, lo que le ha dado la resurrección, mas bien, se afirma que la resurrección la han recibido de Dios. Ya Lucas nos había anticipado la naturaleza de la vida de la resurrección en su referencia a Lázaro, quien fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, quien estaba vivo (Lucas 16: 22-23).

APLICACIÓN

Muchas personas niegan o afirman conceptos y prácticas que desconocen su origen, y mucho menos su significado. En este mismo pasaje de Mateo 22: 23-33 y Marcos 12: 18-27, Jesús declara que están totalmente equivocados, no en su derecho a preguntar, sino por la premisa que han establecido como base para su pregunta. He aquí la razón de la necesidad de conocer los límites de nuestra reflexión y acción como creyentes en Jesucristo.

Jesús le dice, primeramente, y en el lenguaje coloquial de Lucas, que en la vida venidera, es decir en la resurrección, no existen las mismas categorías humanas y terrenales que en la vida actual. Es decir la resurrección no es una simple prolongación de la vida en la tierra. La resurrección es una vida plena donde las necesidades actuales y la muerte no existirán. Por lo tanto, la pregunta es impropia porque, ignora los fundamentos mismos de la doctrina bíblica.

Es lamentable que las personas hayan impuesto sus interpretaciones o creencias particulares sobre los conceptos trascendentales de las Sagradas Escrituras y la naturaleza del poder y amor de Dios. Existen fronteras de libertad en la fe y en la práctica cristiana.

Cuando hablamos de fronteras de libertad en el ámbito teológico o eclesiástico, (término que he utilizado en otros artículos), me refiero a los principios y normas que mayoritariamente son aceptadas por la comunidad cristiana, y que por su arraigo en la naturaleza de la iglesia, y el prolongado tiempo de su observación y desarrollo a través de la historia, forman parte de la concepción misma de la práctica de la fe. Cuando por nuestra ignorancia, temeridad o rebeldía cruzamos las fronteras de libertad establecidas, la confrontación es inevitable y necesaria.

Jesús establece que existen límites en nuestras interpretaciones y acciones a favor del Reino, muchas veces establecidas por las circunstancias o contextos desde los que reflexionamos y actuamos. Los límites de nuestra reflexión y acción están primeramente en las interpretaciones que hacemos y las acciones que provienen de las mismas.

No hay nada incorrecto en pensar, inquirir, cuestionar o dudar; sin embargo, cuando asumimos que el proceso mental y reflexivo no requiere de otras fuentes igual o más versadas para depurar nuestros planteamientos, podemos caer en la violación de las fronteras de libertad que la Biblia y la reflexión teológica de la iglesia han establecido.

El depósito del Evangelio del Reino de Dios nos ha sido delegado por Jesucristo, por las Sagradas Escrituras y la tradición cristiana a la que el Espíritu nos ha unido, y es nuestra responsabilidad preservarlo, predicarlo y enseñarlo a las nuevas generaciones, considerando el contexto histórico y social, reconociendo siempre los límites de nuestra humanidad y que el mismo Evangelio nos impone. Muchas bendiciones!

2 respuestas para “Zapatero a tu zapato: los límites de nuestra reflexión”

  1. Mi hermano José Agustín: Muchas gracias por tu comentario. Solo quiero ser fiel al texto. Al contestar Jesús a los saduceos hace una expresión de vital importancia para entender la resurrección y cito:

    ” pero en cuanto a los que sean dignos de tomar parte en el mundo venidero por la resurrección…” (verso35),

    La resurrección no es tiempo de juicio, sino una promesa y un resultado posterior de un juicio. En la resurrección el juicio a pasado ya, y los que participan en esta lo hacen en virtud a su fe en Jesucristo. El apóstol Pablo lo dice en Tesalonicenses:

    “…y los muertos en Cristo resucitarán primero” ( 4:16).

    Es decir la resurrección es el cumplimiento de una promesa hecha por Jesucristo a todos los que han creído en él.

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  2. A todo lo expresado que concuerdo con todo lo planteado por ti seria bueno considerar también una de las razones de sus actitudes ante la resurrección. Me parece que el texto de Lucas 16:19-31 sobre el rico y Lázaro nos iluminan al respecto. En la resurrección entra el juicio divino sobre nuestro comportamiento en este mundo. Un grupo de priviliegiados, insensibles a las necesidades de los demás no quieren compartir lo que tienen con otros. Se quedan en la vida presente(este mundo) porque están muy acomodados no quieren perder poder y privilegios.

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