Una segunda oportunidad para un preso político

cruz

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 24 de noviembre de 2013, lo encontramos en Lucas 23: 33-43. Este texto cierra el ciclo del Evangelio de Lucas que hemos estado predicando durante este año, y da inicio a la época de adviento a partir del próximo domingo. Me siento muy nostálgico al saber que no volveremos a Lucas hasta que hayan pasado varios años en el calendario eclesiástico.

Me llama la atención los texto 42 y 43, en los cuales Jesús inicia un diálogo con uno de los “criminales” que le acompañaban en su proceso de crucifixión. ¿Quiénes eran estos llamados “criminales”? Es importante reconocer que no eran criminales comunes como algunos creen. Mateo y Marcos los llaman insurrectos. La insurrección es un grado de enfrentamiento que puede variar desde la desobediencia civil, la rebeldía, la lucha armada o las revoluciones que pretenden deponer a la autoridad establecida. En este caso particular eran los “patriotas” judíos que se habían enfrentado al aplastante imperio romano. ¿Cuál había sido el proceso judicial al que se habían enfrentado?  No lo sabemos, pero habían sido sentenciados a la pena de muerte por el imperio.

Es posible que estos pertenecieran a los grupos insurgentes de Barrabas, pero no lo sabemos a ciencia cierta.  Su principal delito no era el robo, porque la crucifixión no era un método de ejecución para criminales comunes. La ejecución por crucifixión era reservada para personas que el Imperio Romano deseaba que su castigo fuera ejemplar, que afirmara la hegemonía política de Roma,  y fuera un disuasivo a este tipo de acción. Solo los hallados culpables de insurrección, desobediencia y traición al imperio, eran llevados a la cruz. Así que estos criminales, según el relato, no eran criminales comunes ni vulgares, eran personas que habían desafiado el poder del imperio y resistido su dominio, delitos considerados por el Estado Romano, como dignos de una muerte atroz.

Lo que diré a continuación, ninguno de los demás Evangelio lo registra, solo Lucas lo narra. Uno de los insurgentes se une al coro de los soldados romanos y los magistrados judíos…”Si eres el Cristo sálvate a ti mismo y a nosotros” (verso 39). Sin embargo, el otro consciente de que sus acciones de desafío al imperio los habían llevado a esa situación de muerte, le llama la atención a su colega…y volviéndose a Jesús, en un acto de reconocimiento de su grandeza y deidad le dice: “…acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (verso 42).

Este preso político se hace consciente de que sus esfuerzos humanos por derrotar aquel imperio demoníaco habían sido infructuosos, sin embargo Aquel que estaba a su lado en la cruz era el único que lo podía vencer por la fuerza de su amor.  Este patriota que había luchado contra el imperio para lograr la autonomía de su nación, y que consideraba era lo mejor para su pueblo, ahora entiende que lo que el pretendía lograr con su lucha, solo se encontraba en la propuesta de  Jesús, que iba a morir junto a él.   Lo que él con su lucha armada no había logrado, Jesús lo estaba logrando. Este acto de fe en el poder, la deidad y la realeza del Señor Jesucristo, a pesar de que la cruz parecía decir lo contrario…es uno de los actos de fe más impresionantes de los relatados por los Evangelios.   Solo el Espíritu de Dios pudo haber revelado esta verdad.  Este es un ejemplo de las segundas oportunidades que da el Señor. Este insurgente judío, reconoce en el momento de la muerte, la verdad sobre Jesús y recibe una oportunidad de salvación única: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (verso 43). Jesús le dice…el orden político, social y económico que estás buscando lo encontrarás hoy en mi Reino.

Quizás anheles una segunda oportunidad. Una oportunidad para reparar una relación rota o aprovechar una oportunidad que no valoraste. Es posible que quieras una segunda oportunidad para realizar un sueño que has pospuesto o un compromiso que has querido cumplir y no has podido. Posiblemente estas buscando una segunda oportunidad para acercarte a Dios y reconciliar tu vida con El.  Hoy es tu oportunidad…Jesús te lo dice: “Te aseguro que hoy…” tendrás esa oportunidad. ¡Muchas bendiciones!

3 Replies to “Una segunda oportunidad para un preso político”

  1. EXCELENTE OPINION PARA QUIENES ANHELAN UNA SEGFUNDA OPORTUNIDAD, Y CREO Q TODOS NECESITAMOS DE UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD YA SEA PARA TODOS LOS FACTORES Q UD HA MENCIONADO, TGO UNA INTRIGA Y ES UNA CUESTION DE DISCUSION CON UN GRUPO DE AMIGOS YA Q ELLOS SE INCLINAN POR DAR UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD A UN POLITICO QUIEN COMETIO FRAUDE PECULADO Y TODOS LOS ACTOS DE CORRUPCION, DE ALGUNA FORMA ELLOS YA ESTAN DANDO SU APOYO Y LA VERDAD ME SIENTO DECEPCIONADO CON ELLOS E INCLUSIVE ME TILDAN COMO UN EXTREMO Q NO DOY UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD A UNA PERSONA QUE DESEA REIVINDICARSE, SOY DE LA OPINION QUE LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES SON PARA LAS OPCIONES QUE UD MENCIONA, PERO EN LA POLITIKA NO ES ASI YA Q EL SR CORRUPTO SE BURLÓ DE LA NECESIDAD DE LOS MAS NECESITADOS Y SOBRE TODO DE LOS NIÑOS Y ESO PARA MI NO TIENE PERDÓN, me gustaria que me escribiera a mi correo, estaré eternamente agradecido

    1. Gracias por leer mi escrito y comentar al respecto. Solo quiero hacerte una aclaración entre dos conceptos diferentes: un preso político y un político preso. Un preso político es una persona que motivado por sus convicciones o ideologías se le ha acusado de realizar actos ilegales, especialmente contra el Estado. Un ejemplo de esto fue Nelson Mandela, preso 27 años por sus convicciones. Un ejemplo mas cercano es Oscar López Rivera, preso puertorriqueño por mas de 32 años. Un político preso es un funcionario electo por el pueblo o con un nombramiento de confianza que comete delitos relacionados principalmente con abuso del poder delegado o corrupción. Un ejemplo de esto fue Edison Misla Aldarondo, Presidente de la Camara de Representantes, preso por currupción.
      La realidad es que las segundas oportunidades se le da a un ser humano para que se reivindiquen de actos incorrectos o de acciones que por omisión no pudo realizar en el pasado. Siempre es un acto de compasión, no es un acto al cual el individuo tenga derecho. Ahora bien debemos ponernos en el lugar de la otra persona, consciente de que en algún momento podríamos cometer errores similares. Hay actos tan repudiables que se nos hace difícil dar segundas oportunidades, sin embargo, es en esos casos donde requerimos la asistencia de Dios para superarlas. Es posible que ese sea tu caso. De todas formas, nadie puede obligarte a dar segundas oportunidades, en muchas ocasiones es un proceso que nos cuesta algún tiempo para procesar el mismo. Nuevamente, Gracias.

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