Cuando las "armas" de guerra y violencia son transformadas en “instrumentos de paz”

Josue el agricultor
**El retrato es de mi nieto mayor Josué, que le gusta la agricultura.

Por Samuel Caraballo-López

Este domingo 1 de diciembre de 2019 comienza la temporada de Adviento (adventus Redemptoris). La palabra adviento significa llegada, y este tiempo es de preparación, no para la espera de un bebé nacido en Belén, sino para el retorno del Hijo del hombre con poder y gloria (παρουσία, parousía ), que viene a juzgar y redimir este mundo violento y caótico.

La temporada de Adviento  en el calendario litúrgico se refiere a los cuatro (4) domingos antes de la celebración de la Navidad. Además con el adviento comienza el Año Litúrgico de la iglesia cristiana. Dos texto serán usados en este primer domingo; Isaías 2:1-5 y Mateo 24: 36-44.

En el primer texto el profeta Isaías nos traslada por medio de una visión a Judá y Jerusalén (verso 1), y que nos muestra la culminación de la historia, donde los instrumentos de guerra y de violencia son transformados en “arados y hoces” (verso 4b), que son instrumentos pacíficos para el cultivo de la tierra.  “No alzará la espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra” (verso 4c).  ¡Qué maravilla! Una visión de esperanza donde el Señor por su Palabra juzgará las naciones y transformará el orden mundial caótico en un orden de paz, donde more la justicia. El profeta nos invita a participar en ese nuevo orden, que él llama caminar a la luz del Señor (verso 5).

Isaías describe la culminación de todas las promesas hechas a Judá y a Jerusalén en una época en que pareciera imposible el cumplimiento de un oráculo como ese.  El espíritu expansionista del imperio asirio amenazaba el mundo existente en convertirlo en su  vasallo. Sin embargo, Dios no depende de dichas amenazas históricas para hacer presente sus planes y promesas. Según el oráculo, el monte de Jerusalén será como un faro luminoso, que alumbra y orienta a todo el mundo existente (verso 5).

El segundo texto es parte del discurso escatológico de Jesús en el evangelio según Mateo, y mas específicamente, nos habla del tiempo desconocido de su venida. En este pasaje se nos quita toda fantasía sobre ese nuevo orden, al decirnos que el día ni la hora en que esto ocurrirá nadie lo sabe, solo Dios Padre:

Pero acerca de aquel día y hora, nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre (Mateo 24: 36)

Me parece muy importante que los cristianos entendamos que el intentar utilizar las imágenes apocalípticas para tratar de saber lo que solo el Padre sabe, es uno de los mayores errores que tendemos a cometer. El intentar de controlar la venida de Cristo por medio de “especulaciones apocalípticas”, o de “mapear” eventos contemporáneos para determinar el significado y dirección de la historia, es desatender la clara advertencia de Jesús, que se expresa en el texto anterior y en otras enseñanzas canónicas:

Les dijo (Jesús): No os toca a vosotros saber los tiempos o las épocas que el Padre puso en su sola potestad, (Hechos 1:7)

Tres (3) ejemplos utiliza, Jesús para hablarnos de lo sorpresivo de este evento: (1) el relato del diluvio (verso 37-38), (2) un evento de secuestro o de toma de prisionero (40-41), y (3) lo incierto de la llegada de un ladrón en la noche (verso 43).

Con estos ejemplos, Jesús nos dice que este evento es indetectable, inesperado, y creará un cataclismo a nivel mundial (Mateo 24: 30). No hay duda que lo sabemos, el nuevo orden no cabe en el viejo. Sin embargo, Jesús nos dice dos (2) cosas que podemos hacer para que la irrupción de este nuevo orden no nos encuentre desprevenidos: vigilar y prepararse (verso 44-46).

Primero, tenemos que estar vigilantes. La vigilancia es el monitoreo o atención del comportamiento de una persona que está bajo nuestra responsabilidad, o de un fenómeno que puede causar daño a otros. La vigilancia cristiana tiene dos (2) dimensiones, la auto vigilancia y la vigilancia compasiva al prójimo. La primera el Apóstol Pablo la menciona en 2 Corintios 7:1-2. Frente a la promesa hecha de Jesús de su retorno glorioso, debemos vigilar nuestra conducta con esmero y cuidado cada día, consagrando nuestra vida  a su servicio. La oración del salmista es la más representativa de lo que es auto vigilancia:

Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
    ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
Fíjate si voy por mal camino,
    y guíame por el camino eterno (Salmo 139: 23-24).

La vigilancia compasiva del prójimo es el deber del amor. Si observo que mi hermano toma un camino incorrecto, con una actitud de compasión, poniéndome en su lugar, le acompaño para hacerle entender su realidad y guiarle por la senda correcta (Gálatas 6: 1-2). 

En cuanto a la preparación, Jesús se refiere al fiel y cabal cumplimiento de nuestra misión como sus discípulos, y como residentes en este nuestro planeta (Mateo 24: 45-46). El texto que continúa al que hemos citado de Lucas (1: 7) nos da la clave de lo que significa estar preparados:

pero recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalem, en toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1: 8)

Estar preparados es cumplir diligentemente nuestra misión de ser testigos de la obra redentora de Cristo en todo lugar y foro en que se nos permita estar. El carácter dramático del lenguaje apocalíptico con que Jesús presenta su mensaje tiene como intención que los discípulos comprendan el desafío que representan estos tiempos, y estén alerta para la proclamación del evangelio.

El tiempo en que los seres humanos alcanzarán la plenitud de la historia, que se inició con la encarnación de Jesús, está completándose. Los signos de los tiempos lo están gritando. Adviento es un recordatorio de que Jesús a de retornar a esta tierra, a completar lo iniciado en su primera venida, y que fue anunciado por los profetas. El vendrá a dar por terminado las acciones del “caos primigenio” (Génesis 1: 2; Apoc. 20: 2, 10) y establecer “cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3: 13).

Lo más importante es que estemos vigilantes preparados en estos tiempos de desafío, siendo instrumentos de justicia, fomentando el “shalom”, y proclamando las buenas noticias del reino de Dios. ¡Muchas bendiciones!

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