José A. Cedeño…un verdadero pastor y profeta que se jubila

Jose A. Cedeno 2

Por Samuel Caraballo-López

Amós le respondió a Amasías: —Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que cuido ovejas y cultivo higueras. Pero el SEÑOR me sacó de detrás del rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel.” (Amos 7: 14-15)

El pasado domingo 8 de diciembre de 2013, celebramos el culto de jubilación de nuestro compañero pastor José A. Cedeño Santiago. Luego de 44 años de labor intensa y vocación irrefutable como pastor, se acogió a la jubilación. Cedeño ha sido un intachable pastor, un profeta insobornable, poderoso predicador, un excelente abuelo, padre, esposo y amigo.

La ceremonia de jubilación estuvo concurrida, como evidencia de las excelentes relaciones que este pastor tenía con sus colegas, iglesia y comunidad. Comenzó muy joven por estos complejos caminos del ministerio pastoral, con esa pasión que da la juventud y con la valentía que nos da la inocencia. Se inició como pastor en su pueblo natal, los campos del Yauco de Abel Nazario. Su peregrinaje lo lleva a Salinas y sus campos, muy especialmente Sabana Llana y el Coco, dos barrios que tienen vínculos conmigo, porque allí vivió y murió mi padre, un pastor pentecostal de 43 años de ministerio. Luego de llegar a Santa Isabel y ser mi colega mientras yo pastoreaba en Ponce, pasa ser secretario ejecutivo de la IEUPR. Recuerdo que bajo su incumbencia se ordenó a la Rvda. Vilma Machín, en ese entonces Directora de Educación Cristiana a nivel denominacional. Fue la primera vez (y creo que la última) en la historia de la Iglesia Evangélica Unida de P.R., que se ordena a una persona sin tener una iglesia a cargo.

Un evento inesperado cambio su historia, el fallecimiento del Rvdo. Luis A. Orengo, que lo ubica nuevamente como pastor de la IEUPR, ahora en la ciudad metropolitana de Santurce para el 1987. Cedeño fue mi colega nuevamente en el Distrito Norte por espacio de ocho (8) años, mientras yo ejercía como pastor en Villa Prades, Río Piedras. No fue fácil su arrancada en la congregación de Santurce, que además tenía el Colegio Dr. Charles I. Mohler a su cargo. Allí Cedeño se pulió, vivió en carne propia lo que es el crimen y la violencia. En ese contexto particular de Santurce, en la Calle que lleva el nombre de Luis A. Orengo, crió sus hijos y formó su carácter como pastor metropolitano.

Cedeño fue mi compañero de estudios en el Seminario Evangélico en el 1982, su último año en la institución. Aunque tomamos muy pocas clases juntos, fue un gran compañero de estudio. Ciertamente, Cedeño fue un gran líder en sus ejecuciones en el Concilio Ejecutivo. Fue uno de los líderes más consistentes e inteligentes dentro del Concilio Ejecutivo. Siempre sus aportaciones fueron atinadas, con sabiduría y pertinencia. Como moderador hizo una encomiable labor en las gestiones propias del cargo. Su voz fuerte, consistente y articulada lo distinguieron como uno de los grandes predicadores, y posiblemente el mejor “lector de los tiempos” de la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico.

Solo recuerdo haber tenido una diferencia teológica con él, que se suscitó durante sus funciones como moderador en la famosa Asamblea de Desafiliación de la UCC del 2006. Aunque, no me agradó su gestión como moderador en ese evento, esto no le restó ni una pizca al respeto y admiración que siento por él. Como dice el refrán “una golondrina no hace verano”.

Cedeño siempre fue formal en su vestir, en su hablar, escribir, predicar, enseñar, en su preparación y su proyección pública. Su modelaje se ha hecho patente en sus hijos e hija, que proyectan con sus acciones la influencia marcada de su padre. No hemos conocido escándalos en Cedeño, su integridad es su carta de presentación. Siempre ha defendido lo que cree y ha sido respetuoso con los que difieren de él.

Ciertamente la jubilación de Cedeño es el comienzo de un cambio generacional en la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico. Su ausencia del púlpito, de las reuniones del Concilio y del ambiente pastoral será palpable. Hoy nos despedimos de nuestro compañero Cedeño y se nos forma un “taco en la garganta” y un enredadera de sentimientos en el corazón. Con Cedeño se nos va uno de los más grandes ejemplos de lo que es un pastor que le apasiona la Palabra y le inspira un profundo amor por su pueblo. No hay duda que mi hermano José A. Cedeño representa una especie de pastor en peligro de extinción. Te extrañaremos, hermano. !Muchas bendiciones!