Confort: El asesino de la esperanza

 

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Por Samuel Caraballo-López

El texto  para el 22 de enero, tercer domingo después de epifanía,  se encuentra en el Evangelio Según Mateo 4: 12-25.  Me parece muy significativo  el proceso que ocurre en Jesús después que Herodes Antipas arrestó a  Juan el bautista en Judea.   Jesús primero se retira a Galilea, y muy especialmente se muda  a   Capernaum, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, el antiguo Israel del Norte. Dos preguntas asaltan mi mente: ¿por qué Jesús convierte a Galilea en la plataforma de su ministerio y no a Judea? ¿Por qué si se retira a Galilea no se queda en Nazaret donde se crió y vive su familia, y prefiere mudarse a Capernaum? Creo que aquí hay una clave para el ministerio cristiano.

En Mateo 4: 15-16 (citando a Isaías 8: 23–9: 4), Galilea es llamada “Galilea de los gentiles”, refiriéndose a dos posibles aspectos.  Primero, al estado de ocupación y tinieblas en que se encontraba el país en tiempo de Jesús.  Es en Galilea donde más cruda se ve la realidad de las estructuras contrarias a Dios, en todas las dimensiones humanas y espirituales.   Es en ese lugar donde la condición política, social, económica y religiosa se contrapone al propósito de Dios,  y a su vez, es en este lugar que comienza a manifestarse la luz de los propósitos de Dios para el mundo. Galilea es la puerta para confrontar las estructuras mundanas y rebeldes a Dios.  La luz del Reino del Dios, que se manifiesta con justicia, gozo y paz, y que a su vez rompe el yugo opresor del mal,  se hace presente en el ministerio de Jesús en Galilea.

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Segundo, tanto en Isaías (9: 1-4) como en Mateo 4:12-23, la luz de la revelación divina se extiende desde Galilea a todos los paganos.  El Evangelio es para  las naciones y no solo para Israel.  El ministerio de Jesús en Galilea  anticipa el cumplimiento de la gran comisión que es universal y atemporal. Galilea será la nueva plataforma de Jesús para la predicación de las buenas noticias del Reino a todo el mundo (Mateo 28: 7, 16-20).

Es interesante  el evento de la mudanza de Jesús del lugar donde vivía en Nazaret, a Capernaum, un nuevo escenario que se convertirá en su hogar (Mateo 9: 1).  El concepto de mudarse o cambiar de escenario, sea físico o espiritual, es una constante en  el desarrollo ministerial en la historia de la salvación. En el  llamado a Abram, Dios le requirió: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré” (Génesis 12: 1ss).

Según el teólogo español, Juan José Tamayo en su libro Invitación a la utopía (2012), una de las patologías más destructivas que tiene la esperanza y el ministerio cristiano es el instalarnos cómodamente en el presente, sin mirar al futuro.  Es ese “demonio” de conformismo que se resiste al cambio y desea preservar el “status quo”, especialmente si le es favorable,  lo que ha anulado la efectividad  de tantos ministerios cristianos.

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Jesús al enterarse del encarcelamiento de Juan, entiende que llegó el tiempo de iniciar  su ministerio, y se mueve al lugar más oscuro del territorio galileo.  Con este cambio geográfico, Jesús demuestra su insatisfacción con el orden establecido, su desafío al sistema de maldad imperante y su negación a colaborar con dicho sistema.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.» (Mateo 4:17)

Ahora bien, esta propuesta requiere una organización para realizarse, así que Jesús elige su equipo de trabajo, porque no existe ningún proyecto divino que se pueda realizar en aislamiento. El llamado de los primeros discípulos también ocurre en el contexto de Capernaum; dos parejas de hermanos pescadores del Lago de Galilea son llamados a ser portavoces del Reino de Dios y su justicia.

Lo interesante es que a diferencia de los rabinos judíos de su época, que eran sus discipulos quienes les elegian, Jesús es quien elige a los suyos en una forma que evoca el llamado de los profetas veterotestamentario…. «Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres.». (Vea 1 Reyes 10: 19-21). El Evangelio de Juan expresa dramáticamente este momento del llamado a los discipulos:

Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; (Juan 15:16)

Al ser llamados por Jesús los discípulos responden vocacionalmente y se enlazan a la misión de por vida.  Seguir a Jesús significa compartir toda la vida y la misión del maestro en mis acciones cotidianas.

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No hay duda que solo cuando “mudamos” nuestros pensamientos y acciones del lugar de confort en que nos encontramos al nuevo escenario que Jesús nos muestra, es cuando el ministerio cristiano comienza a ser poderoso y  efectivo.  Es ahí cuando ocurre la anhelada epifanía en nuestros contextos. Es ahí cuando la Iglesia recupera su “Candelabro”.  !Muchas bendiciones!

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