Para que puedas ver y entrar al reino de Dios…

Nicodemo y Jesús.jpg

Por Samuel Caraballo-López

“porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo.” (Romanos 14: 17, NVI)

El texto para este domingo 27 de mayo de 2018, segundo domingo de Pentecostés o de la Trinidad, lo encontramos en el evangelio de Juan 3: 1-17. El Evangelista Juan utiliza una experiencia que Jesús tuvo en su ministerio terrenal, con un maestro de los fariseos llamado Nicodemo, para ilustrar a su audiencia sobre el significado del nuevo nacimiento, requisito sine qua non para participar en el reino de Dios.

El relato comienza con la visita nocturna de un líder judío, llamado Nicodemo a Jesús en algún lugar de Jerusalen.  Parece ser que Nicodemo tenía un currículo vitae fenomenal, el narrador dice que era fariseo y  un magistrado de los judíos (verso 1), y Jesús le llama “el maestro de Israel” (verso 10). Estos títulos demuestran que era un hombre de mucho prestigio entre la élite judía.

Luego de la expresión inicial de Nicodemo, Jesús le dice, “Si alguno no naciere ἄνωθεν” de nuevo…, ¿cuál es el significado de estas palabras?  El propósito de este escrito es explicar ese significado primario, y proponer nuevos entendimientos de este para nuestro tiempo.

Antes de entrar en el análisis composicional y literario del concepto “nuevo nacimiento” en el Evangelio de Juan, es importante explicar brevemente como los Evangelios sinópticos conceptualizan la expresión “reino de Dios”.  

Primero, el reino de Dios es un concepto progresivo, y requiere que lo miremos como un todo dentro de cada evangelio.  En términos generales, podemos decir que el reino de Dios comienza como una buena noticia, un acontecimiento escatólogico que irrumpe en la realidad humana, y requiere arrepentimiento y fe de parte de los oyentes (Mc 1: 14-15, Mt. 4:17).  De hecho, la respuesta de fe a esas buenas noticias (evangelio) se convierte en la forma de iniciarse y participar en ese reino que se hace cercano (Mc. 4:11ss). El reino de Dios se presenta como algo que no podemos controlar y crece sin ningun control o condiciones humanas (Mc 4: 26ss).

En segundo lugar, el reino de Dios para el Jesús de los sinópticos, es la forma en que Dios encarna su presencia en la historia. Así, el reino de Dios se presenta como el mensaje de liberación y  fortaleza para vivir nuestro presente y de esperanza para los excluidos, sean los pobres, hambrientos, aflijidos, quebrantados, enfermos, endemoniados, es decir para todos los que sufren alguna desgracia o calamidad (Lucas 4: 16-21). En Lucas (11:20) y Mateo (12:28) el reino se distingue porque su presencia destrona a Satanás y los demonios,  y por las manifestaciones del poder de Dios (milagros, prodigios, señales)  en Jesús.

En tercer lugar, el reino de Dios requiere la actitud de un niño para participar plenamente en este (Mc. 10:15). Es importante explicar los niños en la cultura de los sinópticos representan a los que no tienen derechos o pueden valerse por si mismos y que carecen de puestos privilegiados en la sociedad. Solo cuando acogemos el reino de Dios como nuestra máxima esperanza y lo ponemos como especial tesoro, estamos aptos para valorar dicho reino. En Mateo, por ejemplo, se invita a los creyentes a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia,  y lo demás será añadido (6:33).

En cuarto lugar, tanto en Marcos y los demás sinópticos se ve el evento de la cruz el lugar donde se devela en forma plena el misterio del reino de Dios (Mc. 11:10). La manifestacion del reino de Dios se hace permanentemente presente con la muerte de Jesús en  cruz del calvario y su posterior resurrección.  Lucas-Hechos nos lleva más adelante en la manifestación del reino de Dios. A partir de Pentecostés el reino se da a conocer a traves de la vida y predicación de los seguidores de Jesús,  y todos aquellos, , judíos y gentiles que acogen por la fe a Jesús tendrán entrada a esa gracia del reino.

Luego de la breve explicación de este concepto central en la predicación de Jesús, retomemos el texto de este segundo domingo de Pentecostés. Según Juan, una noche un principal de los judíos llamado Nicodemo fue a visitar a Jesús. Este era un miembro de la secta de los fariseos, la  más apegada a la ley y a la moral judía.

El hecho de que Juan mencione que Nicodemo acudió a  Jesús en la oscuridad de la noche,  plantea tres posibilidades de interpretación: (a) él estaba evitando la vergüenza de que otros compañeros, e inclusive el pueblo, lo juzgara mal, (b) la tranquilidad que ofrecía la noche en Jerusalén era ideal para conversar, o (c) que la mención de la noche, sea un recurso literario del hagiógrafo para indicar que todavía la luz del evangelio no habia alcanzado a este maestro de Israel.  Su sentido común le decía que este Jesús, era más que un maestro tradicional de Israel, porque las obras que él hacía solo la habían hecho los grandes hombres de Dios en la antigüedad.

Así que las acciones y enseñanzas de Jesús demostraban su verdadera procedencia–“sabemos que has venido de parte de Dios…” le dijo (verso 2).  Nicodemo reconocía que Jesús procedía de Dios, pero no reconocía que era el Hijo de Dios, que es la declaración que demuestra la verdadera fe. El se acercó esperando alguna nueva enseñanza sobre la ley de alguien que parecía conocer y vivir muy cerca del Dios de Israel.  Su visita a Jesús, podría garantizar un conocimiento diferente a lo que él como rabino acostumbraba a enseñar.  Sin embargo, Jesús lo sorprende con su declaración, la que parafraseo:  “Tu problema no es sed por conocer cosas nuevas…tu problema es que tienes que nacer de nuevo, para que puedas ver el Reino de Dios” (Verso 3).

El concepto reino de Dios solo aparece dos (2) veces en el evangelio de Juan (3:3,5) y amba estan precisamente en el pasaje en discusión.

Respondió Jesús y le dijo: “De cierto, de cierto te digo: A menos que alguno sea nacido de nuevo no puede ver el reino de Dios” (verso 3).

Respondió Jesús: “De cierto, de cierto te digo: A menos que alguno sea nacido de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (verso 5).

Nicodemo, aunque  deseaba entender lo que Jesús le decía, su sistema de creencias rabínicas no le permite aceptar las implicaciones del comentario,  y trata de argumentar como todo buen fariseo, acostumbrado al debate público. El había nacido de una madre judía así que era parte del pueblo de Dios, y por lo tanto, era hijo de Dios (Exodo 4:22).  Jesús rechaza toda declaración que reclamaba privilegios en virtud a su nacimiento natural:

Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (3: 6).

Nicodemo, como buen fariseo, enseñaba que los esfuerzos por guardar la Torah es lo que nos gana el favor de Dios y nos abre las puertas del reino.  Jesús no pierde tiempo para refutar dicha postura—“tienes que nacer del agua y del Espíritu si quieres entrar en el Reino de Dios” (verso 5). agua2

¿Qué quería decir Jesús con esto del nuevo nacimiento? Hay dos (2) aspectos fundamentales en las declaraciones del Jesús del evangelio de Juan: (a)  El nuevo nacimiento es una acción divina vínculada al objetivo de Jesús en su sacrificio, que es ser el “Cordero de Dios”, que carga el pecado del mundo (Juan 1: 29) y (b) El Nuevo nacimiento es un acto de gracia que solo Jesús es capaz realizar por medio del bautismo en el Espíritu Santo, que implanta en el  corazón la vida, que tiene su origen, no en la tierra sino en el cielo  (Juan 1: 33; 3: 8,31).  Por lo tanto, el nuevo nacimiento se inicia al poner nuestra fe en Jesucristo (verso 3: 14-17) y se hace pleno por medio del bautismo de Espíritu Santo.

Nicodemo conocía las Escrituras, pero había condicionado su interpretación al modelo que le ofrecía la tradición rabínica.  El Profeta Ezequiel había hablado de ese nuevo nacimiento:

 “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Ezequiel (36,25-27):

El nuevo nacimiento tiene como propósito hacernos nuevas personas y abrirnos los ojos para ver, entrar y vivir en la nueva dimensión del reino de Dios.  Cuando esto ocurre un nuevo amanecer irrumpe en nuestro horizonte, invitándonos a ser guiados y alimentados por el Espíritu Santo de Jesús.

El profeta Jeremías, caracterizaba al falso profeta, como aquel nunca había estado en el consejo de Adonay, ni había escuchado su Palabra y por lo tanto tenía que inventar fantasías  para engañar a la gente (Jeremías 23: 16-18). Sin una entrada a la vida del Reino, el campo de nuestro saber sobre Dios estará agreste, sin el contenido adecuado, y  sin el suficiente entendimiento de la Palabra  para iluminar los senderos oscuros de nuestro pueblo.  Sin el nuevo nacimiento somos espectadores silentes del actuar de Dios en la historia, pero nunca actores juntamente con Cristo en este maravilloso camino de la vida.

Hoy como a Nicodemo Jesús te dice y me dice: “Tienes que nacer de nuevo”…. solo así estarás bajo el paradigma de la misericordia de Dios, que más que un  sentimiento, es una actitud fundamental que se encarna en el día a día, y nos permite contemplar, vivir y compartir el mensaje del reino de Dios a nuestras comunidades (Juan 1: 51).  Muchas bendiciones.

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