Para que puedas ver el reino de Dios…

Jesús y Nicodemo

Por Samuel Caraballo-López

“porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo.” (Romanos 14: 17, NVI)

El texto para este domingo 12 de marzo de 2017, segundo domingo de cuaresma, lo encontramos en Juan 3: 1-21. El Evangelista Juan utiliza una experiencia que Jesús tuvo en su ministerio terrenal, con un maestro de los fariseos, para ilustrar a su audiencia el significado del nuevo nacimiento, requisito sine qua non para participar en el reino de Dios.

Es importante explicar brevemente como los Evangelios conceptualizan la expresión “reino de Dios”.  Primero, el reino de Dios no es una ideología humana, sino la estancia y la condición en la que el ser humano vuelve a ser plenamente humano, sin las distinciones de clase producidas por el dinero, el poder, la apariencia y la fama.  Es en el reino de Dios donde la persona puede experimentar libertad, dignidad, madurez, sentido crítico, es decir, donde recuperamos la imagen del Creador.

En segundo lugar, el reino de Dios para Jesús es la forma en que Dios encarna su presencia en la historia. Así, el reino de Dios se presenta como el mensaje de liberación y  fortaleza para vivir nuestro presente y de esperanza para los excluidos, sean los pobres, hambrientos, aflijidos, quebrantados, enfermos, endemoniados, es decir para todos los que sufren alguna desgracia.

Luego de la breve explicación de este concepto central en la predicación de Jesús, retomemos el texto de este segundo domingo de cuaresma. Según Juan, una noche un principal de los judíos llamado Nicodemo fue a visitar a Jesús. Este era un miembro de la secta de los fariseos, la  más apegada a la ley y a la moral dentro de todas las existentes en Israel.  Su prestigio dentro de la sociedad jerosolimitana era ampliamente reconocido.  Acudió a  Jesús en la oscuridad de la noche, por dos posibles razones: (a) la vergüenza de que otros compañeros, e inclusive el pueblo, lo juzgara mal, o (b) por la tranquilidad que ofrecía la noche en Jerusalén para conversar.  Su sentido común le decía que este Jesús, era más que un maestro tradicional de Israel, porque las obras que él hacía solo la habían hecho los grandes hombres de Dios en la antigüedad.

Así que las acciones y enseñanzas de Jesús demostraban su verdadera procedencia–“sabemos que has venido de parte de Dios…” (verso 2).  Nicodemo se acercó esperando alguna nueva enseñanza sobre la ley de alguien que parecía conocer y vivir muy cerca del Dios de Israel.  Su visita a Jesús, podría garantizar un conocimiento diferente a lo que él como rabino acostumbraba a enseñar.  Sin embargo, Jesús lo sorprende con su declaración:  “Tu problema no es sed por conocer cosas nuevas…tu problema es que tienes que nacer de nuevo, para que puedas ver el Reino de Dios” (Verso 3).

Nicodemo, aunque  entendió lo que Jesús le dice, su sistema de creencias no le permite aceptar el comentario y trata de argumentar como todo buen fariseo, acostumbrado al debate público.Había sido enseñado que los esfuerzos que hacemos por agradar a Dios guardando las leyes y los mandamientos es lo que nos gana el favor y el conocimiento de Dios.  Jesús no pierde tiempo—“tienes que nacer de nuevo si quieres entrar en un entendimiento real de lo que es el Reino de Dios” (verso 5).

Nuevo nacimiento

¿Qué quería decir Jesús con esto del nuevo nacimiento? Hay dos aspectos fundamentales en las declaraciones de Jesús: (a)  El Nuevo nacimiento es un acto de gracia que solo Dios es capaz realizar (verso 8), y  (b) El nuevo nacimiento es una acción divina que se sostiene en el sacrificio de Cristo en la cruz, y que se activa a favor del ser humano mediante la fe en Jesucristo (verso 14-15).

Nicodemo conocía las Escrituras, pero había condicionado su interpretación al modelo que que le ofrecía la tradición rabínica.  El Profeta Ezequiel había hablado de ese nuevo nacimiento:

 “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Ezequiel (36,25-27):

El nuevo nacimiento es un regalo de amor que Dios hace a las personas al creer en Jesucristo.  El nuevo nacimiento tiene como propósito hacernos nuevas personas y abrirnos los ojos para ver y vivir en la nueva dimensión del reino de Dios.  Cuando esto ocurre entramos a un nuevo amanecer  invitados y guiados por Jesús de Nazaret.

El profeta Jeremías, caracterizaba al falso profeta, como aquel nunca había estado en el consejo de Adonay, ni había escuchado su Palabra y por lo tanto tenía que inventar fantasías  para engañar a la gente (Jeremías 23: 18). Sin una entrada a la vida del Reino, el campo de nuestro saber sobre Dios estará agreste, sin el contenido adecuado, y  sin el suficiente entendimiento de la Palabra  para iluminar los senderos oscuros de nuestro pueblo.  Sin el nuevo nacimiento somos espectadores silentes del actuar de Dios en la historia, pero nunca actores juntamente con Cristo en esta maravilloso camino de la vida.

Hoy como a Nicodemo Jesús te dice: “Tienes que nacer de nuevo”…. solo así estarás bajo el paradigma de la misericordia de Dios, que más que un  sentimiento, es una actitud fundamental que se encarna en el día a día, y nos permite contemplar, experimentar y compartir el mensaje del reino de Dios a nuestras comunidades (Juan 1: 51).  Muchas bendiciones.

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