Ser amigo de Jesús…¿valdrá la pena?

resurrección 2

Por Samuel Caraballo-López

El texto seleccionado para el 2 de abril de 2017, quinto y último domingo de cuaresma, se encuentra en el Juan 11: 1-44.  Este  particular relato de la “resucitación” de Lázaro se nos presenta como el  séptimo signo o señal de Jesús (Yeshua ben Yosef) en el  Evangelio de Juan.  Este signo nos inicia en la jornada final de Jesús. Es luego de este evento, que los judíos conspiran para  asesinar a Jesús (11: 53) y a Lázaro (12: 10).  Por otro lado, este relato también nos presenta la gran paradoja de cómo la muerte de Jesús es también una “conspiración” de Dios para traer la salvación a toda la humanidad (11: 49-52), tema que será profundizado en el próximo capítulo de Juan (12: 23-33).

Conforme al capítulo anterior (Juan 10: 40),  Jesús se encontraba en la región de Perea, al este del río Jordán, y recibe la noticia que su amigo Lázaro, estaba enfermo (verso 3).   El relato menciona el vínculo que existía entre Jesús, Marta, María y Lázaro.  El verso 4 es la clave para entender este capítulo: “Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.(NVI)

Hay dos (2) diálogos que son significativos en este pasaje, el de Jesús con sus discípulos en Perea (7-16) y luego con Marta en Betania (21-27).  Este primer relato con los discípulos pretende establecer una conexión entre la tardanza de Jesús, la muerte de Lázaro y el evento milagroso de la “resucitación” del fenecido.  Observa que no uso la palabra resurrección para referirme al milagro de Lázaro, la razón es que éste no resucita en el sentido teológico del concepto, aunque su “resucitación” es un signo que anticipa esa promesa divina. Lázaro vuelve a la vida humana, para luego volver a morir; sin embargo, en la resurrección los creyentes alcanzan la plenitud de la vida de Dios y son “como los ángeles en el cielo”  que ya no mueren (Mateo 22: 30-32).

Jesús, consciente de la condición de gravedad de Lázaro prolonga su estadía por dos día más, de tal forma que al llegar hubiesen pasado ya cuatro días de la muerte (versos 17 y 39).  Conforme a la creencia judía, el espíritu del muerto se quedaba tres días rondando para regresar al cuerpo, pero al cuarto ya no volvía más.    Este diálogo con los discípulos sienta las bases para entender el por qué Jesús tarda en llegar, y cómo a pesar de la  espera, los amigos de Cristo que “duermen”, serán despertados mediante su poder.  Así que Jesús no solo venció la muerte en el caso de Lázaro, sino que con Su propia muerte le dará la estocada final a ésta, anticipando  la resurrección de todos los que por la fe se constituyen en sus amigos.

A partir del verso 17, Jesús llega a Betania, y comienza un segundo diálogo con Marta,  y luego con María, que es claramente representativo del clamor de la comunidad cristiana que sufre  mientras espera la llegada de su maestro y amigo.

Marta  dijo a Jesús: Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto (verso 21). 

Lazaro 4

Esa declaración de Marta, que es repetida por María (verso 32), es el clamor de la iglesia que sabe que solo el poder de Jesús en su venida terminará cabalmente con el sufrimientos que el mundo provoca en sus seguidores.  Es la iglesia que pide que Jesús regrese para que “pague con sufrimiento a los que la hacen sufrir” y responda con descanso a aquellos que atribulados se encuentra impotentes para responder (2 Tes. 1: 6-8).

Hay un contraste entre la enseñanza de una resurrección al final de los tiempos y  la nueva enseñanza  que Jesús le declara a Marta:

Jesús le dijo: Tu hermano  resucitará.  Marta contestó: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.  Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida.  Quien cree en mí, aunque muera vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre.  ¿Lo crees? (verso 23-26, LBLA).

Lazaro

La comunidad de Juan necesita recibir, y a su vez, dar respuestas sobre la resurrección, dado que  la muerte de sus constituyentes ya está ocurriendo y la venida del Señor tarda.  En este pasaje  Juan responde a los creyentes  que para los amigos de Jesús, la muerte no es problema alguno.  El relato de Lázaro es un signo de que aquellos que confían en Jesús, no permanecerán en la oscuridad de la muerte, sino que tendrán la victoria definitiva sobre esta. 

Antes de finalizar este escrito tengo que contestar dos (2) preguntas: ¿qué significaba ser amigo de Jesús para la comunidad joanina? ¿Qué significa ser amigo de Jesús hoy? Primero, ser amigo del Jesús histórico no era algo que producía honor.  Jesús era considerado un galileo, es decir un pecador, inculto y carente de prestigio (Juan 1:46; 7:15).   Ser galileo era tener mala fama y era imposible para lo opinión pública que el Mesías viniese de esa región (Juan 7:41, 52).   Segundo, Jesús era considerado un bastardo, hijo de fornicación (Juan 8: 41; Marcos 6:3). Tercero, su desafío a los líderes religiosos y a la Tora, lo dejaban muy mal parado ante el pueblo. Había desafiado todo el sistema del templo (Juan 2: 13-21), decía que los judíos no pertenecían a su redil (Juan 10: 24-28), y eran hijos de vuestro padre el diablo (Juan 8: 44).

La verdad que ser amigo de Jesús era poner en peligro la vida, por lo tanto, parecía traer más problemas que bendiciones.  De hecho, antes y después de su muerte en la cruz por ser un blasfemo, que se quiso hacer igual a Dios (Juan 5: 18), violó el sábado (Juan 9:16) y amenazó con destruir el templo (Juan 2: 19), sus amigos tenían que ocultarse para evitar su muerte (Juan 7:1,13; 10: 34-39; 11: 8; 20:19).

Sin embargo, en el texto de hoy, Jesús dice: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo.” (Juan 11: 11, LBLA).  Es tal la fidelidad de Jesús por su amigo “que dormía”, que lo llama por su nombre y este escucha su voz desde la tumba, sale fuera y es desatado de las restricciones que impone la muerte.  Esa es la calidad de amistad que Jesús le ofrece a sus amigos. De hecho, en Juan 12: 1ss, encontramos a Lázaro libremente cenando con Jesús.  Entonces, sí hay múltiples beneficios en tener a Jesús como amigo.

En el Evangelio de Juan 15: 14-16, se nos hace una declaración sin precedentes:

Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando.  Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe qué hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os la di a conocer.  No me elegisteis vosotros a mí, sino que Yo os elegí y os puse para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé (BTX).

En este texto se caracteriza lo que es una amistad entre Jesús y los seres humanos. Primero, Jesús inicia la amistad entregando su vida por sus amigos.  !Cristo trazó la raya! Ahora bien, la amistad es una relación bilateral e igualatoria, por lo tanto, un amigo de Jesús es aquel, que mediante la gracia, se acerca a El, Dios le imparte la justicia y dignidad de Jesús, y éste le da a conocer todas las verdades que escuchó del Padre.  En la medida que estas verdades son entendidas y obedecidas, la amistad se incrementa, dando como resultado frutos permanentes producto de dicha amistad.

Por lo tanto, aceptar la amistad de Jesús implicaba hacer de manera radical lo que El nos comunicó del Padre, aún cuando estas verdades sean resistidas por el mundo, e inclusive por nosotros mismos. No nos engañemos, lo que distingue a los amigos de Jesús es su anhelo por poner en práctica, tanto en su vida personal como en su ministerio, todo lo que Dios ha comunicado a través de El. ¡Muchas bendiciones!

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