Cuando las puertas se cierran…

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Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 16 de abril de 2017, domingo de resurrección lo encontramos en Juan 20: 1-31.  Para los estudiosos de Juan este era originalmente el último capítulo del Evangelio.

Luego del mensaje de María Magdalena sobre su encuentro con el resucitado, los discípulos no entendieron (Juan 20:9), y por lo tanto no creyeron.  El anuncio de María Magdalena era inconcebible, porque Pedro y el  Discípulo amado habían estado en la tumba y no  vieron nada, excepto las vendas mortuorias de Jesús.  Además,  si  Jesús hubiese resucitado, a quien primero se hubiese manifestado, por rango jerárquico, era a Pedro. Eso era lógico! Sin embargo, esta  “mujer” decía haber tenido dicho privilegio, y eso era inaceptable.

Así que se encerraron en el aposento alto, llenos de temor, a llorar sus penas y a darse la “terapia de la frustración” al sentir que habían perdido el tiempo.  Habían caminado hasta Jerusalén desde Galilea, esperando que el Mesías manifestase su poder y gloria, y simplemente fue vilmente asesinado,  y ahora todos sus sueños de grandeza y de gloria se habían echado por la borda.    Por otro lado, los judíos, empoderados por su victoria, querían exterminar totalmente el movimiento de Jesús, y ellos corrían peligro.

Las puertas de aquel lugar estaban cerradas.  Juan presenta un símbolo importante.  Las puertas cerradas en un país donde estas siempre estaban abiertas durante el día, excepto por la vergüenza primeramente, luego como señal de luto,  angustia y confusión, denota el estado de ánimo de aquellos discípulos.

En aquella reunión no se menciona a María Magdalena, porque estoy seguro que ella sí estaba celebrando el acontecimiento supremo de su  vida, había visto al Señor en aquella mañana.  Ella se regocijaba y anunciaba, mientras ellos, sumergidos en su dolor, dudas y frustraciones permanecían encerrados, sin experimentar la bendición de saber que su Maestro había resucitado. !Ay, cuántos de mis lectores estarán así!

Solo quiero llamar la atención a dos (2) cosas importantes.  Primero las puertas cerradas de nuestra vida no son impedimento para que el Resucitado entre y se pare en tu medio. De hecho la tumba, aun cuando estaba cerrada con una pesada roca, esta no impidió la salida de Jesús.

Segundo, cuando el resucitado entra en tu encerramiento, y  si tú le reconoces,  El te ofrece su PAZ (shalom)  e imparte sobre ti su ESPÍRITU, para que se abran todas las puertas que han permanecido cerradas. He ahí la clave de la vida cristiana.

La palabra hebrea shalom significa entereza, salud, bienestar o toda clases de bienes (Éxodo 14: 18; Números 6: 26).  El shalom es un regalo de Dios por medio del Resucitado y que produce un ambiente de armonía tal que las partes del sistema puedan desarrollarse al máximo y alcanzar su plena actualización.  Por medio del shalom se remueven todos los obstáculos que han impedido tu desarrollo pleno, para que experimentes el bienestar personal y de tu mundo.

El  shalom es  una fuerza demoledora, limpiadora y transformadora.  Es aquella energía necesaria para reorganizar mi vida después de una debacle, de tal forma que mi crecimiento continúe como Dios lo ha establecido. Cuando las puertas del corazón se cierran con las pesadas cadenas del dolor, la soledad, el temor, la angustia y la confusión, solo la PAZ de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano, llega a tu vida, y corta estas, guardando tu mente y tu corazón en el Señorío del Resucitado (Filipenses 4: 7).

El shalom también es una condición, es un ambiente nutricional donde los individuos y grupos son alimentados y criados para tener fortaleza y herramientas para el alcance de ese desarrollo esperado. En ese ambiente los principados, potestades y dominaciones, que son contrarios al desarrollo de la vida humana son anulados y removidos para que permitan el desarrollo pleno (Colosenses 2: 14-15). El shalom es ese espacio en que los aspectos externos adversos pierden su hegemonía, y se cumplen los propósitos divinos.

El shalom es escudo de protección contra las fuerzas y ataques que pretenden detener a los seguidores de Cristo. El shalom nos guarda y preserva en medio de una sociedad que no tiene en sus noticias los valores del Reino de Dios. El shalom entonces es guardián, es la fuerza de resiliencia y fortaleza que nos permite avanzar contra el viento.

El shalom, finalmente,  es un regalo que brota de la Cruz y el  Cristo Resucitado da a sus seguidores (Juan 14: 27). Es herramienta para la vida. Es un regalo para todos y todas, ¿Por qué? Porque Cristo pagó por esto en la Cruz (Isaías 53: 5-6, 57: 19; Romanos 5: 1-2; Efesios 2: 17; Colosenses 2: 13-15).  Las crisis de la vida, más que intimidarnos, deben llevarnos a la comunión con Jesucristo, que a su vez nos regala su paz…que es fuerza, condición y escudo.

El Espíritu Santo es el que imparte el “shalom”, y que a su vez trae vida abundante, que nos permite responder a la misión encomendada por el Resucitado.  El Vive! Muchas bendiciones!

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