Emaús: cuando se secan las ramas.

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Samuel Caraballo-López

…pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lucas 24:21, 31, 32)

El texto del  4 de mayo de 2014, segundo domingo después de resurrección, lo encontramos en Lucas 24: 13-35.  Este pasaje bíblico nos habla de dos (2) caminantes, uno llamado Cleofas y otro sin nombre, que te representa a ti,  que se dirigían de Jerusalén a su lugar de residencia en Emaús. Se ha encontrado que esta aldea de Emaus, es hoy el antiguo poblado de El Qubeibeh, establecido  sobre una antigua fortificación romana llamada Castellum Emmaus, que se encuentra a una distancia exacta de sesenta estadios al norte de Jerusalén (11 kilómetros o 7 millas).  En el 1355, los franciscanos llegaron a aquel lugar y  descubrieron algunas tradiciones locales que permitieron la identificación de este, con  el lugar de residencia de Cleofas. En 1902, se construyó una iglesia de estilo románico integrando las ruinas de la anterior, que es la que persiste hasta hoy.

Estos discípulos regresaban con todas sus esperanzas rotas debido a la crucifixión de Jesús, de la cual ellos habían sido testigos.  Una semana atrás habían entrado a Jerusalén, en una caravana triunfal, dando voces de júbilo, ¡Hossana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!, y cortando las ramas de los árboles las tendían en el camino para que Jesús pasara (Marcos 11: 8-10). Ahora recorrían el camino de regreso a casa, quizás mirando las ramas que ahora estaban secas, como recordatorio que todo había terminado.

Al salir de Jerusalén, sabían ya que el cuerpo de Jesús había desaparecido de la tumba, ya que algunas mujeres de su grupo lo habían informado y había sido confirmado por varios de sus compañeros. Con cierto asombro pero con incredulidad, contaron que estas mujeres alegaban que habían recibido el anuncio de la resurrección de Jesús a través de unos ángeles, sin embargo ninguno de sus compañeros los vieron (Cfr. Lc 24, 17-24).  Ahora se encontraban  tristes y titubeantes en la fe.

Nos sorprende este pasaje de Lucas.  La  caminata duró aproximadamente dos horas (11 kilómetros o 7 millas), y quizás otra hora preparando la cena, y sin siquiera reconocer al Jesús resucitado, hasta que partió el pan.  Yo me he preguntado,  ¿De qué hablaron durante esas tres horas?   El texto dice que estos iban conversando sobre todo lo que había acontecido (Lucas 24:14, 17-24).  Ellos estaban hablando del tema del momento…lo que había pasado en Jerusalén y de cómo habían crucificado a Jesús de Nazaret.  No podemos pasar por alto que sus ojos estaban velados (ekratounto-verso 16). La crisis había alterado su corteza cerebral para que no pudiesen reconocer lo que era obvio.

Ahora bien, el camino de Emaús representa el camino que tomamos cuando se acaban los momentos de gloria, el camino que tomamos cuando se acaban los sueños y esperanzas.   Es el camino que tomamos después de la fiesta de bodas, después de la graduación, después de una gran promoción en el trabajo, y de cuantas cosas más.   Es el camino de la semana después.  El camino de Emaús es el camino de la resignación, “pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel”.   Todos hemos tenido momentos de grandes logros, que luego de una semana se acaba la efervescencia del momento y nos encontramos nuevamente con la realidad.

Emaús es también el camino de la confrontación con Jesucristo y con nosotros mismos:

¡Qué torpes son ustedes—les dijo–, y que tardos de corazón para creer lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? (verso 25-26).

Emaús también representa  el camino de todo cristiano, más aún, de todo hombre o mujer. En nuestro camino,  Jesús resucitado se hace compañero de viaje para reavivar en nuestro corazón la fe y la esperanza que las decepciones de la vida intentan apagar.  De hecho cuando reconocemos de corazón a Jesús, entonces  éste desaparece de nuestra vista, porque no lo necesitamos para continuar nuestro camino…ya está dentro de nosotros. Ahora podemos volver a Jerusalen, sin importar la oscuridad de la noche (versos 33).

El Camino de Emaús es el “camino sin camino”  que siguen algunas personas, y quizás tú querido lector.  Dios me ha llamado a decirte que Jesús vive y que está dispuesto a llenar tu corazón de su plenitud, para que vivas con el sentido que da poder conocer y cumplir la misión de Dios en este planeta.  ¡Muchas bendiciones!

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