El Espíritu de la Verdad… ¿cuento o realidad?

Espíritu de Verdad

Por Samuel Caraballo-López

En mi época de niñez los relatos sobre “espíritus” y almas en pena que salían en la noche y asustaban a todos los que se encontraban a su paso eran muy comunes.  Se escuchaban diversos cuentos y leyendas, que al oírlos el miedo me embargaba–“la llorona”, “el yure”, “los entierros”, “el hombre sin cabeza”, “el mayoral nocturno”, “las cadenas que se arrastraban”–– y cuantos más que no quiero recordar.   Al acostarme en la noche,  me arropaba de pies a cabeza, aunque la temperatura fuese de 100 °F.

Recuerdo que durante un tiempo mi familia asistió a una comunidad cristiana que quedaba en un barrio aledaño al que yo vivía. Dado que no teníamos vehículos para llegar a dicha congregación era necesario ir caminando hasta el templo. El gran dilema para mí como niño era que para llegar era necesario pasar por el cementerio del pueblo, y la gran mayoría de las reuniones cúlticas eran en la noche.  De hecho, los cementerios eran los escenarios protagónicos de estos cuentos populares.  Así que mis hermanos y yo, que solíamos adelantarnos a los adultos en dicha caminata, al acercarnos a dicho cementerio,  corríamos como locos hasta que pasabamos el mismo. Imagínense  en que condición llegábamos al templo!

Cementerio tenebroso

El texto del 21 de mayo de 2017, sexto domingo después de resurrección, lo encontramos en el Evangelio de Juan 14: 15-21, y  éste nos habla también de un “espíritu”, aunque muy diferente a aquellos de mi niñez, ya que este lleva como nombre el Paráclito (παράκλητον), y es Jesús resucitado, junto al Padre, que lo enviaría a sus discípulos y en virtud de que su partida los dejaría solos.

Este discurso de Jesús lo encontramos la segunda parte del evangelio según Juan que Raymond E. Brown, llama el Libro de la Gloria, y que comienza en el capítulo 13: 1, y se extiende hasta el 20:31.  Jesús ahora se enfrenta a la conclusión de su misión terrenal, y da sus últimas instrucciones y enseñanzas a los discípulos.  Este discurso de despedida (capítulos 13-17), que equivale a un testamento  en que un Padre les anuncia a sus hijos su  partida definitiva,  es comparable en su composición al Sermón de la Montaña (Mateo 5-7), y a las otras colecciones  de dichos y enseñanzas de Jesús en otros evangelios (Lucas 9:51-19:58).

En los textos que corresponden a este domingo, Jesús habla a sus discípulos de la designación de su “Sucesor”, dada su inminente partida.  El vocablo griego que Juan utiliza es un término legal o forense para referirse a ese “Sucesor” o “Enviado”, es “Parákletos“, que literalmente significa aquel que es invocado en una corte de justicia, como el defensor.  En el mundo helenista este vocablo generalmente se refiere al abogado defensor, que, poniéndose de parte de los que son acusados, los defiende de los cargos sometidos, hasta lograr su absolución.  Sin embargo, en Juan las descripciones que se hacen del “Parakletos” también parece  referirse a lo que conocemos hoy como un fiscal (vea 14:26; 15: 26; 16:8-15).  ¿Cuáles son las diferencias entre ambas funciones?

Aunque las funciones de un fiscal y un abogado de defensa tiene cierto parecido, hay diferencias significativas. El fiscal es un funcionario perteneciente al Ministerio Público de su país. En un proceso penal es la parte que acusa en nombre del estado o asignación territorial a la que pertenece, según su cargo.  El abogado defensor, por otro lado, el abogado es la persona que ejerce la defensa jurídica del acusado en un juicio. A diferencia de los fiscales, el abogado no defiende ni al estado ni a empresas públicas.

En el evangelio según Juan, el Espíritu Santo es el “Sucesor” de Jesús,  que dada su partida al Padre (13:1), toma su lugar en el mundo, sin encarnarse. Es decir, el “Paraclitos”,  viene a este mundo como agente de Dios sin ser limitado por la forma humana, lo que le permite vivir en, con y sobre los seres humanos.  En el lenguaje de los sinópticos, El está a favor  de los intereses del reino de Dios y su justicia.  Por lo tanto,  la función de este  “otro Parakletos“,  es continuar operando la redención ejecutada por Jesús en su muerte en la cruz, que libera a la humanidad del pecado y de la muerte eterna (Juan 14:26)

Espiritu Santo2

Jesús promete no dejar huérfanos a los discípulos, porque conoce la naturaleza del mundo al que han de enfrentar: “No os dejaré huerfanos; vengo a vosotros” (Jn 14: 18). Este es un asunto puntual, Jesús nos asegura que no nos abandonará. El papel del Padre es medular en el Evangelio de Juan.  Jesus tiene una relación especial con su Padre, y el Padre tiene una relación con todos los que creen en Jesús. El Espíritu Santo asumirá el rol paternal sobre los creyente, defendiéndoles de toda clase de enemigos en esta vida, mientras cumplimos la misión de Dios, y esta relación continuará en la vida venidera y para siempre ( Juan 14: 16, 20;  2 Corintios 5:5, Efesios 1: 13-14).

Ahora bien, este Paráclito, como mencionamos anteriormente, es también Espíritu de la Verdad.  Es  significativo que Jesús lo llama en este discurso de despedida tres (3) veces el “Espíritu de la Verdad” (πνεῦμα τῆς ἀληθείας) (Juan 14:17; 15:26; 16:13).  ¡Me gusta esa expresión! ¿Qué significa esto? Una de las declaraciones que más me gusta de Jesús fue la respuesta que le dio a Tomás:

 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por ” (Jn 14,6).

El Paráclito, además de cuidar paternalmente al creyente, tiene la función de afirmar la verdad de Jesucristo en medio de un mundo hostil. Jesús tenía muchas verdades que expresar a sus discípulos, pero se requería cierto grado de madurez para poder asimilarlas.  Es este Espíritu de la Verdad, que comunica relacionalmente a sus seguidores la voluntad de Jesús resucitado y glorificado, junto a lo que oiga decir al Padre, en todas las épocas y circunstancias (Juan 16: 12-15).  Ese Espíritu de Verdad abrirá nuestro entendimiento para producir respuestas y soluciones sabias a los problemas sociales, políticos y económicos, espirituales y personales que aquejan a la Iglesia y al mundo.

Hay una verdad que se me hace difícil aceptar como heredero de la Reforma, dado el postulado de “Sola Scriptura”: El canon de las Escrituras completado en el siglo IV d.C, no excluye la continua revelación de Dios en la historia.   Creo que es importante entender que  Dios no se encuentra confinado en las Sagradas Escrituras.  Sé las posibles implicaciones de lo que estoy diciendo; sin embargo, el texto de Juan 16: 12-15, nos plantea que el Espíritu Santo, continuará revelando las verdades de Dios y de Jesucristo a su pueblo, en la medida que la iglesia tenga la madurez para comprenderlas, sin que esto implique un “laissez faire”. Ahora bien, las Sagradas Escrituras y la Doctrina Cristiana serán siempre el criterio regulador de toda nueva revelación, y para discernir los “espíritus” que dicen hablar en el nombre del Señor.

Finalmente, el Espíritu de la Verdad, que el Padre y Jesús enviaron en Pentecostés, mantuvo fielmente aferrados a sus discípulos a la misma verdad que el Jesús histórico  proclamó.  Esa misma verdad que proclamaron los apóstoles se actualiza hoy por medio del Espíritu, para que su vitalidad y poder transformador continúe siendo el mismo y aún mayor (Juan 14: 12).

Bienvenido Paráclito, Espíritu de la Verdad, toma todo lo de Jesús y hazlo saber a tu pueblo.  !Muchas bendiciones!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s