Pentecostés….una invitación a examinarnos.

pentecostes  2

Por Samuel Caraballo-López

Los textos para el domingo 8 de junio de 2014, Domingo de Pentecostés, se encuentran en Números 11: 21-30 en el Antiguo Testamento, y Hechos de los Apóstoles 2: 1-21 en el Nuevo Testamento.  Estos pasajes tienen en común la experiencia de la manifestación del Espíritu de Dios en dos situaciones de crisis.

En el texto del Antiguo Testamento,  se presenta una situación de crisis alimentaria en el desierto, mientras Moisés dirigía al pueblo a la tierra prometida, y en el segundo texto del Nuevo Testamento, los discípulos se enfrentan al desafío de cumplir la Gran Comisión de Cristo en todas las naciones de la tierra.  Si combinamos ambas crisis nos encontramos con el reto que tiene la iglesia actual, como cumplir la misión de Dios en un contexto de estrechez económica.  La respuesta de Dios a estas crisis es impartir su Espíritu, que en el primer caso, hace que los setenta (70) ancianos, junto a Eldad y Medad, profeticen (Números 11: 25 -26), y en el segundo, los 120 discípulos reunidos el Día de Pentecostés, reciben el Espíritu y  hablen en otras lenguas (Hechos 2: 4).

No voy a argumentar sobre las señales  manifestadas y el producto de estas experiencias con el Espíritu sobre los actores en los pasajes bíblicos seleccionados.  Solo quiero compartir algunas reflexiones sobre la experiencia de los movimientos pentecostales y carismáticos,  que espero nos motiven a examinar nuestra espiritualidad y práctica misional como seguidores de Jesucristo.

En el magistral libro Fire from Heaven (1995), del  insigne teólogo  y Profesor retirado  de Religión de la Universidad de Harvard, Harvey Cox, se hace un análisis profundo de las razones del crecimiento de los movimientos pentecostales en el mundo, que me gustaría compartir contigo.  Cox plantea que la razón del crecimiento de estos movimientos se debe principalmente a que éstos recobran las tres (3) dimensiones  de la espiritualidad de los primeros cristianos, a mencionar: (a) el discurso original de la fe, (b) la piedad original, y  (c) la esperanza original.  Es importante explicar esta declaración, ya que puede servir de “pie forzado” para la reflexión de la iglesia en este momento de la historia.

Primero, según Cox, los pentecostales  han recobrado el discurso original de la fe, muy especialmente en sus experiencias carismáticas, que llamamos la glosolalia o el hablar en lenguas, las palabras proféticas, la palabra de ciencia y sabiduría, y lo que ellos llaman orar en el espíritu.    En medio de una pérdida del valor de las palabras, y donde el “floreteo” del discurso “políticamente correcto” domina en la palestra pública, tanto en lo secular como en lo religioso, es necesario aprender a hablar y a orar, con otra voz; la voz y el lenguaje del corazón.  Este discurso original  genera una mística que hace sentir a los participantes que están en espacios santos, donde la presencia divina es una realidad concreta y muchas veces palpable.

Según Cox, la segunda dimensión que los movimientos pentecostales han recuperado  es la piedad original, que hace resurgir las visiones, la sanidad, los milagros, los sueños, la danza, experiencias de éxtasis, el ayuno, los retiros, la vida en comunidad, y todo tipo de de expresiones arquetípicas de la religión en la Iglesia primitiva.  Adicional a las diversas formas y modos de alabanza, en los cultos pentecostales, hay súplicas, intercesiones, rogativas, acciones de gracias centradas en Jesucristo.   El sociólogo francés Emile Durkheim llama a estas manifestaciones “formas elementales de la vida religiosa”, las cuales son los fundamentos de toda religiosidad humana.  Esta resurgimiento de una espiritualidad original de la iglesia primitiva es una contra propuesta a las premisas de la posmodernidad y a los argumentos  que se utilizan para oponerse a dichos movimientos.

La tercera dimensión que menciona Cox, es la recuperación de la  esperanza original de la iglesia, que proclama la segunda venida de Cristo o parusia, y afirma la llegada de un “cielo nuevo y una nueva tierra” que sustituirá al existente.  Esta es la esperanza que trasciende a todo tipo de contenidos teológicos.  Es la recuperación de la utopía de un  reino milenial, y de lo que el filósofo alemán Ernst Bloch una vez llamó el “principio de la esperanza”, donde se rechaza que lo que vemos hoy es todo lo que hay o es todo lo que puede ser.  Esto es lo que el escritor de los Hebreos llama,  “la certeza de las cosas que se esperan y  la evidencia de lo que no se ve”.  Los pentecostales están orientados más  al futuro que a un esquema concreto de vida, y persisten en esta visión a pesar de los aparentes fracasos de dicha esperanza para materializarse.

Sin embargo, aun cuando los pentecostales creen en la inminente y visible  Segunda Venida de Cristo, la tenacidad de su fe ha hecho que su mensaje se contextualice  a medida que pasan los años. De hecho han sido los movimientos Pentecostales y Carismáticos los que han sacado la cara en la evangelización del mundo, muy especialmente en África y América Latina. Los Movimientos Pentecostales son actualmente, entre las organizaciones cristianas, los de mayor crecimiento en el mundo. Las estadísticas nos demuestran que en el 1900 los Pentecostales y Carismáticos eran 981,000 en el mundo y en el 2015 son 643,661,000 (643 millones) y se proyecta que será 1.2 billones en el 2050. Ciertamente, el Espíritu sigue moviéndose en el mundo entero, cumpliendo su misión de alcanzar a los inalcanzados.

Se que para algunos de mis lectores, el hablar en lenguas, los mensajes proféticos, las alabanzas y expresiones de adoración en voz alta, común en el culto pentecostal,  es el fenómeno más bizarro, que se puedan imaginar ya que no se ajusta a los patrones de la religión dominante.  Sin embargo, eso que algunos pueden llamar bizarro, ha sido fuente de transformación de miles de personas que vivían al margen de la sociedad. Para muchos en diversas partes del mundo, este resurgir de los movimientos pentecostales es lo que le ha dado sentido a sus vidas, ha mejorado su calidad de vida y  hoy son personas que aportan significativamente a la formación de un mundo nuevo.

No hay duda que este domingo de Pentecostés, es un excelente tiempo para, más que celebrar,  “robustecernos de conciencia”.  Es un tiempo para examinar las premisas en que se sostiene nuestra fe; y mirando estas tres dimensiones de la espiritualidad cristiana que recupera el movimiento pentecostal, (el discurso original de la fe, la piedad original y la esperanza original), examinar nuestras creencias y prácticas cristianas,  y atrevernos pedirle a Dios que imparta sobre nosotros su poder para vivir a la altura de nuestro llamado. !Muchas bendiciones!

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