¿Qué espero yo de un Juez?-Parte III

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Por Samuel Caraballo-López

Este es el cierre de mi reflexión sobre la nominación de la abogada Maite Oronoz Rodríguez, como Juez Asociado al Tribunal Supremo de Puerto Rico.  En el primer artículo llamé la atención al peligro de que esta nominación respondiera al clientelismo político del Gobierno de turno, afectando adversamente la ya lacerada imagen de la judicatura y la justicia en el país.

En el segundo artículo establecí como principio  que los nominados al más alto foro judicial del país, debían tener las más altas cualidades personales y profesionales, muy especialmente las competencias necesarias para ejercer el trabajo asignado, producto de su preparación académica y experiencia previa como juez. Llamamos la atención a que la nominada no tiene experiencia previa como juez, frente a otros candidatos considerados que sí la tenían.

En este tercer artículo me propongo utilizar un principio ampliamente probado por la experiencia y la investigación para alertar sobre lo riesgoso de esta nominación para la convergencia y unidad del país.   Este  tercer principio que sostiene mi tesis,  es que la subjetividad del juez y la filosofía del razonamiento judicial que éste avala, afecta la imparcialidad requerida en la toma de decisiones.

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Cuando hablamos de la subjetividad nos referimos a la manera de sentir, pensar, percibir y argumentar, basada en el punto de vista del sujeto, y por lo tanto influenciada por los intereses y deseos particulares del mismo. Me preocupa en gran manera la subjetividad de la nominada  y su efecto sobre su filosofía del razonamiento judicial, y, por supuesto, en la toma de decisiones en asuntos tan relevantes como lo son el matrimonio y la familia.

Antes de hablar de la subjetividad plenamente es importante hacer una diferencia entre las la subjetividad del juez y su filosofía del razonamiento judicial, en la toma de las decisiones en el ámbito jurídico y legal, muy especialmente para aquellos, que como yo, no son expertos en esta materia.  Cuando hablo de filosofía del razonamiento judicial, me refiero al capital intelectual del juez, producto de su formación personal, académica, profesional y laboral, que le sirven de estructura mental para impartir justicia, que es su razón de ser.

Jim T. Lindgren, afamado Profesor de derecho de la Escuela de Leyes de Northwestern University, y autor del “The Volokh Conspiracy”, un blog del Washington Post, presentó una analogía gráfica entre  la filosofía del razonamiento judicial y las decisiones que toman los jueces,  utilizando el caso de  los árbitros de baseball. Esta analogía respondió a las aseveraciones hechas por el hoy Juez Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, John G. Roberts, Jr.,  en su vista de confirmación, y que puede ser muy útil para el caso que nos incumbe.  A continuación la analogía de los tres árbitros:

(a)   Primer árbitro: “algunos  lanzamientos son bolas  y otros strikes, yo las canto como son.”

(b)   Segundo árbitro: “algunos lanzamientos son bolas y otros strikes,  yo las canto tal como los veo.”

(c)    Tercer árbitro: “algunos lanzamientos son bolas y otros strikes, pero no lo son hasta que yo los canto.

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Según, Lindgren, estas tres formas de actuar de los árbitros equivalen a tres (3) filosofías judiciales.  El primer árbitro  representa el “esencialismo” judicial y que en ocasiones es llamado la jurisprudencia mecánica, que se atiene a la ley escrita por el legislador y a la jurisprudencia acumulada.  El Juez Antonin Scalia (1936-2016), del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, es el máximo defensor del esencialismo que el llama “originalismo”, y que establece que el texto de la Constitución no debe ser leído según cambie la sociedad, sino en base a los principios que tenían en mente los padres fundadores de la nación.

El segundo árbitro representa la filosofía tradicional de la democracia liberal, en que se reconoce la existencia de la verdad,  y con la sabiduría de la imparcialidad, y reconociendo la existencia de la subjetividad para ver y entender la verdad, se aplica la justicia. El criterio fundamental al decidir es la “discreción” del juez para interpretar los hechos. El peligro de esta postura es que se puede llegar a imponer las ideologías del magistrado o del Gobierno que lo nombra, sobre los hechos, relegando a un segundo plano el sentido de justicia contenido en la ley y la jurisprudencia, que deben servir como marco de  referencia a la hora de tomar una decisión.

El tercer árbitro representa el realismo legal o seguidores del “critical legal  studies” (para un análisis detallado de esta filosofía, vea Duncan Kennedy, 2002, en http://www.palermo.edu/publicaciones/…a/n7N1-julio2006/071juridica02.pdf).  En esta filosofía se pone en duda la retórica convencional del juez para impartir justicia. Esta filosofía establece como premisa que el juez actúa cínicamente en la toma de decisiones, ya que  al no poder desprenderse de sus ideologías impuestas por la tradición jurídica, éste actúa para sostener el status quo, en lugar de ser creativo en la reinterpretación de la ley a nuevos tiempos y realidades. Por lo tanto se postula  nuevas formas para sustentar las decisiones judiciales, que fomenten la mayor libertad posible.

De acuerdo a la filosofía de cada juez y su subjetividad así emitirá sus decisiones, muy especialmente en asuntos controversiales o que no estén claramente definidos por la ley.   Desde mi punto de vista como ciudadano, el juez no debe asumir una posición “creativa” frente a decisiones complejas, que cambian aspectos medulares de la cultura general,  por las repercusiones que estas tienen para la sociedad, en un sistema democrático de gobierno, además de que estaría legislando sin el aval electoral.

Ahora bien, aun cuando yo espero una filosofía esencialista en los jueces, donde estos reconozcan y emitan su juicio conforme a la Constitución y a los principios que tenían en mente los padres de esta, junto a la jurisprudencia existente, creer que la subjetividad del juez y el margen de discreción son cercanos a cero, es falso.

Fue la Lcda. Oronoz Rodríguez, sin ninguna pregunta específica de la prensa, que proclama su preferencia sexual homosexual en la aceptación de su denominación.  Aunque, sus defensores, piden respeto y  la no consideración de su intimidad al evaluar su capacidad para ejercer el puesto, es ella misma la que impide que su “intimidad sea íntima”.  No era necesario hacer las declaraciones que esta hizo, a menos que no deseara crear una confrontación con la mayoría moral de la sociedad puertorriqueña, o desviar la atención de otros asuntos que no deseaba que fuesen examinados, o fuese una “fundamentalista de la equidad”, que pretende polarizar la discusión, y establecer esta nominación como una de derechos humanos.

El gran problema que representa esta nominación de la Abogada Oronoz, dado lo controversial de la misma,  es que no abona a la unidad del país y mucho menos a la convergencia proclamada por el mismo Gobernador en su discurso inaugural de enero del 2013. Al contrario, esta nominación crea una profunda sima  que  separa aún más la ya fragmentada sociedad puertorriqueña y le hace un daño irreparable a la imagen ya deteriorada de la justicia del país.

De hecho, el nombramiento de la Lcda. Oronoz, genera desconfianza hacia el Tribunal Supremo, porque cuestiona el cómo la nominada, que trae consigo concepciones previas sobre género, familia, matrimonio, preferencias sexuales, etc., determinará con sus decisiones tantos asuntos de vital importancia sobre la familia que están bajo consideración de este alto foro judicial.  Es bueno recordar que la nominada es jóven y su nombramiento es hasta los 70 años (solo tiene 38 años), y de ser nombrada estaría un tiempo prolongado en la judicatura.

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En resumen podemos decir que dado el vínculo estrecho de lealtades que la unen al Primer ejecutivo con la familia Oronoz, que parece llegar al clientelismo político; su falta de experiencia laboral previa como juez en instancias de menor rango y su compromiso personal e ideológico con la comunidad LGBT, hacen que la nominación de la Lcda. Oronoz Rodríguez como  Juez Asociado del Tribunal Supremo del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, sea altamente cuestionable. La sabiduría de la imparcialidad es un requisito “sine qua non” para el ejercicio de la justicia a través de los jueces en cualquier parte del mundo.

Esta realidad nos obliga a orar, reflexionar y actuar hoy.  ¡Muchas bendiciones!

2 Replies to “¿Qué espero yo de un Juez?-Parte III”

  1. Casi todas las decisiones controversiales se dan 5 a 4 tanto en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos (vea caso de los matrimonios del mismo sexo; Caso Hobby Lobby vs Departamento de Salud, etc.), como en nuestra isla. Así que es crucial el razonamiento jurídico de los jueces y su subjetividad.

  2. Sería de mucho interés llevar a cabo algún estudio no tiene que ser de gran envergadura si declaraciones previas de algún juez ya nombrado en alguna jurisdicción como la nuestra, sea en EU o PR hayan sido determinantes en alguna decisión jurídica. Coincido con Ivette que el artículo es muy interesante.

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