El miedo que nos acompaña

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Por Samuel Caraballo-López

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo.  El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.”   Nelson Mandela.

El texto de este domingo 22 de junio de 2014, lo encontramos en Mateo 10: 24-39.  Este pasaje forma parte de los “dichos fuertes de Jesús”.  El tema principal del discurso es el discipulado cristiano, especialmente lo relacionado a la calidad, tarea, conflictos y el costo del discipulado.  Este tema es muy relevante para la iglesia puertorriqueña ya que cierto sector de ésta,  se ha convertido en un reflejo de los “anti valores” y prioridades del mundo. Es común en la actualidad evadir el sufrimiento y la crítica, y ser muy “políticamente correcto”, sin embargo, el discípulo fiel no puede decir y hacer algo diferente de lo que su maestro hizo (verso 24).  Esto hay que afirmarlo claramente.

Es importante entender que es Jesús el que llama a sus discípulos para la misión de alcanzar “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10: 6).  La claridad de Jesús es inigualable, en esa misión los discípulos tendrán primeramente que enfrentar sus propios miedos,  que atentan contra su razón de ser. Jesús garantiza que en el cumplimento de la misión el impartirá poder sobre sus discípulos para sanar, expulsar demonios, limpiar leprosos, e inclusive revivir los muertos.  Ahora bien, ese poder tiene unos reclamos de integridad y desprendimiento que son inviolables: no intercambiar el mensaje por dinero o bienestar económico,  sin la ostentación que produce las vestiduras y el calzado,  no armas para protegerse, ni guardaespaldas, etc.  Los discípulos deben emprender su misión en completa sencillez, vulnerabilidad y dependencia de Dios (Mateo 10: 8-11).  Duras estas palabras….

Me interesa en lo particular los consejos que Jesús hace a sus discípulos en los textos 24-31.  No hay duda que el miedo ha sido  una de las fuerzas conductoras  de nuestra política y economía, esto ha sido mucho más evidente en los últimos años.  Ahora bien, es bueno reconocer que la causa principal del fracaso del discípulo es también el miedo. Hay que aceptar que seguir a Jesús fielmente, acarrea dificultades y colisiones con los poderes de este mundo (10: 17-20).  Sin embargo, las dificultades, persecuciones, amenazas, el intento de marginar o hacerte invisible, que son formas de muerte, no deben impedir la fiel proclamación y práctica del Evangelio.

El discípulo también conocerá el miedo y será tentado a doblegarse ante este. El discípulo no puede olvidar que el que lo llamó es el Soberano de toda la creación y  ha de cuidarlo en medio del cumplimiento de la misión.  El mismo Dios que cuida la naturaleza con esmero, es el que prometió cuidar sus discípulos mientras cumplen la misión de Cristo.

Este pasaje bíblico requiere ser considerado por cada seguidor de Jesús.  No teman proclamar lo que Jesús ha dicho.  No teman a aquellos que pretenden confinarlos en el anonimato, e inclusive a los que intentan limitar tu proclamación. Dios, contrario a los poderes humanos que matan el cuerpo, cuida, alimenta y reconoce el valor de sus discípulos. De la misma forma que Dios atiende a los más vulnerables,  les conoce, y se ocupa de ellos, y atenderá a aquellos que han dejado la seguridad que da las posiciones remuneradas, para proclamar el advenimiento del Reino de Dios.

¿Cómo responder al miedo que nos acompaña, mientras realizamos la misión de Cristo?  Stanley Saunders, Profesor de Columbia Theological Seminary en Atlanta,  nos presenta un modelo para enfrentar sabiamente el miedo:  Primero hay que abrir los ojos para reconocer las manifestaciones del poder humano, que enarbola  como bandera la amenaza de muerte en todas sus dimensiones y, que a su vez es la forma más poderosa de intimidar; Segundo hay que estar consciente de los conflictos y divisiones que inevitablemente la proclamación y vivencia fiel del Evangelio producen, y Tercero, hay que tener una profunda conciencia y convicción de que Dios está presente en el mundo y la historia, manifestando su poder, misericordia y compasión.

Los poderes humanos podrán privarte de la vida biológica, arrinconarte y marginarte, pero no te pueden quitar tu relación con Dios, y mucho menos la vida abundante  recibida mediante la Gracia y fe en Jesucristo. Muchas bendiciones.

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