Salmo 13: Nuestra “pubertad” espiritual …

pubertad espiritual3

Por  Samuel Caraballo-López

De las lecturas para el 21 de junio de 2020, cuarto domingo después de Pentecostés, seleccioné una para la meditación de este viernes, el Salmo 13. Este salmo es espectacular porque tiene unas impresionantes declaraciones que quiero compartir contigo.  El salmo es corto, repetitivo, irracional, manifiesta mal humor, el salmista “anda¨ por la luna, suplicante,  “corta vena”, y desgarrador.  De hecho parece como si lo hubiese escrito un adolescente en medio de la crisis de la pubertad:

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
 ¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma,
con angustias en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

(Salmo 13: 1-2)

La pubertad es el período de la vida de la persona en el que se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y se alcanza la capacidad de reproducción y constituye la primera fase de la adolescencia y el paso de la infancia a la edad adulta. A mí me parece que el salmo plasma las características de esa etapa inicial del crecimiento espiritual de un seguidor de Jesucristo.

Cuando leo este salmo me rio, lloro, “pataleteo” y me lleno de esperanza.  Así que no lo leas en voz alta, porque pensarán que estás neurótico.  Sin embargo, para mí es posiblemente uno de los salmos más humanos y que más se parece a nosotros.

El salmista expresa cuatro (4) preguntas dirigidas a Dios, que también son las nuestras: ¿Hasta cuándo me estarás ignorando? ¿Hasta cuándo te esconderás de mí? ¿Hasta cuándo permitirás que esté angustiado y sufriendo? ¿Hasta cuándo el enemigo me estará dominando?  

No hay duda que en nuestra “pubertad” espiritual se distingue por una etapa idílica en la que esperamos que Dios haga todo lo que nos satisface y cuando esto no ocurre cuestionamos con vehemencia el por qué no ha ocurrido. ¿Cuánto de nosotros no nos hemos molestado con Dios porque no responde a nuestras “pataletas”?  Este maravilloso salmo es un espejo de nuestro peregrinaje espiritual.

Mira, respóndeme, Jehová, Dios mío;
alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte,
 para que no diga mi enemigo: «Lo vencí.»
Mis enemigos se alegrarán si yo resbalo.

(Salmo 13: 3-4)

Pero eso no se queda ahí, el salmista hace una petición extraordinaria… respóndeme; ilumina mis ojos (verso 3).   Esta última petición me fascina…el salmista solicita que Dios le permita entender lo que está pasando, tanto en y con él, como en su contexto, de tal forma que pueda actuar en forma consistente y productiva frente a dicha realidad.

Nelson Mandela en su autobiografía escribe sobre una experiencia que lo marcó en su lucha, y  que yo deseo compartir contigo con esta cita directa:

“Aquella misma noche tuve una reunión con algunos ministros de la Iglesia que trabajaban en los “townships” de africanos de Ciudad de El Cabo. Menciono esto porque la oración con la que uno de ellos abrió el encuentro permanece en mi memoria y se convirtió en una fuente de energía en un momento difícil. En primer lugar agradeció al Señor Sus dones y Su bondad, Su misericordia y Su preocupación por todos los hombres.  Más adelante, se tomó la libertad de recordarle al Señor que algunos de Sus súbditos estaban más sojuzgados que otros, y que en ocasiones daba la impresión de que El no les prestaba atención.  Pasó a decir, a continuación, que si el Señor no mostraba un poco más de iniciativa para dirigir al hombre negro hacia la salvación, el hombre negro tendría que hacerse cargo él mismo de la empresa. ¡Amén!”

(Tomado de la autobiografía de Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad, 2013, pág. 275).

Este relato de Mandela nos habla de cómo se sentían estos ministros del evangelio en medio de la situación desesperada de Sudáfrica debido a la opresión del Apartheid. Era tal la persecución y la injusticia que se cuestionaba la manifestación explícita de la  justicia divina.  Sin embargo, la historia de Mandela nos demuestra que aunque pareció tardar,  la justicia por la que ellos luchaban ciertamente llegó.  “Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá” (Habacuc 2: 3)

Un cántico que se ha hecho ya parte del culto cristiano expresa de manera dramática lo que el salmista está pidiendo: “Abre mis ojos, Señor, los ojos de mi corazón…Yo quiero verte.”   Solo cuando el Señor ilumina nuestros ojos, podemos entender la realidad tanto interna como externa tal cuál es, y enfrentarla con valor.

Mas yo en tu misericordia he confiado;

mi corazón se alegrará en tu salvación.

Cantaré a Jehová

porque me ha hecho bien.

(Salmo 13: 5-6)

Nuestra petición en medio del “desasosiego” que nos provoca nuestro entorno es, “ilumina mis ojos Señor” para entender a cabalidad lo que realmente está pasando y en tu Nombre esperar o actuar.   Muchas bendiciones.

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