En verdad, en verdad… ¿habrá razones para alabar?

caminando de mañana

Por Samuel Caraballo-López

Esta mañana tomé la decisión de cambiar la ruta de mi caminata matutina, tomando la carretera hacia la Playa Los Machos.  Esta hermosa playa es una de las más originales del país (vea mi artículo Playa Los Machos… una playa biogénica que desaparece).  Es una ruta de aproximadamente cuatro millas ida y vuelta desde mi casa.  Esa ruta se distingue por los parajes hermosos por los que se transita.  La llegada a Playa Machos en la mañana, no solamente es impresionante al ver el sol surgir en el horizonte, sino que este crea un espectacular brillo sobre las tranquilas aguas de esta playa, que deja anonadado  hasta el más insensible.

Es interesante que al llegar a la Playa Los Machos hay un comité de bienvenida, los perros que viven en un bosque aledaño a esta.  Hoy me escoltaron tres (3) hospitalarios perros, que estuvieron conmigo, jugando y cruzándo al frente mio durante toda la caminata por la playa.  Me pareció maravillosa esta experiencia de acompañamiento desde la entrada, durante todo el recorrido y hasta en el  mismo lugar donde me habían recibido.  Luego, como si me estuvieran despidiendo se  voltearon y se fueron a sus respectivos  lugares dentro del  espacio que le sirve de vivienda.

Al salir de Playa Machos,  en el camino hacia el oeste, entre el Cerro Ceiba y el Monte Cielito, puedes ver El Yunque forrado todavía de neblina.  La verdad que es un paraje paradisiaco y que nos invita a dar gracias al Dios que con  su poder y su fuerza formó estas montañas” (Salmo 65: 7).   Te invito querido lector a que en algún momento hagas esa caminata. Si eres una mujer, debes ir acompañada durante todo el trayecto, dado lo solitario del lugar en la mañana.  Luego de salir de Playa Machos, encuentras en el  desvío Felisa Rincón De Gautier  de Ceiba,  cuatro (4) árboles de Mangó, llenos en esta época de tan sabrosa fruta, de las cuales me llevé varias para comerlas en mi desayuno.

Ciertamente este viaje matutino me hizo evocar el Salmo 65, que es parte de las lecturas para este domingo 13 de julio de 2014. Este Salmo es el salmo de los agricultores, y en una sociedad agraria, son ellos los que mejor pueden articular, por su vivencia, las expresiones de acción de gracias y alabanzas a Dios.  Este salmo es sanador, y para que puedas experimentar esa virtud debes leerlo en solitud.

Los salmos no son escritos de oficina y aire acondicionado, sino que son el fruto de la lucha humana por conocer el misterio de Dios, acercarse a El,  y descifrar sus acciones en el mundo. Es importante recordarle a mis lectores, que cuando anhelen conocer la naturaleza y carácter de Dios, los salmos son únicos. Sin embargo, para poder incorporar estos atributos comunicables de Dios a nuestra vida, Jesucristo es instrumental.  Los salmistas describen a Dios en todo su esplendor, y nos remontan a lo más sublime, pero es en el seguimiento a Jesús que esa grandeza de Dios se incorpora en mi. Solo Jesús modela en el contexto humano esas virtudes y nos invita a seguirle para que en nuestra relación con él,  nos  “impregnemos”  de sus atributos.

El salmista reconoce, que Dios es merecedor de alabanza, porque escucha nuestra oración, y perdona nuestros pecados, quitando el dominio que el mal ejerce sobre nuestras vidas (verso 3-4).  El salmista reconoce el amor de Dios y su acción continua de perdonar por iniciativa propia, anticipando el sacrificio de Jesús, en el que Dios trae la solución permanente para superar ese pecado que nos asedia.

Cuando hablamos del pecado, generalmente utilizamos dos categorias para describirlos: los que son por  acción y los que son por omisión.  Regularmente acusamos con vehemencia a los que actúan en contra de la ley de Dios, sin embargo, hablamos poco de los que no hacen nada para contrarrestar el mal, y justifican su indiferencia por un falso concepto de santidad  o prudencia.     En el Evangelio, tanto los que pecan por acción, como los que lo hacen por omisión, tienen el mismo castigo, la muerte (Romanos 6:23).  Pero, Dios en Cristo, perdona por iniciativa propia, a los que cometen pecados por acción y omisión, con solo acudir a Él y tomar la firme decisión de seguir a su Hijo Jesucristo.

El salmista reconoce el cuidado de Dios sobre la creación, negando los argumentos de los deístas, que no pueden concebir a Dios actuando en la historia humana.  El salmista expresa la forma en que Dios crea esos momentos de bendición para nosotros a través del ciclo hidrológico: “Tú tienes cuidado de la tierra; la empapas con abundante lluvia y riegas los sembrados” (verso 10).

La acción de Dios no se limita a la naturaleza, sino que interviene en los asuntos humanos, proveyendo solución para nuestros más agrios conflictos: “calmaste el alboroto de los pueblos”.  Es decir el cuidado de Dios está en todo asunto natural o antropogénico,  y en todo tiempo: “Llega el año a su fin y está lleno de bendiciones; por dondequiera  que pasas dejas gran abundancia.”(Verso 12).  La verdad es que Dios es merecedor de alabanza y la alabanza proviene de lo que El es y hace.  Muchas bendiciones!

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