¿Qué hace falta para cambiar?

Cambiar

Por Samuel Caraballo-López

El texto para el 20 de Julio de 2014, sexto domingo después de Pentecostés, lo encontramos en tres (3) pasajes a mencionar:  Salmo 86: 11-17; Mateo 13: 24-30, 36-43; Romanos 8: 12-25.  Existe cierta relación entre estos tres (3) pasajes, que deseo compartir contigo.

El salmo 86 es una oración que se la atribuye al Rey David. El verso 11 me llama la atención, ya que hay dos (2) peticiones que son muy comunes entre los cristianos, a mencionar:

Enséñame, oh Señor, tu camino; andaré en tu verdad; unifica mi corazón para que tema tu nombre.

La primera  solicitud es que Dios nos enseñe a vivir de acuerdo a sus  propósitos, y ésta va acompañada de una segunda petición para que el Señor nos permita vivir en integridad.  Es decir, para aprender de Dios, el requisito previo es tener un “corazón unificado” que sienta un profundo respeto por El.  En este texto, el salmista nos da la clave para creer efectivamente, y encarnar las enseñanzas cristianas en nuestras vidas. Cuando se tiene integridad de corazón, es que podemos reconocer como válida la  Palabra de Dios, y  anteponerla sobre cualquier otra enseñanza.

En Mateo 13, que es parte de los “dichos fuertes de Jesús”, y que muchas veces evitamos predicar del mismo, se nos presenta la parábola del trigo y la cizaña.  El trigo era, junto a la cebada, el principal producto de la dieta israelita. Por otro lado se le llamaba “cizaña” (Lollium temulentum), a una graminia que crece generalmente en forma espontánea entre los cereales, conviertiéndose en una plaga y compitiendo con ellos en la adquisición de nutrimentos y agua. Esta planta es muy parecida al trigo, siendo muy dificil eliminarla, y solo  puede ser distinguida en el tiempo de la cosecha, dada la diferencia de su semilla. De hecho la semilla de la “cizaña” es venenosa tanto para animales como para humanos, debido a un hongo endófito que vive en simbiosis con esta.

No era raro en la época de Jesús, que alguna persona de mala fe, regara semillas de “cizaña” entre los sembrados de trigo y cebada de algún agricultor. Es decir existía el “terrorismo” agrícola. Esta parábola nos alerta de la posibilidad de la maldad humana, aun en nosotros que nos llamamos cristianos.

Hay preguntas que asaltan mi mente al leer esta parábola.  Primero, ¿Se ha apoderado en alguna ocasión la “cizaña” de los campos de mi corazón, deteniendo mi crecimiento espiritual? Segundo, ¿Cuántas veces la  “cizaña” que ha crecido en mí ha afectado adversamente a otras personas? Tercero, ¿He tenido en alguna ocasión la experiencia de descubrir que el trigo que pensaba estaba creciendo en mi campo era realmente “cizaña”? Cuarto, al mirar  la iglesia hoy,  ¿cuál de estas dos plantas, que crecen juntas en el campo, estará dominando la gestión eclesiástica en el mundo?

Por último el Apóstol Pablo, nos muestra en Romanos 8: 12-25, la importancia del Espíritu de Dios, para vivir vidas que correspondan con la naturaleza divina.  De hecho el apóstol habla de dos (2) maneras de vivir, que son contrarias entre si;  el vivir conforme a la carne y vivir conforme al Espíritu.  Solo aquellos que viven conforme al Espíritu pueden agradar a Dios con sus acciones.  El apóstol nos llama a permitir que el Espíritu tome hegemonía de nuestras acciones y destrone la carnalidad en nuestras vidas. Es decir, solo la asistencia del Espíritu Santo, nos puede transformar para que seamos trigo en el campo de Dios.

Es notable que los tres pasajes nos hablan del mismo anhelo.  El salmista identifica la necesidad de la integridad o unicidad del corazón para temer a Dios y obedecer su Palabra.  El Evangelio nos habla de la alta posibilidad de que la “cizaña” crezca junto con el trigo, inclusive en nuestros corazones e instituciones. El texto nos alerta de la posibilidad del auto engaño, creyendo que ciertas conductas que parecen ser genuinas y buenas, sean realmente contrarias a los valores del Reino de Dios. Finalmente, el Apóstol Pablo nos exhorta a vivir según el Espíritu para hacer morir las acciones de la carne que nos conducen a la muerte.  Solo viviremos plenamente bajo la sombra del Reino, cuando el Espíritu de Dios, more en nosotros, y le permitamos fluir a través de nuestra vida.

Nuestra oración es clara, necesitamos que Dios nos conceda la integridad de corazón, para temerle y hacer de sus enseñanzas nuestro norte. Hay que solicitar a Dios por medio de Cristo, que aun cuando la “cizaña” pretenda dominar los sembrados de nuestro corazón, Él plante la bandera de su Espíritu que nos permita superar las acciones de la carne, y nos ayude a caminar de tal forma que Dios sea glorificado.  Muchas bendiciones!

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