Cuando la incertidumbre nos transforma

decepción

Por Samuel Caraballo-López

“Tu dominas la soberbia del mar; cuando se encrespan sus olas, Tú las sosiegas” (Salmo 89:9).

El texto para el 13 de agosto de 2017, decimo domingo después de Pentecostés, lo encontramos en el Evangelio de Mateo 14: 22-33. Este pasaje no solo es intrigante, sino que nos emite un mensaje pertinente para cada creyente en el día de hoy. Hay momentos en que Dios nos invita a caminar en la incertidumbre para conducirnos a nuevos niveles de conciencia.

Al enterarse Jesús, de la intención de Herodes Antipas de atentar contra su vida, al igual que lo hizo con Juan el Bautista (Mateo 14: 2), toma la decisión de apartarse al otro lado del lago de Galilea, a un lugar desierto y solitario, fuera del dominio de ese tirano.  Tomó, posiblemente, un barco perteneciente a alguno de sus discípulos y remó mar adentro hasta la otra orilla.  La gente emprendió una persecución por tierra, que, al unirse otras personas de la otra orilla, formaron una inmensa multitud.  Al Jesús desembarcar, vio tanta gente con necesidad, que, sintiendo compasión de ellos, puso a un lado su sentir, y sanó a los enfermos (14: 14).

Ya siendo tarde, los discípulos, que habían llegado también, le recomendaron que despidiera a la gente, y fueran a los lugares aledaños y comieran.  Es en ese contexto es que ocurre el milagro de la alimentación de los 5,000 hombres, sin contar a las mujeres y los niños, que discutimos el pasado domingo (14: 13-21).

Ahora bien, miremos el verso 22, es clave para entender el mensaje de este segundo relato sobre el mar embravecido (vea Mateo 8:23-27).  Jesús en lugar de despedir primero a la gente, hizo que sus discípulos se montaran en la barca y se le adelantaran al otro lado. La frase “seguidamente constriñó a…” (BTX), y que la versión TLA, traduce “ordenó”, significa literalmente que Jesús “forzó” a los discípulos a que volvieran a la otra orilla, mientras él se encargaba de despedir a la gente.  Luego, subió al monte a orar solo hasta el anochecer (verso 23). ¿Por qué Jesús “forzó” a los discípulos a embarcarse en ese viaje de regreso sin él? ¿Cuál era la intención del Maestro?

En medio del viaje de regreso, los discípulos se enfrentan a un fuerte viento contrario, que creo una turbulencia que les impedía avanzar.  Este viento contrario hacia crecer las olas que a su vez zarandeaba la barca.   Parece ser que los vientos fueron creciendo hasta alcanzar el máximo de su fuerza en la cuarta vigilia de la noche.

Es importante explicar la forma en que los romanos dividían la noche.  Diferente a los judíos que la dividian en tres (3) vigilias, la cultura greco-romana lo hacia en cuatro, de aproximadamente 3 horas cada una (podían variar de acuerdo a las estaciones del año). Este detalle es una clave hermenéutica para entender este pasaje.

  • La primera vigilia romana se extendía desde las 6:00 a 9:00 p.m.
  • La segunda vigilia romana se extendía desde las 9:00 p.m. a 12:00 m.
  • La tercera vigilia se extendía desde media noche hasta 3:00 a.m.
  • La cuarta vigilia comenzaba a las 3:00 a.m. y se extendía hasta las 6:00 a.m.

Es en la cuarta vigilia de la noche que ocurre el evento que ocupa nuestro escrito. En    ese momento, en medio de la tempestad, en la oscuridad de la noche, que Jesús se aparece caminando sobre el mar, quedando los discípulos aterrados.

Hay que detenernos para entender la cosmovisión greco-romana sobre el temor a lo sobrenatural. En la mitología griega existía un dios llamado “Fobos”  (en griego antiguo Φόϐος, ‘pánico’) era la personificación del miedo, temor, y el horror. Fobos (de ahí el concepto fobias) en la mitología clásica era hijo de Ares y Afrodita.

El filosofo griego Hesíodo (siglo VIII a.C), en su obra poética sobre el origen de los dioses Teogonía, nos describe a “Fobos” de esta manera: “Con Ares, perforador de escudos, engendró Citerea a los terribles “Fobos” y “Deimos”, que agitan las apretadas líneas de combate de hombres en la guerra produciendo pavor con la ayuda de Ares destructor de ciudades”.  Su equivalente romano era “Timor”.Fobos

 

La figura de “Fobos” en la mitología greco-romana aparecía antes de cada batalla, refiriéndose al miedo y pánico de los combatientes para luchar, estos luchadores, aterrados, huían de la batalla o fingían su muerte para luego escapar.  Luego aparecía “Deimos”, que dejaba paralizados a los guerreros ante el terror al dolor o la muerte.

La imagen de “Fobos” se popularizó en el mundo greco-romano como un sersobrenatural con la misión permanente de destrucción de la raza humana o de cumplir las amenazas ordenadas por Ares y para esto se le unía su hermano “Deimos”. Así que, en el contexto del pasaje bíblico de Mateo, “Fobos” y “Deimos” era la representación del miedo y la desesperanza en medio de la lucha de los discípulos por llegar a la otra orilla y cumplir la misión de Dios.

Permítame vincular la experiencia de horror de los discípulos con una estampa folklórica de mi país. Hace mucho tiempo leí un cuento de Abelardo Díaz Alfaro titulado “Santa Clo va a La Cuchilla.”  En este cuento se nos habla de un nuevo maestro llamado Johnny Rosas que fue traído a la escuelita del Bo. Cuchillas, para enseñar a Peyo Mercé, el maestro en propiedad, las nuevas técnicas pedagógicas.  Mr. Rosas, que había estado un breve tiempo en los Estados Unidos, fue traído por el supervisor para sacar del atraso” a losa niños de aquella aislada comunidad.  De inmediato el Mr. Rosas quiso actualizar la época navideña introduciendo al personaje de Santa Claus. Lo que pasó es digno de ser copiado literalmente:

“Un grito de terror hizo estremecer el salón. Unos campesinos se tiraron por las ventanas, los niños más pequeños empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres, que corrían en desbandada. Todos buscaban un medio de escape. Y Mister Rosas corrió tras ellos, para explicarles que él era quien se había vestido de tan extraña forma; pero entonces aumentaba el griterío y se hacía más agudo el pánico. Una vieja se persignó y dijo: “¡Conjurao sea! ¡Si es el mesmo demonio jablando en americano!” (Santa Clo va a La Cuchilla-Abelardo Díaz Alfaro)

Lo mismo pasó en este pasaje, los discípulos están aterrados al ver aparecer en lontananza un personaje misterioso que se acerca a la barca:

Los discíscipulos lo vieron, pero no lo reconocieron.  Llenos de miedo, gritaron:

–Un fantasma! Un fantasma! (Mateo 14: 26, TLA)

jesus-camina-sobre-las-aguas-

Su pelo y ropaje sacudido por el viento contrario creaba un efecto tenebroso, y además no había a donde escapar porque estaban detenidos en medio del lago. Frente al pánico y terror que se había apoderado de ellos se oye la voz de Jesús— ¡Cálmense! Soy yo (Ego eimí). No tengan miedo (verso 27). Esta expresión nos evoca las teofanías de Yahvé en la experiencia del Éxodo.

Es Pedro, y solo Mateo lo narra, que  pide confirmar la presencia del Señor, no en la barca, sino en medio del caos que provocaban aquellos vientos contrarios—Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua (verso 28). Jesús le dice ven.  Sin embargo, luego de comenzar a caminar sobre las aguas, lo fuerte de los vientos hace que el pánico y la desesperanza se apoderen de él, iniciándose un proceso gradual de hundimiento que produce un grito—“Kyrie, sosón me“–y que solo la pronta intervención de Jesús lo salva. Juntos suben a la barca y entonces se cumple el propósito de esta difícil experiencia; descubrir la verdadera identidad de Jesús– “verdaderamente tú eres Hijo de Dios” (verso 33).

incertidumbre

Dado que Mateo es un evangelio en que la eclesiología está presente en todos sus relatos, este texto es una invitación a la iglesia (la barca) y su liderato (Pedro) a no dejarse intimidar por las fuerzas del imperio romano.  La persecución que se desata sobre la iglesia a finales del siglo primero por el imperio, esta reflejada en esta lucha contra el sus ideologías, creencias e imposiciones, que pretenden intimidar y detener a ésta en el cumplimiento de la misión de Cristo. Sin embargo, el Jesús que se fue, sigue aún con nosotros en medio de las “embravecidas olas” para sosegarlas.

El texto también tiene aplicación personal para el seguidor de Jesucristo. Hay momentos en que Dios nos empuja a su pueblo a caminar por senderos inciertos, que no escogemos, ni tenemos las herramientas para enfrentar los temores y desafíos que surgen.  ¿Cuántas veces en estos caminos inciertos los vientos contrarios, junto a “Fobos”  y “Deimos”, pretenden impedir que cumplamos la comisión asignada?  ¿Cuántos fantasmas y demonios surgen de la nada, cuando menos los esperamos, y se levantan en forma inexplicable para incitarnos a claudicar en nuestra misión?

¡Cuántas experiencias de relaciones que se rompen, pérdidas significativas, enfermedades físicas o mentales que aparecen, momentos de desesperación, guerras y amenazas de guerras, situaciones económicas fuera de nuestro control, se convierten en los vientos cortantes y contrarios que pretenden detener el propósito de Dios en nosotros!  El caos quiere imponerse sobre la fe y la confianza en Dios y sus promesas.  Sin embargo, no podemos olvidar que los “Fobos” y “Deimos” de la vida fueron derrotados y desarmados al ocurrir el sacrificio de Cristo en la cruz (Colosenses 2: 15).

Jesús es el Yo soy” (Ego eimí) que camina sobre el mar embravecido, y su presencia, ya sea en la barca,  frente o al lado de la barca de nuestras vidas, calma los vientos y la tempestad.  Es hora de confiar en sus promesas, y continuar actuando en su nombre. ¡Muchas y abundantes bendiciones!

 

 

 

 

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