¿Vendrá Cristo otra vez?… Hablemos la verdad

Venida de Cristo
Por Samuel Caraballo-López

¿Será cierto que Cristo vendrá otra vez? Si es así, ¿a qué vendrá? La venida de Cristo no ha ocurrido y han pasado cerca de 21 siglos luego de esa promesa. El que una promesa tarde, no significa que no ha de cumplirse, especialmente cuando el que hace la promesa es Jesucristo (Juan 14: 1-4, Apoc. 1: 7-8). Sin embargo, es importante reconocer que la espera desespera. En muchas ocasiones la espera de la venida de Jesucristo ha dejado de ser un tema de nuestra predicación y pasa el año litúrgico sin hablar de esta verdad. Ese anhelo de conocer cara a cara a Jesús y poder verle, dialogar con él y sentarnos a sus pies, es el combustible que mantiene al creyente firme en su esperanza, mientras lleva a cabo su misión en este mundo.

Hay que reconocer que hay un sinnúmero de creyentes que caminan con sus “tanques” vacíos, ya que han perdido la fe en el retorno de Cristo, y languidecen en los bancos de nuestras congregaciones. Cuando perdemos ese anhelo por encontrarnos con Jesús en su venida, tendemos a sustituir dicha pérdida relocalizando nuestros esfuerzos en proyectos humanos, que por más loables que puedan ser, no necesariamente  abonan a la transformación de nuestra sociedad.

El Señor Jesús consciente de que su venida tardaría, nos dejó la tarea misional suprema a realizar, que llamamos la Gran Comisión. Esta tarea se hará con diligencia, entendiendo que él volverá, para recompensar a aquellos/aquellas que le han servido con fidelidad.

Es importante que la iglesia mantenga como combustible para su misión, ese anhelo de encontrarse con Jesucristo, reconociendo que en ese encuentro habrá doble retribución: salvación a los creyentes y justa paga a aquellos que no reconocen, ni obedecen las Buenas Noticias de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 1: 5-12). El aparente silencio de Dios ante instituciones e individuos que promueven los signos de muerte en nuestra sociedad, como es la injusticia, la violencia, la mentira, el crimen y la indiferencia, no es otra cosa que su rechazo e indignación ante dichos actos, junto al anuncio de que un día no muy lejano se revelará con toda fuerza la majestad de su justicia sobre los que comenten tales fechorías.

Esta fe en la venida inminente de Jesucristo y nuestro anhelo de estar con El, nos debe animar al enfrentar cualquier situación adversa. El saber que esa victoria que ya es, será final y completa al ocurrir la venida de Cristo, nos da una ventaja en nuestra lucha en este mundo. El Señor Jesucristo a quien servimos vendrá y tiene la solución completa al problema humano.

El luchar conociendo ya los resultados de la lucha nos provee una posición ventajosa frente al enemigo de la justicia. Pensemos por un momento que tuviésemos la oportunidad de ir al futuro y conocer el resultado de mucho de los acontecimientos que hoy enfrentamos: ¿No creen mis queridos hermanos que eso nos daría una gran ventaja sobre los demás? Cada creyente tiene esa ventaja, el Señor declaró cual será el resultado de nuestra lucha. Es por eso que mis acciones son redentoras y proféticas…porque yo se que el bien triunfará sobre el mal, la justicia triunfará sobre la injusticia. Yo se que somos más que victoriosos por medio de Aquel que nos amó y manifestará su voluntad completa en su gloriosa venida.

Por otro lado el anhelo que tengo de encontrarme con Jesús en su venida enriquece mi devoción hacia El. La adoración de la iglesia se convierte en redentora y sanadora cuando nuestro anhelo de encontrarnos con el Señor se manifiesta en el culto cristiano. Cuando la iglesia pierde de perspectiva la realidad del culto cristiano en su dimensión escatológica, le resta poder a la experiencia de adoración y ahoga el anhelo de los creyentes de conocerle cara a cara en su venida.

Nuestra adoración no es solo para ver a mis hermanos y mantener la tradicion de asistir al templo; nuestra adoración es la celebración de la salvación de Jesucristo que se consuma en la cruz, y la anticipación de la gran victoria que se aproxima. Cuando nuestro culto se convierte en un anticipo de la venida del Señor y nuestro encuentro con El, la adoración se convierte en una fuerza transformadora para nuestras comunidades. Entonces, en el culto, Dios es glorificado en todo por Jesucristo. Muchas bendiciones.

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