Lo que quiero y lo que debo no coinciden: ¿qué hago?

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Por Samuel Caraballo-López

¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies? Proverbios 6: 27-28

El texto para el 31 de agosto de 2014, décimo tercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Mateo 16: 21-28.  Nos llama la atención la reprensión de Pedro a Jesús (verso 22), cuando el Señor hace pública lo que será la culminación de su misión en Jerusalén.

La iglesia, representada en Pedro, que en el pasaje anterior, Mateo 16: 13-20, afirma su fundamento en el reconocimiento de que “tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente”, ahora cuestiona la misión de Jesús. En el texto de hoy, el mismo Pedro, se resiente al ver que ese mesías no responde a sus expectativas humanas.  Pedro corrige a Jesús, diciéndole que lo que El está diciendo no debería ocurrir. Es la iglesia que quiere corregir a su Señor, dictaminando lo qué es y lo qué no es la misión o la vida cristiana.  ¿Cuántos de nosotros hemos querido corregir a Jesús en nuestros sermones y enseñanzas, atribuyéndonos sabiduría que sobrepasa la del Maestro?  La verdad que Pedro, prototipo de la Iglesia, nos sorprende cuando se atreve a invitar a Jesús a tomar otro camino diferente al que corresponde a su misión.

Pedro, el discípulo que recibe la revelación de Dios en el pasaje anterior (16: 16), ahora quiere reinterpretar la revelación recibida, de tal forma que no asuste ni escandalice a la gente, haciendo que la causa de Jesús pierda adeptos. Aunque no es bueno perder miembros en nuestras congregaciones cristianas, tenemos intencionalmente que hacer pública la misión de Jesús que culmina en la cruz del Calvario. No podemos ir de “de tu eres el Cristo”  a “jamás te acontezca”, sin adulterar el mensaje verdadero del Evangelio del Reino. Cuidado, hermano!

No podemos negar que la vida cristiana en muchas ocasiones se da en forma dialéctica, es decir entre la luz gloriosa de la fe y las tinieblas infernales de la tentación. Esta tensión entre responder a Jesús y corresponder a las expectativas del mundo, es constante en nuestra vida.  La reacción de Pedro a la declaración de Jesús sobre su  misión en Jerusalén, que finaliza en la Cruz, ha sido también nuestra respuesta-“jamas te acontezca”. Ahora bien, ¿cómo encontrar la síntesis que nos permita cumplir la misión de Cristo, con todas sus implicaciones–“En el mundo teneis tribulación…“(Juan 16:33)– y a su vez responder a los tiempos complejos en que vivimos?  Esa es la pregunta.

Pedro, nos representa a ti y a mí que tenemos aspiraciones en el aquí y ahora, y que frente a los propóitos y voluntad de Dios, que trascienden la aspiraciones meramente humanas, tendemos a retroceder.  ¿A quién obedecer? ¿A lo concreto de la vida secular y humana que quiero o al llamado de Dios que contradice las premisas que sostienen nuestras  aspiraciones y deseos? ¿Qué es más fácil correr tras una meta concreta, tangible y medible o correr tras lo invisible, intangible e incontrolable?

Jesús le dice a Pedro, que cuando nuestro pensamiento está confinado en las expectativas humanas, y los imponemos sobre los propósitos y voluntad de Dios, hacemos el triste rol de Satanás (verso 23). Ahora bien este ensimismamiento en lo mundano y lo inmediato, no solo es un problema individual y personal, sino colectivo. ¿Cuántas organizaciones cristianas han perdido su norte, y ahora su funcionamiento responde exclusivamente a los aspectos seculares de la administración de un sistema? ¿Cuántas organizaciones que surgieron con una misión particular a través de su historia han relegado la misma para responder a intereses humanos, ideológicos o económicos?

Es medular aclarar que el llamado de Dios se convierte en vocación por mediación de instituciones humanas, que son los escenarios establecidos por Dios para la formación y el ejercicio de la práctica ministerial de los que El ha invitado a seguirle. Dicho de otra manera, nuestro llamado divino se hace concreto en el “barro” de las instituciones humanas, pero que en ocasiones se hacen tan “barro” (que llegan a “fango”), que su propio pecado limita a los llamados  para responder a la misión que Dios le ha encomendado.  ¡Que terrible!

Jesús en el Sermón de la Montaña, nos declara: “Por tanto, sean perfectos (teleioi), así como su Padre celestial es perfecto (teleios)” (Mateo 5:48). El texto utiliza la palabra teleioi para hablar de plenitud, cabalidad.  El deseo de Dios es que podamos desarrollarnos personal o vocacionalmente tan plenamente por medio de nuestra relación con El y su pueblo, que tanto las “debilidades” de las instituciones seculares como eclesiásticas en las que ejerceremos nuestra vocación, sean superadas por nuestro propio desarrollo.

¿Cómo puedo manejar esa dialéctica—entre cumplir la misión de Cristo–y responder a las demandas de la sociedad secular?  La síntesis la encontramos cuando lleguemos a ser teleioi (completo, cabal) como nuestro Padre es.  ¿Será posible? Sííí, es posible. Jesús le dijo a Pedro…”alinéate detrás de mí (verso 23)…si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y sígueme” (verso 24). Solo cuando  nos alineemos detrás de Jesús, en lo personal, organizacional y ministerial, esto será posible (verso 23).  Solo así podemos responder y ayudar a otros a responder al llamado de Jesús en medio de un mundo complejo.  Muchas bendiciones

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