Corrección con dignidad: un camino nuevo

correccion

Por Samuel Caraballo-López

El texto del 7 de septiembre de 2014, el decimotercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Mateo 18: 15-20.  Es un pasaje maravilloso, porque establece el significado de la corrección con dignidad que muchas veces reclamamos.

Jesús reconoce la posibilidad de que los creyentes puedan cometer faltas de diversas magnitudes.   Sin embargo, la meta de la iglesia es corregir con dignidad y restaurar al ofensor.  Para esto Jesús propone tres (3) pasos sencillos que al aplicarlos sabiamente podría resultar en una gran bendición para las comunidades cristianas. Es bueno aclarar que en esta perícopa bíblica se utiliza una situación hipotética, cuya intención es preventiva, es decir, adelantar, antes que ocurra, el cómo manejar correctamente situaciones disfuncionales, que implican ofensas, desvíos o injusticias dentro de  la comunidad de fe

Primero hay que establecer algunas condiciones, antes de aplicar estos pasos enseñados por Jesús, que sirvan de marco estructural al método correctivo propuesto.  Hay que establecer como premisa central del proceso que toda corrección tiene como meta la afirmación de la dignidad de la persona o personas implicadas en la situación.  Una segunda premisa, que está ligada a la primera, es la necesidad de plena confidencialidad en este proceso de corrección con dignidad. Permíteme detenerme en estas premisas que sirven de estructura el proceso de corrección que plantea Jesús.

Según Jesús, el fin de todo acercamiento correctivo con el ofensor o los ofensores es la reconciliación, y por lo tanto, los medios a utilizar tienen que afirmar la dignidad humana que el mismo pecado cometido ha lacerado. Así que tanto los medios como los contenidos a ser utilizado en el proceso correctivo deben afirmar tanto la dignidad del ofendido como del ofensor.

Dado que en nuestra crianza se enfatizó mucho el uso de la vergüenza para corregir las faltas cometidas, debemos estar alerta de nosotros mismos. La corrección que Jesús propone, reta al mediador del proceso a tener un tiempo de reflexión e introspección previo a iniciar la empresa deseada.  !Mucho ojo! Cuando intentamos establecer la corrección que Jesús propone, tenemos que estar alerta porque los medios y contenidos que tenemos archivados en el inconsciente, al manifestarse de forma tácita, pueden menoscabar la dignidad del ofensor u ofensores, saboteando la intención primaria del proceso. Por lo tanto, antes de colaborar con un proceso de corrección, debemos examinar nuestro repertorio mental  para ver “si hay en mi camino malo”, y con la ayuda de Dios poder identificarlo y superarlo.

Según Jesús, el proceso de corrección se inicia con un acercamiento personal al ofensor con el propósito que reconozca su falta.  La palabra griega utilizada en Mateo 18:15  es elenxon,  que se traduce repréndelo, significa en realidad “hazle ver su falta”. Tenemos que tener mucho cuidado en esta etapa inicial para que sea efectiva.  No siempre el ofendido es el indicado a hacer el acercamiento personal, a menos que éste tenga la madurez para separar su sentimiento de dolor y coraje, de la persona a la que pretende corregir o restaurar.  Es importante ser totalmente honesto, si la naturaleza de la ofensa ha causado en el ofendido dolor, coraje y vergüenza profunda, debe buscar un recurso externo al conflicto, que pueda manejar el proceso de corrección, y que a su vez pueda ayudar a ambas partes en el proceso de reconciliación.

El segundo paso del proceso de corrección ocurre siempre y cuando el primer paso no logró su intención primaria.  Jesús nos recomienda, como parte de la intención restaurativa, utilizar testigos de alto calibre moral y prestigio dentro de la comunidad para servir de facilitadores del proceso. Es importante el proceso de reclutamiento de estos testigos.  Su principal labor es colaborar en el proceso  de corrección que se pretende.  Las recomendaciones sobre el uso de los medios y el contenido del anterior paso se mantienen, junto al requisito de la confidencialidad.  Esta etapa es muy poderosa si los recursos que son allegados al proceso tienen la madurez y la sabiduría para colaborar con el fin que se pretende.

Según mi experiencia, las posibilidades de que la restauración se de en esta segunda etapa es muy alta.  Es importante a su vez que los testigos seleccionados asuman una labor de seguimiento al ofensor u ofensores, al igual que al ofendido, para ayudarles a integrar a plenitud el proceso de corrección, y lograr que los afectados alcancen los niveles de madurez y de conciencia a los que Jesucristo les invita.

El tercer paso es posible el más difícil y doloroso del proceso de corrección, porque plantea la posibilidad de no lograr el objetivo propuesto en los pasos anteriores.  La expulsión o el rompimiento del vínculo fraternal con un ofensor u ofensores de la comunidad de fe, es el último paso en una cadena de esfuerzos por restaurar con dignidad a un creyente que haya afectado adversamente la comunión cristiana,  y que se resiste a la corrección restaurativa.  Es mi esperanza que jamás tengamos que llegar a esta etapa. !Muchas bendiciones!

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