Disciplina con dignidad: un camino nuevo para la iglesia

correccion

Por Samuel Caraballo-López

“Así también, no es la voluntad ante vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños” (Mateo 18: 14)

El texto del 6 de septiembre de 2020, el décimo cuarto domingo después de Pentecostés y centésimo septuagésimo quinto (175) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en Mateo 18: 15-20.  Es un pasaje maravilloso, porque establece el significado de la disciplina con dignidad en la comunidad cristiana, junto a darnos el fundamento para la autoridad de esta comunidad que llamamos la iglesia de Jesucristo.

“Por tanto, si tu hermano peca, ve, repréndelo estando tú y él solos. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano; pero si no escucha, toma contigo a uno o dos, para que por boca de dos o de tres testigos quede firme toda palabra. Y si los desoye a ellos, dilo a la iglesia; y si desoye a la iglesia, sea para ti como el gentil y el publicano” (Mateo 18: 15-17, BTX)

Jesús reconoce la posibilidad de que los discípulos o hermanos [adelphos (gr.)] de la comunidad puedan cometer pecados y faltas de diversas magnitudes.  De hecho el termino “adelphos” se utiliza por primera vez en el evangelio en este texto. Sin embargo, la meta de la iglesia es corregir con dignidad todo pecado conocido, y ¨ganar¨ al ofensor.  En la comunidad cristiana debemos ocuparnos y asumir responsabilidad de la vida espiritual y ética de nuestros hermanos. De hecho, la iniciativa pastoral que nos habla Mateo en los textos de hoy, hay que asumirla, porque el pecado no puede ser tolerado dentro de la comunidad de los discípulos.

Para esto Jesús propone tres (3) pasos sencillos que al aplicarlos sabiamente podría resultar en una gran bendición para las comunidades cristianas. Es bueno aclarar que en esta perícopa bíblica se utiliza una situación hipotética, cuya intención es preventiva, es decir, adelantar, antes que ocurra, el cómo manejar correctamente situaciones disfuncionales, que implican pecados, desvíos o injusticias dentro de  la comunidad de fe

Es necesario establecer algunas condiciones, antes de aplicar estos pasos enseñados por Jesús, que sirvan de marco estructural al modelo correctivo propuesto.  Es importante tener claro que la intención  de la disciplina correctiva es “ganar al hermano” [verso 15], porque su desvarío lo aleja de la comunión. Este punto es muy importante al interpretar este pasaje del evangelio de Mateo. Asi que el interés esta en la búsqueda del bienestar espiritual del ofensor y no la reputación de la comunidad.

Observe que la intención no es la resolución de conflictos y mucho menos resolver un agravio dentro de la comunidad, sino la restauración de un pecador [Lucas 17: 3]. Ahora bien, para que esto ocurra es necesario la plena confidencialidad en el proceso. Permíteme clarificar las observaciones anteriores que son parte inherente del proceso de disciplinario que Jesús plantea.

Según Jesús, el fin de todo acercamiento correctivo con el ofensor o los ofensores es el ¨ganar al hermano¨, y por lo tanto, los medios a utilizar tienen que afirmar la dignidad humana que el mismo pecado cometido ha lacerado. Así que tanto los medios como los contenidos a ser utilizado en el proceso disciplinario deben afirmar la dignidad del ofendido.

No podemos ignorar que en nuestra crianza se enfatizó el uso de la vergüenza como instrumento para corregir las faltas cometidas.  Esta realidad nos obliga a estar alerta de nuestra propias acciones. La corrección que Jesús propone, reta al interventor del proceso a tener un tiempo de reflexión e introspección previo a iniciar la empresa disciplinaria.  !Mucho ojo!

Cuando intentamos establecer la corrección que Jesús propone, tenemos que estar alerta porque las experiencias pasadas que fueron asimiladas en nuestra estructura mental, pueden producir conductas tácitas que pueden menoscabar la dignidad del ofensor u ofensores, saboteando la intención primaria del proceso. Por lo tanto, antes de colaborar con un proceso de corrección, debemos examinar nuestro repertorio mental  para ver “si hay en mi camino de perversidad”, y con la ayuda de Dios poder identificarlo y superarlo (Salmo 139: 23-24).

Por tanto, si tu hermano peca, ve, reprendelo estando tu y él solos. Si te escucha, habras ganado a tu hermano; (Mateo 18: 15)

Según Jesús, el primer paso en el proceso de corrección con dignidad es cuando el ofendido inicia un acercamiento personal (de tú a tú) con el ofensor con el propósito que reconozca su falta.  

La palabra griega utilizada en Mateo 18:15  es elenxon,  que se traduce “repréndelo”, significa en realidad “hazle ver su falta” o trata de persuadirlo para que reconozca lo incorrecto de su acción. Tenemos que tener mucho cuidado en esta etapa inicial para que sea efectiva.  No siempre el que se percata del pecado o testigo del pecado es el indicado a hacer el acercamiento personal, a menos que tenga la madurez espiritual para corregir o restaurar.  

Es importante ser totalmente honesto, si la naturaleza y magnitud de la ofensa o el pecado ha causado en el interventor y testigo, dolor, coraje y vergüenza profunda, debe buscar un discípulo que pueda manejar el proceso de corrección, y que a su vez pueda ayudar al ofensor a entender que su pecado tiene que ver con su bienestar espiritual y se requiere un proceso de arrepentimiento y restauración.

El segundo paso del proceso de corrección ocurre siempre y cuando el primer paso no logró su intención primaria: 

pero si no escucha, toma contigo a uno o dos, para que por boca de dos o de tres testigos quede firma toda palabra. (Mateo 18: 16)

Jesús nos recomienda, como parte de la intención restaurativa, utilizar uno o dos testigos de la comunidad de los discípulos. Aunque no se específica las calificaciones que deban tener estos, y dado que la presencia de los testigos es para respaldar el proceso del iniciador y endosar su gestión con el ofensor, pienso que estos testigos deben ser personas maduras y sabias.

Es importante el proceso de reclutamiento de estos testigos.  Su principal labor es ofrecer una fuente de autoridad adicional para lograr la meta inicial del proceso de lograr persuadir al ofensor de su pecado y lograr su arrepentimiento. En Deuteronomio 19: 15 establece que para que se pruebe una convicción judicial de un crimen se necesita testimonios múltiples para la convicción. Ahora este principio es reconocido en todo el Nuevo Testamento en diversos contextos (vea Juan 8:17; 2 Cor. 13: 1; I Tim. 5: 19), lo que indica que no es estrictamente judicial. 

En este segundo paso se mantiene las condiciones anteriores, que incluyen la intención de reconocimiento del pecado por el ofensor, y la confidencialidad de la información.  Esta etapa es muy poderosa si los recursos que son allegados al proceso tienen la madurez y la sabiduría para colaborar con el fin que se pretende.

Según mi experiencia, las posibilidades de que la restauración se de en esta segunda etapa es muy alta.  Es importante a su vez que los testigos seleccionados asuman una labor de seguimiento al ofensor u ofensores, para ayudarles a integrar a plenitud el proceso de corrección, y lograr que los afectados alcancen los niveles de madurez y de conciencia a los que Jesucristo les invita.

El tercer y último paso es posible el más difícil y doloroso del proceso de disciplina, porque plantea la posibilidad de no lograr el objetivo propuesto en los pasos anteriores:

Y si los desoye a ellos, dilo a la iglesia, y si desoye a la iglesia, sea para ti como el gentil y el publicano (Mateo 18: 17)

Solo nos queda una opción, si el pecador u ofensor desoye a los testigos, hay que acudir a la asamblea en pleno de los discípulos. Es la Asamblea de los santos [ekklesia] que ahora intentará hacer que el proceso de corrección restaurativa se realice. El ofensor ahora se enfrenta con la desaprobación de la asamblea de lo discípulos. Ahora debía reconocer que la acción pecaminosa no fue solo repudiada por el iniciador del proceso y los dos o tres testigos, sino que ahora el testimonio unificado de la comunidad también la considera igualmente incorrecta.

El texto no habla de expulsión o excomunión de la comunidad de los discipulos del ofensor, solo expresa como un consejo para el discípulo que fue testigo del pecado: “sea para ti como el gentil y el publicano”. Luego de tus esfuerzos por lograr que el ofensor se persuada y arrepienta del pecado cometido sin éxito, considéralo fuera de tu círculo de comunión.  Es decir la conducta del ofensor, delante del testigo e interventor, lo descalifica como parte del pueblo de Dios y de compartir la mesa del compañerismo.

Es mi esperanza que jamás tengamos que llegar a esta etapa porque sería indicativo que no se logró los propósitos de la disciplina restaurativa. !Muchas bendiciones!

Bibliografía

France, R. T.  The Gospel of Matthew. Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdemans Publishing Company, 2007

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .