El vicio de la mezquindad…¿cómo superarlo?

Mezquino2

Por Samuel Caraballo-López

Hay pasajes de las Sagradas Escrituras que nos confrontan con la realidad social en la que nos desenvolvemos e inclusive nos ayudan a entender ciertas conductas humanas para las cuales no tenemos explicación lógica.  Uno de estos pasajes aparece en 1 Samuel 30: 22-25:

Pero entre los hombres de David, algunos mezquinos dijeron:
—Por no haber venido con nosotros, no les damos del botín recuperado, sino sólo su mujer y sus hijos a cada uno; que los tomen y se marchen.
Pero David dijo:
—No hagan eso, camaradas, después que el Señor nos ha dado la victoria, nos ha protegido y nos ha entregado esa banda que nos había atacado. En eso nadie estará de acuerdo con ustedes, porque tocan a partes iguales el que baja al campo de batalla y el que queda guardando el equipo.
Aquel día David estableció esta norma para Israel, y ha estado en vigor hasta hoy.(LBNP)

La palabra mezquindad tiene entre sus sinónimos varios con un alto significado negativo. Entre estos sinónimos están: ruindad, falta de nobleza, cicatería, roñería, baratura, indigencia del pensamiento, bajuno, el que da puñaladas traperas, etc.

En la versión de la Biblia Reina Valera Antigua (1602), se usa el término “hijos de Belial”, en lugar del adjetivo mezquinos, para referirse algunos de los que acompañaban a David en su expedición de rescate a los cautivos, que sirve de contexto a la perícopa citada.  Belial (heb. Belîyyaal, “inútil”, “perversidad [vileza]”, “desorden”, “despreciable”; gr. Beliár o Beliál), también llamado Belhor, Baalial, Beliar, Beliall, Beliel, es un demonio proveniente de la mitología hebrea y que aparece en el Antiguo Testamento. Los hombres impíos son considerados los “hijos de Belial” en el judaísmo. Por lo tanto, la expresión “hijos de Belial” se refiere a personas impías, cuya relación con el mal los hacia amantes de las ganancias producto de la corrupción. En ese sentido la mezquindad tiene un vínculo con la inmoralidad y la deshonestidad.

Desde el punto etimológico, la palabra “mezquino” proviene del árabe miskín, que significa pobre, indigente, mísero, digno de pena o lástima. En su connotación actual se ha adoptado el significado del término catalán mesquí,  que significa, “falto de generosidad”, “poco amigo”, “de sentimientos viles” o “falto de la amplitud  y de la grandeza necesaria.”

La mezquindad es una actitud ante la vida.  Inclusive la mezquindad es el acto por el cual preferimos tener que ser.   De hecho, la mezquindad es esa sensación de perenne carencia aunque tengamos lo suficiente. Esta suele ser un mecanismo de defensa que esconde traumas, incompetencias e inseguridades severas. El mezquino cree que se resguarda y se encuentra mejor, más fuerte o superior a los demás, pero solo se engaña a sí mismo. Este pretende hacer creer que esta ayudando a los demás cuando realmente hace el mínimo esfuerzo posible a favor de otros.

El texto mencionado a principios del escrito nos dramatiza lo que es la mezquindad en todas sus dimensiones. Es que sin validar que mi colega ha sido colaborador de mis logros y bienestar, lo privo de lo que en derecho le corresponde, justificando mi decisión en que él o ella no hizo lo suficiente para recibir lo que parece corresponderle.  Es la negación de la participación de otros en lo que hoy parece ser mi mayor beneficio. Es que luego de llegar a la meta, cierro mis ojos y oidos para no reconocer la aportación de aquellos que caminaron conmigo en diversas etapas del proyecto, reclamando solo para mí lo que es el legado de muchos.

¿Cómo podemos superar la mezquindad?  Permítanme ser repetitivo porque el texto de 1 Samuel 30,  es dramático e iluminador:

Y David les dijo:

“No hagan eso, camaradas, después que el Señor nos ha dado la victoria, nos ha protegido y nos ha entregado esa banda que nos había atacado. En eso nadie estará de acuerdo con ustedes, porque tocan a partes iguales el que baja al campo de batalla y el que queda guardando el equipo.” (versos 23-24)

Primero, hay que confrontar todo acto de mezquindad en otros y en mi mismo.  No podemos callar ante la infamia de la mezquindad. Segundo, hay que traer a nivel consciente que los logros humanos siempre tienen un componente colaborativo.  Alguien en menor o mayor grado aportó a ese logro, y hay que tener la honradez de  reconocerlo públicamente.  Tercero, el reconocerlo no es suficiente, es necesario articular palabras y acciones públicas en que se afirme y reconozca con equidad la visión colaborativa de cualquier logro. Esto evita los reclamos protagonistas de aquellos que tienen mayor visibilidad frente a los que trabajan tras bastidores.

Hay que afirmar que sin el apoyo, la colaboración y la oración de otros, cercanos y lejanos, muchos proyectos y metas no se alcanzarían.  Es importante entender que todo gran logro es producto de muchas manos, que en colaboración con el principal líder, hicieron posible lo que quizás era solamente un sueño.  Esa madurez para reconocer esto y establecerlo como norma de vida nos permite superar la mezquindad inmediata, y nos previene de que ésta aparezca en futuras ocasiones.

Creo que llegó el momento de decirle NO a la mezquindad, primero en mí y luego en todas sus manifestaciones públicas y privadas en comunidades e individuos.  Así nos ayude Dios! Muchas bendiciones.

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