Seis consejos sabios para vivir en estos tiempos complejos.

Pablo-Aposto II

Por Samuel Caraballo-López

El texto para este domingo 21 de septiembre de 2014, el último domingo del verano, se encuentra en Filipenses 1:20-30.  Esta carta es singular y fue escrita entre los años 60 al 62 d. C, bajo el emperador Nerón (54-68 d.C.), por  el Apóstol Pablo, preso en Roma.  En esta carta el Apóstol pretende inspirar a una iglesia que, en medio de un contexto hostil, anhelaba cumplir con su misión en su tiempo y espacio particular.

Pablo había fundado esta congregación en la ciudad de Filipo, provincia de Macedonia, en lo que hoy es Grecia, en su segundo viaje misionero, cerca del año 51 d.C. (Hechos 16: 12-40).   De hecho, la iglesia de Filipo es la primera iglesia fundada en territorio europeo. Esta congregación tenía dos elementos distintivos, primero su gran generosidad (Filipenses 4:10-18; 2 Corintios 8:1-5) y su liderato mayormente compuesto por mujeres (Hechos 16: 13-15; Filipenses 4: 2–3).

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El pasaje a considerar comienza con una invitación del apóstol a actuar éticamente en ese momento difícil de dejadez moral y persecución.  El propone su máxima ética como apóstol,  “Espero firmemente no hacer nada que pueda avergonzarme” (verso 20).  Es decir el apóstol entendía lo importante que era el permanecer sin claudicar en aquel momento de confinamiento. Aunque entendía que morir por su fe en Cristo era ganancia, prefería vivir bien para  seguir fortaleciendo en la fe a la iglesia.

Moraleja: La forma de conducirnos en los momentos de dificultad es crucial para la proyección pública de la causa que defendemos.  De igual modo, la forma de actuar de sus portavoces tiene efectos en la moral colectiva de la organización.

Cuando leo estas palabras del Apóstol Pablo, no puedo dejar de remontarme al siglo XX y la gesta histórica de Nelson Mandela.  Durante los 27 años en que estuvo confinado en la República de Sudáfrica, mantuvo su firmeza en las convicciones por las que había llegado a la cárcel.  Aunque su sentencia era de por vida, sus pensamientos estaban centrados en que algún día saldría libre  para continuar su lucha por la emancipación de su pueblo.

Cuando leemos su libro, La autobiografía de Nelson Mandela. El largo camino hacia la libertad, (2013), temblamos al ver los procesos que Mandela pasó a causa de sus convicciones.  Mandela fue humillado, vejado, explotado y maltratado, con el fin de que claudicara en sus creencias; sin embargo su firmeza lo inmortalizó.  Su entereza moral e intelectual lo catapultó para llegar a ser Presidente de la misma nación, que con el propósito de hacer desaparecer sus ideas de liberación y de justicia, lo había confinado.

El apóstol Pablo, con una magistral exposición  desde la prisión de Roma, nos da seis (6) consejos que son eternos y debemos considerar en nuestro contexto particular.  Estos se encuentran en Filipenses 1:27-30, y son los siguientes:

  1. Vivan dignamente como enseña el Evangelio (verso 27a).

El apóstol utiliza la palabra griega politeusthe para referirse al vivir digno, que significa vivir como ciudadanos de la “polis“, e s decir personas libres y no como esclavos que mantienen su voluntad sometida a sus amos.  Los creyentes han sido libertados por Jesucristo en la cruz del calvario y no están sujetos a “yugos” de servidumbre.  El Evangelio es fuerza liberadora, que trasciende las categorias sociales impuestas por los sistemas de este mundo–“Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, y esperamos que de allí vuelva nuestro salvador, Señor Jesucristo,  el cual transfigurará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de gloria suya,” (Filipenses 3: 20-21)

  1. Vivan unidos entre sí, pónganse de acuerdo y luchen unidos para anunciar las buenas noticias (verso 27b).

El luchar por la unidad debe ser la meta de cada cristiano.  Recuerda que la unidad no es sinónimo de uniformidad, contrario a esto, la unidad se da en la diversidad.  El apóstol nos llama a establecer unidad de propósitos y de metas, aprendiendo a poner lo primero, primero y caminar todos hacia los que es la misión de Dios, que es llevar los seres humanos a encontrarse con Jesucristo.

  1. No te intimides por los que se oponen (verso 28a).

El miedo se ha convertido en el principal obstáculo de la iglesia en tiempos de persecución y tribulación.  Los creyentes no han recibido de Dios un espíritu de temor, sobrevivencia o servidumbre, sino de poder, amor y dominio propio (2Timoteo 1:7). Nelson Mandela en el libro citado anteriormente nos comparte el siguiente pensamiento:

Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo.  El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.” (Mandela)

  1. Compórtense con valentía (verso 28b).

Hay que aceptar que seguir a Jesús fielmente, acarrea dificultades y colisiones con los poderes de este mundo (10: 17-20).  Sin embargo, las dificultades, persecuciones, amenazas, el intento de marginarte o hacerte invisible, que son formas de intimidación, no deben impedir la fiel proclamación y práctica del Evangelio. La valentía nuestra hace que los enemigos sean derrotados, y Dios propicie el triunfo.

  1. Confíen en Cristo y estén dispuestos, si fuese necesario, a padecer por Él (verso 29).

Uno de los aspectos fundamentales del Evangelio es nuestra confianza en Jesucristo.  Sus promesas son todas reales y su actuar es claro.  No es el sistema político el que está en control, sino Jesús, que es el Soberano de los reyes de la tierra (Apoc. 1: 5; Filipenses 2: 10-11).  Jesucristo, contrario a los poderes ilegítimos de este mundo que matan el cuerpo, cuida, alimenta y reconoce el valor de sus discípulos. Si Jesús atiende a los más vulnerables,  los reconoce, y se ocupa de ellos (Mateo 25: 31-46), cuanto más lo hará con aquellos que han dejado la seguridad que da las posiciones remuneradas, y en ocasiones sus hogares y familias, para proclamar el advenimiento del Reino de Dios (Lucas 18: 29-30).

  1. Asuman las consecuencias de creer en el Señor Jesucristo (verso 30).

Seguir a Jesucristo tiene consecuencias ineludibles.  Es cierto que “El es nuestro Salvador y transformará nuestro cuerpo de humillación en un cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a si mismo todo el universo” (3:21).  Sin embargo, también la firmeza de convicciones tiene consecuencias adversas en un mundo alejado de Dios–“En el mundo tendréis aflicción, más confiad yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).  Tanto el sufrimiento como la persecución  pueden ser, entre otras, algunas de las consecuencias de seguir firmemente al Señor.

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No hay duda que estos consejos de un preso, por causa de su fe en Jesucristo, tienen validez para ser considerados por los creyentes hoy.  Tomemos por ciertos estos principios, y mediante su práctica demostremos al mundo, y mucho más en este momento de la historia, que vale la pena servir con firmeza y tesón a nuestro Señor Jesucristo.  ¡Muchas bendiciones!

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