Hambre y sed de Dios…Amós 8:11

hambre y sed de Dios

Por Samuel Caraballo-López

Para comenzar este escrito es fundamental clarificar las concepciones bíblicas sobre los profetas de Israel. La Biblia habla de tres (3) tipos de Profetas:

  1. El Profeta de la ciudad, que se interesa en el vivir cotidiano del pueblo. Este traía palabra al pueblo relacionado a su diario vivir.
  2. El Profeta de la Nación, que velaba por la seguridad y salud del país. Era el centinela de la historia, que alertaba como la trompeta cuando se acercaban tiempos peligrosos al país.
  3. El Profeta Internacional, el cual traía palabra para todos los pueblos y les urgía directamente a regresar a Dios.

Amós es un profeta de la ciudad cuya misión consistía en alertar a un pueblo (Israel del Norte), que sencillamente presumía de agradar a Dios, en virtud a su liturgia y rituales religiosos. Amós le profetiza a un pueblo, que aun cuando celebraba culto al Dios verdadero, eran paganos en su práctica cotidiana. El principio del paganismo es dividir la vida en departamentos, sin vincular estos con su vida de fe. Su paganismo se exhibía en sus acciones diarias, ya que utilizaban sus negocios para oprimir, robar y engañar al pobre y al menesteroso.

Estos  creyentes “mercaderes” participaban del culto religioso, pero no tenían una vida congruente con el carácter del Dios de Israel, que dado su amor, era un promotor de la justicia, la honestidad y la verdad en toda actividad y relación humana.

DIOS DECLARA POR MEDIO DEL PROFETA QUE LA PRACTICA DE LA INJUSTICIA  ERA COMO UN TERREMOTO QUE DESTRUIRÍA LA CIUDAD (8:8). Esta declaración requiere que tomemos nota y la divulguemos: La práctica de la injusticia, la deshonestidad y la corrupción, junto a los que a sabiendas la toleran, son responsables de la debacle social del tiempo de Amos.

En medio de este cuadro tan desalentador el Señor declara la Palabra de esperanza por medio del Profeta Amós:

Vienen días—afirma el Señor omnipotente–, en que enviaré hambre al país; no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor (8:11).

Esta palabra profética se cumplió en el tiempo de Jesús, y se cumple hoy en medio de nuestro país. LLEGÓ EL MOMENTO,  Y ES AHORA, DE OÍR, VIVIR Y DESEAR CON ANSIAS LA PALABRA DE DIOS. Dios ha llegado y está produciendo hambre y sed de su Palabra  en nuestra ciudad y a lo largo y ancho del país. Ahora bien, ¿cómo saciar estas ansias de la Palabra de Dios? ¿Cómo llenar esta nostalgia por Dios?

En 1 Pedro 2: 2, el apóstol nos dice: “deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos.  Así por medio de ella, crecerán en su salvación…”

Tres (3) cosas nos pide el Señor que hagamos en estos tiempos de hambre y sed por la Palabra de Dios:

Primero, pidan revelación a Dios de su Palabra. No permitan que solo el aspecto cognitivo determine la comprensión del mensaje divino. La Palabra de Dios tiene también una dimensión trascendente (el Espíritu de la Palabra) que tiene que ser comprendida. En la Palabra de Dios esta  el “misterio escondido desde el origen de los siglos en Dios, Creador de todas las cosas” (Ef 3, 9).  Cuando nos referimos al misterio escondido que trasciende el aspecto cognitivo hablamos de una realidad sobrenatural, que requiere la acción del Espíritu para recibirla. Pedir revelación implica el poder captar la totalidad del mensaje de la Palabra, junto a la sabiduría para recibirla y  aplicarla a nuestra vida y realidad.

Segundo, que seamos capaces de leer la Palabra en el idioma de tu vida (en tu vernáculo). Tenemos que ser como niños vulnerables ante la Palabra y permitirle a ésta, que en lugar de interpretarla, ella nos interprete a nosotros. Hay que dejar que la Palabra hable, mucho mas allá de nuestras ideologías y premisas abrazadas. Si queremos defender causas sociales o políticas que consideramos justas, pero que son ajenas al mensaje redentor de Jesucristo, hágalo en su carácter personal e inspirado por sus valores, y sin forzar a la  Palabra de Dios a decir lo que ésta no dice. !Basta ya de utilizar la Palabra para sostener nuestros agendas personales!

Tercero, es necesario devolver a la Palabra  de Dios el lugar que le corresponde en la tradición cristiana.  Es necesario que esa Palabra de Dios se encarne de tal forma que nos transforme en palabras vivientes, para  que el mundo pueda  leer y conocer de Dios a través de nosotros. La iglesia es el pueblo de la Palabra. La Palabra tiene que volver al pueblo, y ser divulgada en toda su plenitud!

Lo que nos hace diferentes a los clubes sociales o partidos políticos es que nosotros servimos y adoramos primeramente al Dios que se ha revelado en Jesucristo, la Palabra Viva.  Volvamos a la centralidad de la Palabra de Dios, en la vida y programa de la iglesia.     !Muchas Bendiciones!

 

8 Replies to “Hambre y sed de Dios…Amós 8:11”

  1. Aún cuando somos tan pecadores el señor nos busca para enseñarnos su amor no es de este mundo es necesario que le pedimos revelación de su palabra y que nos libere de cualquier segueta espiritual

  2. La palabras de Dios para mi es vida. La palabra de Dios me a restaurado edificado transformado a cambiado mi manera de penzar, haor la habló amis hermanos y amis amigos estoy enamoradisimo de la palabras de DIOS

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