La Reforma …¿qué podemos aprender?

Marie Dentiere & los reformadores

 Por Samuel Caraballo-López

“Pasé un largo tiempo en la oscuridad de la hipocresía.  Solamente Dios pudo hacerme ver mi condición y conducirme a la luz verdadera” – Marie Dentiere

El 31 de octubre de 2016 se conmemoran los 499 años de La Reforma Protestante.  La Reforma Protestante, fue principalmente una respuesta, sostenida en las Escrituras y la fe, a las realidades existentes en el siglo XVI.  Hombres como Martín Lutero y Martín Bucer en Alemania, Ulrico Zwinglio y Heinrich Bullinger en la Suiza de habla alemana, John Knox, en Escocia, Juan Calvino y Guillaume Farel en Ginebra, Thomas Muntzer y Menno Simons entre los anabaptistas,  incendiaron toda Europa con sus propuestas de cambio. No podemos ignorar a Marie Dentiere, una ex-abadesa del Convento Agustino, que representó la perspectiva feminista dentro de la Reforma Protestante.

Según, el Rvdo. Osvaldo Malavé, en su escrito, “La Reforma Protestantes y la Iglesia Evangélica Unida en un nuevo tiempo” (2006)[1], las doctrinas fundamentales de este movimiento histórico las podemos resumir en cuatro (4), a mencionar:

  1. Sola Fides, sola Gratia–Nada justifica al ser humano ante Dios excepto la fe, la cual consiste en recibir a Dios cuando El se nos da; esto es, la justificación por la gracia mediante la fe en Jesucristo.
  2. Sola Scriptura—No hay otra norma de fe y conducta que la Biblia, a la cual todos tienen igual acceso. La Reforma plantea la libertad del ser humano para allegarse a la Biblia y aceptar  que existen diversos acercamientos al texto bíblico, que pueden ser histórico, literario, crítico o canónico. La “Sola Scritura” no significa una sola hermeneútica.
  3. Sacerdocio Universal de todos los creyentes. Todos los cristianos son sacerdotes desde su bautismo. El laico es tan sacerdote como cualquier sacerdote o ministro.
  4. Ecclesia reformata, sempre reformanda (La Iglesia reformada siempre reformándose). La iglesia de Jesucristo no es algo acabado, sino un proyecto donde el Espíritu de Dios la conduce a nuevos “pastos verdes y aguas cristalinas”.  Como comunidad de fe, tenemos la obligación de continuamente evaluar nuestra razón de ser, y revisar nuestra fidelidad al Evangelio tanto en lo personal, como congregación local e iglesia nacional.

Los principios de la Reforma Protestante deben ser el marco de referencia para  reflexionar como iglesia frente a los retos de la sociedad actual.  Estos retos van, desde la crítica interna y externa a la iglesia por su la falta de pertinencia, hasta el intento de borrarla de toda participación social.  Esta critica esta sostenida en la creencia fomentada por ciertos grupos, que entienden que la iglesia es una institución anacrónica, que se ha quedado varada en los tiempos y en la historia, sin un proyecto que fomente la transformación en sus propios seguidores y mucho menos para la sociedad en general.

Debemos preguntarnos que veracidad hay en dichas acusaciones, y si fueran ciertas, ¿cuál es el “eslabón” perdido?   Para responder a esta pregunta tenemos que hacernos otra pregunta,  ¿qué hizo a la Iglesia efectiva en el cumplimiento de la Misión de Cristo en un contexto adversarial  como ocurrió en sus orígenes, y posteriormente  durante la Reforma Protestante?  Es posible que esta pregunta tenga diversas respuestas, sin embargo, voy a circunscribirme al texto bíblico para  reflexionar sobre la misma.

El apóstol Pedro, en su Primera Carta nos expresa lo siguiente:

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.  Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amen (1 Pedro 4: 10-11 RV 1995).

Hay dos (2) principios medulares en el texto que están directamente relacionados a la efectividad del ministerio de la iglesia. El primer principio que identificamos es la centralidad de la Palabra de Dios en todo lo que decimos o hacemos.  Este principio fue medular en la Reforma Protestante.  Lutero, durante la Dieta de Worms del 1521, les expresó a sus acusadores lo siguiente:

“A menos que no esté convencido de testimonios de las Escrituras o de razones evidentes – puesto que no confío en el Papa, ni en su Concilio, dado que ellos han errado continuamente y se han contradicho a sí mismos – Me mantengo firme en las Escrituras por mí adoptadas, y mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar ninguna, viendo que no es seguro o justo actuar contra la conciencia. Dios me ayuda. Amén” (Lutero, Dieta de Worms 1521).

Menno Simmons (1536), fundador del menonismo expresaba la importancia de la Palabra de Dios en todo el movimiento de la Reforma del siglo XVI, en unas palabras conmovedoras:

Queridos hermanos, declaro que prefiero morir antes que creer o enseñar a mis hermanos una simple palabra concerniente al Padre, al Hijo o al Espíritu Santo en desacuerdo con el expreso testimonio de la Palabra de Dios, que ha sido tan claramente dado por boca de los profetas, evangelistas y apóstoles. (Horsch y Bender, www. elcristianismoprimitivo.com, 1978).

El Apóstol Pedro, establece la forma correcta de ejercer los ministerios de los creyentes, conscientes de que estamos en los últimos tiempos: “Si alguno habla, hable conforme a las Palabras de Dios”.  Aquellos que tienen como ministerio la proclamación  de las verdades de Dios, sea por la predicación, por enseñanza,  por la exhortación o profecía, deben alinear su vida y mensaje a la Palabra que Dios ha revelado. Cuando el Apóstol Pedro se refiere a la Palabra de Dios se está refiriendo a Jesucristo y su Evangelio.

El segundo aspecto relacionado al ejercicio adecuado del ministerio está en el actuar conforme al Poder que Dios da. En su segunda expresión, el apóstol Pedro, completa lo antes expuesto…”Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da”…Si alguien está ejerciendo su ministerio en el mundo o está impartiendo a la iglesia aquello que Dios le ha dado, tiene que mantener el control de calidad…Se ministra en el poder que Dios da, dentro y fuera de la iglesia.  Es importante entender que lo qué proporciona  transformación y crecimiento a los que están en necesidad no son nuestros dones per se, sino el poder que brota del sacrificio de Jesucristo.  Dios está buscando vasos para la comunicación de la vida en el Espíritu. Esta vida de Cristo, fluye del interior de aquellos en quienes opera la muerte de Jesús (2 Corintios 4:10):

Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.  Pues nosotros,  los que vivimos, siempre se nos entrega a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal.  Así que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes la vida (2 Corintios 4: 10-12).

Podemos tener los más preciosos dones y ejercerlos de la manera más atractiva y novedosa, sin producir vida en los que están muertos.  Solo cuando este poder se manifiesta, la transformación humana se manifiesta en todas las dimensiones de la vida.  El Apóstol Pedro nos dice que este Poder divino es el responsable mediante la fe de protegernos o guardarnos hasta que llegue la plena salvación que se dará en la venida de Cristo (1 Pedro 1: 5). Cuando se sirve en el Poder que Dios da, hacemos posible que lo que la Palabra de Dios dice, que es el hacernos nacer de nuevo, se convierta en un resultado permanente y constante, hasta el día del Señor.

Es importante afirmar que la Palabra del Evangelio y el Poder que Dios da son  recursos con que cuenta la Iglesia para cumplir su misión y responder a las demandas de una sociedad doliente y sin soluciones a los viejos problemas que le aqueja.  ¡Feliz Día de la Reforma Protestante!

[1] Osvaldo Malavé,  “La Reforma Protestante y la Iglesia Evangélica Unida en un Nuevo tiempo”, escrito para  la Celebración de la Reforma Protestante: Unidos y Unidad en una experiencia Reformadora en Caguas, PR, octubre  2006.

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