Adviento … tiempo para vivir la fe y velar


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION

Oh Dios, sondéame y conoce mi corazón, examíname y conoce mis pensamientos.  Mira, si mi camino es errado y guíame por el camino recto (Salmo 139: 23-24)

El texto para el 29 de noviembre de 2020, primer domingo de adviento, y el ducentésimo quincuagésimo noveno (259) día de lockdown, lo encontramos en Marcos 13: 24-37. El adviento es la primera temporada del año litúrgico cristiano.  La palabra adviento significa llegada, y este tiempo es de preparación, no para la espera del bebé nacido en Belén, sino para el retorno del Hijo del hombre con poder y gloria (παρουσία, parousía ), que viene a juzgar y redimir este mundo violento y caótico.

Su duración consiste este año de cuatro domingos comenzando con el 29 de noviembre, le siguen el 6, 13 y 20 de diciembre de 2020. Aunque los cristianos consideramos este tiempo como uno de oración, reflexión y de robustecimiento de la conciencia en la esperanza de la Segunda Venida de Cristo, quiero afirmar en este escrito otra dimensión del mismo.

Es necesario y urgente que afirmemos el sentido de comunidad tan necesario, y que anhelamos ver en nuestra tierra. En otras palabras, nuestra expectativa en adviento es que por medio de la oración, el servicio, el culto cristiano, y la acción de gracias, construyamos espacios para la comunión los unos con los otros. Para esto es necesario la transformación de nuestro discurso y visión individualista, en una en que el amor y la solidaridad sean los factores distintivos de nuestro actuar cristiano (1 Tes. 3: 9-13). Solo así, la proclamación y el servicio de la iglesia se convertirán en acción redentora, porque Cristo se hará presente en medio de éstas.

DESARROLLO

Este año estaremos afirmando tres (3) verdades de la revelación bíblica que nos unifican:

(1) Primero, declaramos que el mundo como sistema sigue siendo un lugar hostil, cuya función principal es deshacer a la persona.  Así que ni amamos, y tampoco seremos amigos del mundo (1 Juan 2:15-17);

(2) Segundo, el pueblo de Dios fue creado y es sostenido por su Creador solamente. La iglesia está completa y se sostiene en Jesucristo (Colosenses 1: 17); y

(3) Tercero, el Dios que confesamos, sigue siendo Señor sobre todas las cosas y en todas las circunstancias. Jesucristo es el Señor en el cielo, la tierra y en los abismos, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2: 10-11)

En adviento declaramos que el mundo como sistema es un ente hostil y continúa siendo un lugar donde se fragmenta a la persona, haciéndola comer, como expresa el Salmista, el “pan amargo que sus lágrimas amasaron” (Salmo 80:6).  Sin embargo, frente a la anterior declaración, afirmamos en esta época de adviento solo la presencia de Dios en Jesucristo puede cancelar los efectos adversos de esas estructuras de maldad presentes en el mundo. Jesús vino para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3: 8).

En adviento reconocemos que somos el pueblo de Dios, en virtud a nuestra relación con nuestro creador y redentor Jesucristo.  El Dios que ligó Su historia a la nuestra al encarnarse, sigue sustentándonos por medio de su Espíritu.  Él es el que nos equipa con su santidad, sabiduría, dones y poder para enfrentar las estructuras del mundo, y a los poderes rebeldes, haciendo presente su Reino en todas nuestras intervenciones.   Esta afirmación toma hoy más relevancia que nunca.  Todavía Dios provee, sustenta, sostiene y guía a su pueblo en medio de las encrucijadas de la vida, y camina con su pueblo mientras éste propicia su misión en este mundo hostil. ¡No lo dudes!

APLICACION

Así que adviento es esa primera temporada del calendario litúrgico en que volvemos a repasar el mensaje del Evangelio que nos invita a retomar la meta de ser y hacer comunidad.  En esta época afirmamos que  esa salvación tan grande que Cristo forjó por medio de su sacrificio en la cruz, está progresando  cada día en nuestra vida, y que llegará a su culminación en su Gloriosa Venida.

Finalmente en adviento declaramos que el Dios que confesamos como el salvador, sigue siendo Señor de todo y sobre todas las cosas, lo visible e invisible, sean imperios, majestades, señoríos, dominios, tronos, autoridades, principados  o potestades (Colosenses 1: 16). 

El Dios que se ha revelado en Jesucristo es fiel a su Palabra y a sus Promesas.  Tenemos en sus Palabras un firme cimiento en el cual podemos sostenernos en medio de los tiempos de incertidumbre en este mundo. ¡Ciertamente podemos confiar plenamente en Jesucristo!

Porque Dios es fiel y El los llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo Señor Nuestro (1 Cor. 1:9)

¡Feliz temporada de Adviento!

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