Navidad, Buenas Nuevas… ¿para quién?

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Por Samuel Caraballo-López

El ángel les dijo: No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo.  Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. (Lucas 2:10-11)

Los relatos del nacimiento de Jesús, aunque son pocos, están llenos de gran significado para los lectores.  El Evangelio de Lucas nos narra los eventos de la navidad con signos, colores, luminosidad y mensajes espectaculares, que nos invitan a participar con alegría de este evento sin precedente.

Uno de los pasajes que mayor significado tiene es el relato del anuncio del nacimiento del mesías a los pastores de la zona de Belén (Lucas 2: 8-20).  Lo interesante es que Lucas coloca este relato como el primer anuncio del glorioso evento que acababa de ocurrir.  ¿Quiénes eran estos pastores que cuidaban sus rebaños a la intemperie?  ¿Por qué a ellos se les anuncia primero este mensaje? ¿Qué importancia tienen estos para que Dios los considere dignos de recibir este celestial mensaje?

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La tradición nos ha presentado a estos como pobres hombres de campo, con muy mala fama, y que simplemente son escogidos por Dios para demostrar el mensaje de inclusión para todos los seres humanos. Hay algo de cierto en la creencia tradicional, pero hay que profundizar en el origen de esta clase pastoril que vela sus rebaños a la intemperie, y hace turno para cuidarlos, no solo de las bestias nocturnas, sino por otras razones.

Es importante entender la realidad histórica para poder descifrar este pasaje de Lucas. Cuando en el año 63 a. C., el General Romano Pompeyo Magno derrotó a Mitrídates VI del Ponto, Siria se convirtió en una provincia romana. En su plan militar, Pompeyo se dirigió a Judea, para asegurar el área. Una vez allí, encontró a los hermanos Hircano II y Aristóbulo en una pugna interna, lo cual permitió que Pompeyo, a solicitud de Hircano, interviniera en Judea.  Judea desde la rebelión de los Macabeos en el 164 a. C., era un Estado Independiente.

A partir de la intervención de Pompeyo,  Judea y toda la región anexada por este, se convierte en un reino vasallo de Roma, sujeto totalmente a la autoridad imperial.  Luego de ser acusado por Aristóbulo de extorsión, Pompeyo instaló en el trono a Hircano, nombrándolo etnarca y Sumo Sacerdote de Judea. Los seguidores de Aristóbulo se atrincheraron en el templo y luego de tres meses de resistencia, Pompeyo se apoderó de la ciudad de Jerusalén, asesinando a los responsables e imponiendo tributos a la ciudad y sus alrededores. Tanto Aristóbulo y sus dos hijos Alejandro y Antígono, fueron llevados cautivos a Roma.

JUan Hircano

Los judios que lograron huir de Pompeyo se fueron a otros países y algunos se escondieron en la parte montañosa de Palestina, y desde allí continuaron su vida, con la esperanza de recobrar en algún momento la independencia de Judea. La imposición de tributos y un nuevo sistema politico y económico por parte del imperio, crea otros desplazados que aumentan en números bajo el gobierno de Herodes el Grande entre los años 39 al 4 a. C.

Estos desplazados por el imperio, que se refugian con sus familias en las montañas de Palestina, establecen su propia forma de vida, ajena al orden establecido por los nuevos dueños del país. Estos, entre los que se encontraban miembros de la alta jerarquía eclesiástica judía, aliados de Aristóbulo  y algunos descendientes de los Macabeos y fariseos, junto a ciertos sectores empresariales e intelectuales del Estado de Judea, se ven obligados a escapar, para evitar su muerte y la de su familia, y el tener que someterse a los nuevos requerimientos del imperio romano.

judios huyendo

Estos líderes desplazados por el imperio se mueven fuera de la metrópolis, como proscritos del imperio, muy especialmente a las montañas y el desierto de Israel.  Su economía es de sobrevivencia, basada en el cuidado y pastoreo de los rebaños de ovejas y cabras, ajenos a las imposiciones del sistema tributario romano.  Para estos desplazados por el imperio solamente le quedaba una leve esperanza de que en algún momento ocurriría el advenimiento del Mesías, que traería el fin de aquel aterrador sistema romano, que los había expulsado de su propia tierra, dejándolos sin los recursos y espacios de convivencia que antes tenían.

Es a esos “pastores”, que velaban los rebaños en las montañas por turnos, a los que el Ángel del Señor les anuncia tiempos de esperanza en medio de su condición de fugitivos del imperio romano.  Fueron aquellos “pastores” que rápidamente y ocultos en las sombras de la noche, van hasta Belén y adoran y dan testimonio que confirma el mensaje recibido por el ángel, para luego regresar a sus espacios de seguridad, glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído. Estos “pastores” que durante años soñaban con justicia y cambios para su nación, ahora sin entender plenamente, recobran la luz de la esperanza.

¡Cuantos hombres, mujeres, jóvenes y niños actualmente se sienten desplazados por una sociedad excluyente que los sumerge en el anonimato de la deambulancia, la segregación y el exilio!  Alguno de estos fueron líderes con educación formal, otros obreros, otros adictos o enfermos mentales, pero sin el tratamiento adecuado  por no tener los recursos para responder a un sistema de salud segregado por sus reclamos económicos. Estas personas, que en su mayoría no encuentran espacio en la sociedad, y que son arrinconados e invisibilizados por el mismo sistema, ahora, como aquellos pastores, tienen la oportunidad de oír el mensaje de esperanza:

“Hoy les ha nacido en la ciudad de David, un Salvador, el Mesías y Señor.”  (Lucas 2:11)

Jesus el desplazado

Ese Jesús que nació en Belén, tema central del Evangelio, también fue desplazado desde su nacimiento.  Nació donde nadie nace, y a pesar de que era rey, no se le dio el lugar que le correspondía en la cuna de los reyes, sino en un bebedero de animales.  Jesús, el desplazado por la sociedad, ofrece ahora esperanza a los desplazados de la tierra. Es con ellos que comienzan las Buenas Noticias. Solo Aquel que entiende lo que es estar desplazado, tienen el corazón y el poder para proclamar con pasión y certeza, la esperanza a los “fastidiados” de la tierra (Sofonias 3:18).

Las buenas nuevas es el camino para los que se sienten perdidos y reducidos por una sociedad excluyente; para los que se sienten alejados de ese dios que la sociedad proclama como suyo.  Las Buenas Noticias que son de gran gozo, son de liberación para aquellos que se sienten cargados y cansados de esta “mafia” hostil que cada día se aleja más de Dios y sus principios.

deambulantes

Para ti, el vulnerable, el que no encuentra espacio en esta sociedad consumista, son las buenas noticias de la Navidad; recíbelas y permite que éstas te trasformen trayendo esperanza, alegría y fuerza para continuar tu peregrinaje, a pesar de tu desplazamiento.  Recuerda las palabras de Jesús, “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones…” (Juan 14: 2).  Para Jesús no hay desplazados, porque el tiene espacio para todos.

FELIZ NAVIDAD!

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