Lo que aprendemos de Jesús en viernes Santo

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Por Samuel Caraballo-López

El evento de viernes santo siempre nos conmueve.  Ver a un hombre inocente asesinado violentamente por las fuerzas ideológicas de una religión y un imperio, nos conmueve e indigna a la vez.   Fue acusado de dos cargos fabricados principalmente por las fuerzas religiosas, pero que son acogidos por las fuerzas políticas.  En el tribunal religioso se le acusa de blasfemo al declararse el Mesías e Hijo de Dios (Lucas 22: 67-71), en el tribunal político fue acusado de querer extraviar a la nación y desviarla de su lealtad a Roma (Lucas 23: 5, 14),  y por declararse también el Mesías y Rey (Juan 19:12).  Fue juzgado y encontrado inocente de todos los cargos en tres ocasiones por Poncio Pilato (Lucas 23: 4, 14-15, 22) y una vez por Herodes Antipas (Lucas 23: 9, 15).  Además uno de los malhechores se percata que El no había cometido ningún delito (Lucas 23: 41), y finalmente el centurión romano que dirige la ejecución lo declara justo (Lucas 23: 47). Sin embargo, muere como un vil criminal en una cruz;  pero nos dejó un legado que hoy quiero rememorar.

Primero, Jesús, aunque sintió miedo, no retrocede en su deseo de cumplir la misión para la cual se encarnó.  Su acto de obediencia lo sitúa como el principal entre los inmortales de la historia (Filipenses 2: 8-11),  y le diré por qué.

Jesús se autodenomina, y lo es, el único camino vivo a la presencia de Dios el Padre.  Jesús por medio de su sacerdocio nos traza y muestra el camino que nos introduce a su mismo entorno y espacio de comunión (Juan 14:6).

En la cruz, el velo que es su cuerpo es rasgado para que podemos ver la totalidad de su divinidad.  Es cierto que Jesús reveló su dimensión divina a lo largo de su ministerio, sin embargo, no fue hasta la cruz que pudimos ver con claridad el rostro, la justicia y el amor de Dios a plenitud.  Es en la cruz donde el acceso a Dios se abre por  completo.

Jesús en la cruz demuestra que El es el Gran Sumo Sacerdote sobre la Casa de Dios.  La misión del Sumo Sacerdote era tender puentes entre Dios y la humanidad.  Jesús es el único que puede limpiar de veras la mancha que el pecado ha dejado en nuestra ropa existencial.  De la misma manera que en el ritual antiguo el sacerdote purificaba cada artefacto por medio del rociamiento de la sangre de los animales sacrificados, la sangre derramada en la cruz nos limpia de todo pecado cometido.

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Jesús demuestra durante ese viernes santo, que su poder reconciliador se ha extendido sobre la humanidad.  Es por medio de El que la pared divisoria entre Dios y el ser humano se derriba, y ahora la reconciliación entre lo divino y lo humano es real y concreta. Aún mas, la reconciliación entre los seres humanos en enemistad se hace posible por medio del acto de propiciación hecho por Jesús. Ahora Jesús por medio de su sacrificio ha conquistado la paz, y la ha hecho parte de sus dones para la humanidad.

Por lo tanto, este viernes santo acerquémonos a la presencia de Dios, rindiendo culto a Él, sin permitir que los afanes de la vida nos quiten la oportunidad de adorar al que se entregó por mí en la Cruz.  Aprovechemos este día para afirmar nuestro compromiso de seguirlo sin desviarnos, manteniendo firme la esperanza de nuestra profesión de fe.  Si la vida es el camino de Cristo, nadie puede permitirse el error de no encontrarla, y mucho menos, luego de encontrarla, detenerse para no encontrar su plenitud. !Feliz Viernes Santo!  Muchas bendiciones.

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