La danza de Salomé…cuando la verdad es decapitada-Parte II

Juan el Bautista4

Por Samuel Caraballo-Lopez

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.”  Cicerón

En el primer escrito narré lo eventos históricos que desencadenan la trama del texto bíblico del domingo 15 de julio de 2018, y que encontramos en Marcos 6:14-29.  Debo aclarar que Herodías, la esposa ilegítima de Antipas insistía en que Juan fuese asesinado, sin embargo el gobernador lo “guardaba a salvo”. El relato de Marcos tiene corte novelesco, y nos lleva al clímax esperado.

Llegó el día del cumpleaños de Herodes, y lo celebran con “bombas y platillos”.  Toda la plana mayor de los herodianos, los príncipes, tribunos y principales de Galilea, estaban junto a Antipas disfrutando de tan apoteósica cena de celebración, que contrastaba con la pobreza integral del pueblo que dirigía.  Ese día la figura central del espectáculo era la hija de Herodías, que según Josefo, se llamaba Salomé (una niña de apenas doce años, hijastra y sobrina de Herodes Antipas).

 

Parece que las habilidades artísticas de Salomé estaban muy desarrolladas, ya que su danza agradó a Herodes y a todo su séquito.  Las copas habían subido a la cabeza del rey, y en reconocimiento a su espectacular danza le dice: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”–Y le Juró– “Todo lo que me pidas te lo daré, hasta la mitad de mi reino” (mentira, todo era de Roma).

Danza de Salomé

Salomé, halagada por tan extravagante oferta, corre hasta Herodías y le consulta lo que ha de pedir–“La cabeza de Juan el Bautista”—replicó su madre.  Entonces ella corre ante Herodes y le declara su petición.  Según el relato de Marcos, Antipas se entristeció mucho (verso 26).  Sin embargo, había comprometido su palabra con Salomé la danzarina, y delante de la plana mayor de sus seguidores. Y ahora, aquél que había sido su protegido por ser un profeta de Dios, justo y santo (verso 20), es decapitado porque la palabra empeñada del gobernador, y el prestigio político eran más relevante que la verdad que aquel personaje representaba. 

Es por esto que Herodes, según Lucas (9: 9), frente a la notoriedad de la persona de Jesús, y el temor que éste provocaba, recurre a evocar la decapitación de Juan, como amenaza velada al Señor  y su mensaje (verso 14). Bien le llama Jesús (Lucas 13:32), “la zorra”.  De hecho, solo el evangelio de Lucas menciona el dato de que Jesús fue enviado ante Herodes Antipas en el proceso de juicio, y ciertamente Jesús lo trata con el “desprecio del silencio”–no le dirigió palabra alguna (Lucas 23: 9).

Ahora bien, ¿cuál fue la verdadera razón de la decapitación del Profeta Juan? Juan el Bautista había sido arrestado por Herodes Antipas, y mantenido prisionero en la fortaleza de Maqueronte, donde finalmente es ejecutado. Los factores que motivaron a Antipas a arrestar y a decapitar a Juan, evidentemente se pueden resumir en cuatro (4): (1) sus discursos causaban revuelo entre la gente que lo escuchaba, la cual podía desencadenar tumultos; (2) su denuncia profética tenía implicaciones socio-políticas que constituían una amenaza a su gobierno; (3) la condenación a su matrimonio ilegítimo podía empeorar la relación, ya no muy estable, con los nabateos; y (4) la afrenta pública que significaba dicha denuncia, era lo que  probablemente más molestaba a Antipas y a Herodías.

Este último factor probablemente era insuficiente por sí mismo, pero en conjunción con los demás hacía del arresto de Juan y su ejecución, acciones bastante “razonables” para un rey vasallo de Roma como lo era Antipas. De manera que, el destino de Juan fue el mismo que el de otros profetas del Antiguo Testamento, y las motivaciones socio-políticas de sus ejecuciones fueron bastante similares.

No hay duda que Herodes representa a los poderes políticos que se enfrentan al poder de la verdad, representada por Juan.  Esa verdad de Dios que no calla, ni se doblega frente a lo que es contrario a esta.  Tanto Antipas como Herodías tenían igual responsabilidad de cumplir en su vida, y por medio de sus decisiones lo que Dios había establecido en el Código de Santidad (Levítico 17-26).  Juan no teme decir la verdad: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (verso 18).

El profeta tampoco teme denunciar la triple maldad contra  el Creador  que se estaba cometiendo:  la pareja real había repudiado sin causa a sus respectivos cónyuges, como consecuencia ambos adulteran;  Antipas viola en forma flagrante la prohibición del tomar como mujer la que habia sido esposa de su hermano Filipo (Levítico 18:16); y finalmente ambos menosprecian la prohibicion del incesto, dada la relación consanguínea cercana que tenían (Levítico 18: 6).

Frente al mensaje de Juan hay varias preguntas que asaltan mi mente:  ¿Debía Juan defender sus convicciones religiosas, producto de su apego a La Torá y las Escrituras, en un Estado, supuestamente laico, como el que gobernaba Antipas? ¿Tiene vigencia lo establecido en la Ley de Dios, aun cuando exista una nueva sociedad, un nuevo imperio, una nueva cultura y una nueva configuración del orden mundial? ¿Se debía aplicar el Código de Santidad al nuevo orden existente en Galilea?   La respuesta de Juan el Bautista es afirmativa a todas las preguntas anteriores.

juan-bautista-y-herodes

El relato de Marcos nos muestra como el poder político en ocasiones “coquetea” con la verdad de Dios. En nuestro caso, Antipas parecía simpatizar con la verdad de Juan, que la mayoría del pueblo también respaldaba.   De hecho, aunque confina a Juan en prisión, también lo “defiende a conveniencia” de los que pretenden destruirlo por cierto tiempo (versos 19-20). Sin embargo, el “juego político” llega a su fin y una “danza” lo seduce y lo hace “alterar” sus convicciones por lo que el entiende es “políticamente correcto.”

El prestigio y la fama es el alimento del poder político, y es más importante que la “verdad” con la que éste parece simpatizar. Ahora la “verdad” que decía defender en algún momento, es considerada temporal y no congruente con los nuevos tiempos y con las opiniones de los “expertos” que ahora le asesoran.   Por lo tanto, esa “verdad” puede ser sacrificada ante la seductora “danza de Salomé”.  Es decir el poder político no teme a Dios, y se considera capaz de cambiar los valores y costumbres porque hay que responder a los nuevos tiempos, aunque tenga que contradecir lo que el Creador a dicho.

Aún cuando Juan es reconocido por el pueblo como un verdadero profeta, e inclusive Antipas lo considera como uno justo y santo y que su boca decía la verdad, el poder político se reafirma que la nueva cultura helenista es más relevante que la verdad que proclama este “vulnerable”.   El poder político es capaz de decapitar la verdad y la justicia cuando ellos consideran que éstas amenazan sus intereses y por lo tanto, la estabilidad de su reino. 

La historia nos narra de otras fechorías de Herodes Antipas en la ejecución del poder político.  Sin embargo, la hora de Herodes llegó y en el año 39 d.C., terminaron sus días, desterrado por el mismo imperio que lo nombró.  Siempre al poder político y los que lo representan, le llega la hora del juicio…y ese día la verdad de Dios vuelve a resurgir.

¡Muchas bendiciones!

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