La danza de Salomé…cuando la verdad es decapitada-Parte II

Juan el Bautista4

Por Samuel Caraballo-Lopez

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.”  Cicerón

En el primer escrito narré lo eventos históricos que desencadenan la trama del texto bíblico de este domingo 12 de julio de 2015, y que encontramos en Marcos 6:14-29.  Debo aclarar que Herodías, la esposa ilegítima de Antipas insistía en que Juan fuese asesinado, sin embargo el gobernador lo “guardaba a salvo”. El relato de Marcos tiene corte novelesco, y nos lleva al clímax esperado.

Llegó el día del cumpleaños de Herodes, y lo celebran con “bombas y platillos”.  Toda la plana mayor de los herodianos, los príncipes, tribunos y principales de Galilea, estaban junto a Antipas disfrutando de tan apoteósica cena de celebración, que contrastaba con la pobreza integral del pueblo que dirigía.  Ese día la figura central del espectáculo era la hija de Herodías, que según Josefo, se llamaba Salomé (una niña de apenas doce años, hijastra y sobrina de Herodes Antipas).  Parece que las habilidades artísticas de Salomé estaban muy desarrolladas, ya que su danza agradó a Herodes y a todo su séquito.  Las copas habían subido a la cabeza del rey, y en reconocimiento a su espectacular danza le dice: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”–Y le Juró– “Todo lo que me pidas te lo daré, hasta la mitad de mi reino” (mentira, todo era de Roma).

Salomé, halagada por tan extravagante oferta, corre hasta Herodías y le consulta lo que ha de pedir–“La cabeza de Juan el Bautista”—replicó su madre.  Entonces ella corre ante Herodes y le declara su petición.  Según el relato de Marcos, Antipas se entristeció mucho (verso 26).  Sin embargo, había comprometido su palabra con Salomé la danzarina, y delante de la plana mayor de sus seguidores. Y ahora, aquél que había sido su protegido por ser un profeta de Dios, justo y santo (verso 20), es decapitado porque la palabra empeñada del gobernador, y el prestigio político eran más relevante que la verdad que aquel personaje representaba. 

Es por esto que Herodes, según Lucas (9: 9), frente a la notoriedad de la persona de Jesús, y el temor que éste provocaba, recurre a evocar la decapitación de Juan, como amenaza velada al Señor  y su mensaje (verso 14). Bien le llama Jesús (Lucas 13:32), “la zorra”.  De hecho, solo Lucas menciona el dato de que Jesús fue enviado ante Herodes Antipas en el proceso de juicio, y ciertamente Jesús lo trata con el “desprecio del silencio”–no le dirigió palabra alguna (Lucas 23: 9).

Ahora bien, ¿cuál fue la verdadera razón de la decapitación del Profeta Juan? Juan el Bautista fue arrestado por Herodes Antipas, y mantenido prisionero en la fortaleza de Macareos, donde finalmente fue ejecutado. Los factores que motivaron a Antipas a arrestar y a decapitar a Juan, evidentemente incluían que: (1) su ministerio causaba revuelo entre la gente que lo escuchaba, la cual estaba en peligro de convertirse en disturbios; (2) su predicación tenía implicaciones socio-políticas que constituían una amenaza implícita a su gobierno; (3) la condenación a su matrimonio ilegítimo podía empeorar la relación ya no muy estable con los nabateos; y (4) la afrenta pública que significaba dicha condenación, era lo que  probablemente más molestaba a Antipas y a Herodías.

Este último factor probablemente era insuficiente por sí mismo, pero en conjunción con los demás hacía del arresto de Juan y su ejecución, acciones bastante “razonables” para un rey vasallo de Roma como lo era Antipas. De manera que, el destino de Juan fue el mismo que el de otros profetas del Antiguo Testamento, y las motivaciones socio-políticas de sus ejecuciones fueron bastante similares.

No hay duda que Herodes representa a los poderes políticos que se enfrentan al poder de la verdad, representada por Juan.  Esa verdad de Dios que no calla, ni se doblega frente a lo que es contrario a esta.  Tanto Antipas como Herodías tenían igual responsabilidad de cumplir en su vida, y por medio de sus decisiones lo que Dios había establecido en el Código de Santidad.  Juan no teme decir la verdad: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”.  El profeta tampoco teme denunciar la triple maldad contra  el Creador  que se estaba cometiendo:  la pareja real había repudiado sin causa a sus respectivos cónyuges, como consecuencia ambos adulteran;  Antipas viola en forma flagrante la prohibición del tomar como mujer la que habia sido esposa de su hermano Filipo; y finalmente ambos menosprecian la prohibicion del incesto, dada la relación consanguínea cercana que tenían.

Frente al mensaje de Juan hay varias preguntas que asaltan mi mente:  ¿Debía Juan defender sus convicciones religiosas, producto de su apego a La Torá y las Escrituras, en un Estado laico como es que gobernaba Antipas? ¿Tiene vigencia lo establecido en la Ley de Dios, aun cuando existía una nueva sociedad, un nuevo imperio, una nueva cultura y una nueva configuración del orden mundial? ¿Se debía aplicar el Código de Santidad al nuevo contexto de Galilea?   La respuesta de Juan el Bautista es afirmativa a todas las preguntas anteriores.

El relato de Marcos nos muestra como el poder político en ocasiones “coquetea” con la verdad de Dios. En algunos momentos éste parece simpatizar con la verdad que la mayoría del pueblo también respalda.   De hecho, aunque confina a Juan en prisión, también lo “defiende a conveniencia” de los que pretenden destruirlo por cierto tiempo. Sin embargo, una “danza” lo seduce y lo hace “alterar” sus convicciones por lo que es “políticamente correcto.”

El prestigio y la fama es el alimento del poder político, y es más importante que la verdad que este conoce. Ahora la verdad que decía defender, dada las circunstancias, es considerada temporal y no congruente con los nuevos tiempos y con las opiniones de los “expertos” que apoyan su causa.   Es una verdad que puede ser sacrificada frente a la seducción que me produce la “danza de Salomé”.  Es decir el poder político no respeta a Dios, y se considera capaz de cambiar los valores y costumbres porque hay que responder a los nuevos tiempos, aunque tenga que contradecir lo que el Creador a dicho.

Dicho de una manera actual, aun cuando Juan es reconocido por el pueblo, y por el mismo gobernador, como un profeta justo y santo, y que su boca decía la verdad, Antipas reafirma que la nueva cultura helenista es más relevante que la verdad que proclaman los “vulnerables”.   El poder político es capaz de decapitar la verdad, la justicia y la santidad cuando ellos consideran que esto amenaza sus intereses y por lo tanto, la estabilidad de su reino. 

La historia nos narra de otras fechorías de Herodes Antipas en la ejecución del poder político.  Sin embargo, la hora de Herodes llegó y en el año 39 d.C., terminaron sus días, desterrado por el mismo imperio que lo nombró.  Siempre al poder político y los que lo representan, le llega la hora del juicio…y ese día la verdad de Dios vuelve a resurgir.

¡Muchas bendiciones!

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