Al garete… ¿Qué podemos hacer?

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Por Samuel Caraballo-López

El texto del 19 de julio de 2015, octavo domingo de Pentecostés, lo encontramos en Marcos 6:30-34; 53-56.  Estos dos pasajes se complementan dentro del discurso del evangelista.

En la primera parte del texto (30-34), nos llama la atención la expresión “como ovejas que no tienen pastor” para referirse a la multitud de personas que “están al garete” o que van sin rumbo fijo.  Esta expresión tiene sus orígenes en el diálogo entre Moisés y Dios con relación al final de su vida antes de entrar en la tierra de Canaán. Dios le informa su descalificación para entrar en la tierra prometida, dada la actitud de rebeldía manifestada al golpear la peña que produciría agua en el desierto de Zin (Números 20:11-12).  Moisés, entonces solicita a Dios que no deje al pueblo sin un líder para que no sean “como ovejas que no tienen pastor” (Números 27:17).  Moisés está consciente de la necesidad que tenía su pueblo de un liderado político y religioso que lo pudiese guiar en la nueva etapa a la que se enfrentaba,   la conquista de Canaán.  En respuesta, Dios elige a Josué, hijo de Nun como ese nuevo líder idóneo para dicha empresa.

Ahora bien, la expresión “como ovejas que no tienen pastor”, dada su concepción original, adquiere en el Evangelio de Marcos nuevos significados, que debemos acentuar.  Galilea, el lugar en que Jesús comienza su ministerio, estaba en un total caos. La situación era de tal naturaleza, que el Evangelio de Mateo describe a Galilea como “el pueblo asentado en tinieblas” y “la región de sombra de muerte” (Mateo 4: 16). El abandono de la provincia y de su gente era evidente (verso 34).  Las estructuras responsables del bienestar integral del pueblo, se había dedicado a imponer sobre estas ovejas, cargas, leyes y obligaciones que producían un severo daño al pueblo.  Permíteme recurrir al lenguaje del Profeta Ezequiel para describir el daño colectivo que estos líderes le habían producido al pueblo:

“Mis ovejas andan errantes por todos los montes, y sobre todo collado alto.  Mis ovejas fueron esparcidas por toda la faz de la tierra, y no hubo quien las buscara ni quien preguntara por ellas.” (Ezequiel 34: 6)

Galilea era una ciudad ocupada militarmente por los romanos debido a sus constantes revueltas contra el imperio.  A esta situación de ocupación militar se le añaden dos elementos que agravan la difícil situación: el liderato político desatinado de Herodes Antipas, y la complicidad del silencio del liderato religioso.  Estas instituciones, se habían convertido en depredadores de las ovejas, unos porque habían concentrado sus esfuerzos en tomar del pueblo su dinero, sus propiedades, su trabajo, su confianza, su amor y lealtad, para su propio beneficio, y los otros por omisión, validaban dichas prácticas.

Antipas era gobernador de la Provincia de Galilea y Perea desde el año 4 A.C, y era más conocido por sus líos personales, que por su gestión gubernamental (vea artículo de la pasada semana). Además, su falta de carácter lo llevó a decapitar a Juan el Bautista, el profeta de Dios, al éste denunciar su falta de obediencia a la ley de Dios al casarse con la mujer de su hermano. Antipas había sumergido a la ya deteriorada Galilea en la época más oscura de su historia.

En efecto la condición de confusión nacional que lleva a los pueblos a ser “como ovejas que no tienen pastor” tiene sus raíces en la falta de un liderato moral, que sea capaz de trascender sus propios intereses e ideologías, para afirmar las verdades eternas del Reino de Dios y su justicia.  De hecho, cuando los líderes políticos y religiosos carecen de la perspectiva y el carácter para inclusive fomentar cambios en su propia manera de pensar y actuar, los pueblos se sumergen en un caos ontológico, que los confina en una confusión tal, que los descarrila en el cumplimiento de su misión.   Es decir, el pueblo se convierte en una masa amorfa que no sabe a dónde va y en el que cada cual asume como correcto su propio camino.  En este contexto histórico-social se da el relato del evangelista Marcos.

¿Cuál es la actitud de Jesús frente a este desastre?  El texto de Marcos es dramático:

Al desembarcar vio un gran gentío, y se le enternecieron las entrañas por ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor.  Y comenzó a enseñarles muchas cosas (Marcos 6: 34).

La descripción de Marcos sobre los sentimientos de Jesús, es excepcional: “se le enternecieron las entrañas”.   Es decir que Jesús ve, más allá de la apariencia física, la suma de las condiciones anímicas, emocionales y espirituales de aquel gentío que le produce un quebrantamiento interior, que se llama compasión. ¡Cuántas cosas pudieron pasar por la mente de Jesús al leer la condición de aquella multitud!  Posiblemente muchas expresiones de frustración afloraron a su mente—“esa zorra”, “esos vividores”, “esos charlatanes”, “esos sinvergüenzas”, miren lo que han hecho con este pueblo–.  Sin embargo, el coraje justificado, no es excusa para quedarnos con los brazos cruzados: Jesús comenzó a enseñarles muchas cosas (verso 34c)

Tengo que detenerme en este punto.  No es el pensamiento positivo, ni el “floreteo” verbal, ni la lírica enajenada de algunas canciones, la respuesta a la crisis del pueblo.  La inspiración para un pueblo no proviene de palabras lisonjeras, ni del halago demagógico de algunas fuentes que pretenden seguir y sostener un sistema de engaño.  Toda inspiración que produce esperanza tiene que sostenerse en los pilotes firmes de la verdad y la fe en Jesucristo y su Reino.

Jesús frente al caos ontológico de este pueblo, e impulsado por la compasión, comienza a enseñarles muchas cosas.  Me parece que aquí está la clave para el trabajo con el pueblo en tiempos como los que vivimos. El saciar el hambre y la sed de los pueblos como los nuestros tiene al menos dos dimensiones debidamente trabajadas por Jesús: una dimensión física (Marcos 6: 35-44), y una dimensión ontológica enfocada en el conocimiento y entendimiento de nuestra realidad personal y colectiva (Jeremías 3:15).

La iglesia, que ciertamente debe fomentar el bienestar material y el progreso de los pueblos, tiene que afirmar e insistir que todo avance humano para que sea sostenible, requiere un avance también en los órdenes de conciencia de cada ser humano y de las instituciones que sirven a este. La iglesia de Jesucristo, tomando el ejemplo de su Maestro, debe luchar por construir un programa educacional en la cual cada faceta de la vida cristiana llegue a ser una apropiación y reconfiguración del Evangelio y de la producción teológica de la iglesia a través de su historia. La carencia de este tipo de programa educacional ha hecho que la iglesia pierda vitalidad y pertinencia, tanto para el mundo en el que debemos ser luz y sal, como para nuestras nuevas generaciones.  La iglesia necesita modelar, muy especialmente para las nuevas generaciones, lo que es el Evangelio del Reino de Dios, para que estas experiencias le sirvan de manantial, que los lleve a tomar del agua viva en sus propios envases.

La enseñanza de la iglesia de Jesucristo debe fomentar la expansión mental, el desarrollo de nuevos niveles de conciencia entre los servidores y servidos, y romper todo parroquianismo que nos hace ver y hacer las cosas de una sola manera, sin perder la esencia misma del Evangelio.  El texto de Marcos 6: 53-56, nos demuestra que la enseñanza que Jesús impartía a estas multitudes amorfas y sin esperanza, era con autoridad, que confirma con acciones redentoras lo que se proclama como buenas nuevas: y dondequiera que entraban…colocaban los enfermos…y cuantos lo tocaban eran sanados”. 

Toda enseñanza transformadora es palabra inspiradora que alimenta, y se confirma su veracidad con las señales redentoras de Dios.  Es decir ahora los más vulnerables que no tenían acceso a la educación del imperio, ahora tienen acceso no solo a la educación del Reino, sino a su economía.  Mientras solo los ricos y poderosos tenían acceso a la medicina, y por ende al mercado de la salud, ahora el Reino de Dios por medio de la enseñanza de Jesús, crea los espacios de bienestar y salud, que le habían sido vedados a los vulnerables y cambia el orden existente: “los primeros serán postreros, y los postreros serán primero”.

Ese es el nuevo orden inaugurado por Jesús y abierto para toda la humanidad por medio de su sacrificio, confirmado por su resurrección y hecho concreto en Pentecostés.  Ven te invitamos a participar de este Reino abierto para ti.  Muchas bendiciones.

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