¿Es Jesús Rey?… Picando fuera del hoyo


picando fuera del hoyo

Por Samuel Caraballo-López

¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y vuestro esfuerzo en lo que no sacia? (Isaías 55: 2)

INTRODUCCIÓN

El texto del 1 de Agosto de 2021, undécimo domingo de Pentecostés, lo encontramos en el Evangelio de Juan 6: 22-35.  Este es el segundo de los cuatro (4) domingos que dedicaremos a reflexionar sobre este capítulo durante este mes. Es importante que entendamos que en cada domingo hay diferentes énfasis del mismo discurso sobre el Pan de vida.

El evento que consideramos hoy ocurre luego de dos (2) signos en secuencia realizados por Jesús en la región de Tiberíades, en la orilla oriental del Mar de Galilea.  En escritos anteriores hemos explicado los aspectos geográficos e históricos de esta región, junto a su importancia para entender el sentido de los eventos que ocurren en dicho contexto.

El diálogo que aparece en el texto de hoy ocurre en la región occidental del Lago de Galilea, y se relaciona con la alimentación de las 5,000 personas, con cinco panes de cebada y dos pececillos ofrecidos por un muchacho (Juan 6: 1-15), en la región de Tiberíades.  Como explicamos en el escrito anterior, este signo se asemeja a los eventos del éxodo hebreo, muy especialmente durante su estadía en el desierto de Zin, en que Dios, por medio de Moisés, suple maná y carne al pueblo en medio de una crisis alimentaria (Éxodo 16: 2-4; 9-15).  También existe un pasaje paralelo de un milagro semejante en el Profeta Eliseo que multiplica veinte (20) panes de cebada para dar de comer a 100 hombres y les sobró (2 de Reyes 4: 42-44).

Frente a este milagro la gente identifica a Jesús como el verdadero Profeta que había de venir (el Mesías) e intentan tomarlo para hacerlo rey de Galilea (Juan 6: 14-15).  Esto implicaría darle un golpe de estado a Herodes Antipas y por ende desafiar al Imperio romano.  Jesús se percata de los planes y huye de la multitud y de sus intenciones, retirándose en un monte a solas.

DESARROLLO

(a) ¿Quién es realmente Jesús?

Ahora bien, debemos preguntarnos (al igual que se preguntaron los galileos de Tiberíades) a la luz del signo de la multiplicación de lo panes y los peces, ¿quién es realmente Jesús? ¿Es acaso el rey de los judíos y el Mesías guerrero que viene a exterminar a nuestros enemigos?  Esta pregunta requiere de nuestra más profunda reflexión.

Según el II Apocalipsis siríaco de Baruc (lo puedes buscar en la Internet), un libro apócrifo israelita, y que es contemporáneo con el Evangelio de Juan (año 90 d. C),  declara que el tesoro del maná habría de descender de nuevo, y que los elegidos comerían de este los años del reino mesiánico en la tierra:

En aquel tiempo ocurrirá que descenderá de nuevo desde el cielo el tesoro del maná y comerán de él durante esos años, pues ellos son los que llegaron al final de los tiempos. (2 Baruc 29: 8).

Según C.H. Dodd, en su libro Historical Tradition in the Fourth Gospel [1], plantea que la tradición rabínica posterior al año 70 d.C, enseñaba que la renovación del “don del maná” era una característica distintiva de la expectación escatológica judía.

Toda esta tradición abona a las expectativas mesiánicas de estos “galileos” llegados de Tiberíades, y que a su vez frente a la negativa de Jesús de aceptar sus proposiciones de hacerlo rey de Galilea, reclaman una señal mesiánica (Juan 6: 30), que no era otra que la restauración del don del maná, que habían percibido en el milagro de la alimentación de los 5,000 (Juan 6: 1-15).  Jesús fue muy claro, el maná, aunque era milagroso y provenía del cielo, no era el pan verdadero, ya que este era perecedero y se corrompía cuando no se utilizaba adecuadamente (Éxodo 16: 15-21).   Solo Jesús se identifica a sí mismo como la verdadera restauración del maná que desciende del cielo y  da vida al que lo come (Juan 6: 29, 35).

La nueva era que Jesús inaugura se define ahora en términos, no de milagros a nivel fenoménico en el plano mundano, sino de Él mismo como el signo permanente y verdadero de Dios.  Jesús rechaza la fantasía del “apocalipticismo” del judaísmo del primer siglo y presenta un nuevo orden basado en la transformación del ser humano por medio del amor sobrenatural de Dios a través de su Espíritu en el mundo cotidiano. ¡Cuándo entenderemos esto!

La gente, como en todas las épocas, responden a situaciones de desigualdad e injusticia con soluciones políticas o fantasiosas, que en ocasiones nos desvían de las verdaderas causas del problema. Es por esto, que la multitud que fue alimentada llega a Capernaum, buscando a Jesús (6: 24-26).  El razonamiento de estos “galileos” de Tiberíades, que Marcos dice, que eran “como ovejas que no tenían pastor”, más que de la mente, provenía del “estómago” y de la fantasía.

El concepto de Jesús como rey, con características similares a los gobernantes terrestres fue inculcado en la mente de la gente para evitar que los pueblos se rebelaran ante la tiranía del poder, muy especialmente en la edad media. Jesús no debe considerarse ni ver como un rey, monarca o señor al estilo humano. Un mesías que exija reverencia, sumisión o subordinación esta lejos del concepto del reino de Dios, que se distingue por el vivir en la justicia y santidad de la verdad. El Mesías monarca es mera creación humana y contradice la gran verdad de que la gloria de Dios se da y proviene de la cruz (Juan 12: 23-28).

Mesias Gerrero
Jesús el “rey” de los guerreros

(b) Jesús responde a los que le buscan

Ellos querían que Jesús, utilizando su poder, se enfocara principalmente en una “lucha armada” de liberación de los pobres para que estos pudieran satisfacer sus necesidades primarias. De hecho Jesús les habla claro: “Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse” (Juan 6: 26). Si la primera tentación en el desierto fue para que Jesús convirtiera las piedras en pan (Mateo 4:3), ahora la tentación era a que se convirtiera en el “mesías guerrero” de los pobres en su lucha por la liberación del imperio opresor que les impedia obtener el pan.

El reclamo de aquella multitud, cansada de tanta opresión, parecía tan noble como la petición hecha por Satanás a Jesús en la tentación  del desierto: ” … di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3).  Es bueno aclarar que a Jesús no le molesta, sino que avala, que los pueblos exijan que sus necesidades primarias sean satisfechas, que luchen por mayor justicia y calidad de vida; la crítica de Jesús es a que estas sean las únicas expectativas de los pueblos: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). ¡Alerta, hermano, enseña a tu familia y a tu pueblo a aspirar a cosas mayores!

Ahora bien, si Jesús no es el Mesías guerrero que presentaba la tradición rabínica y que había de dirigir la revolución de los pobres, ¿Quién es entonces?  A mí me parece que esta es la pregunta clave para entender el relato de Juan.  Jesús, más que el Mesías guerrero que propone la visión apocalíptica judía, es el eslabón entre el amor y la bondad de Dios y un mundo hambriento y sediento de estos dones.    Jesús, lo dice en forma clara y precisa:

Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo… ¡Yo soy el pan de vida; el que a mi viene nunca tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás! (Juan 6: 33 y 35).

APLICACIÓN

Muchos coinciden conmigo que la experiencia es el mejor de los maestros.  Por más de cuarenta (40) años he luchado por afirmar la justicia e incrementar la calidad de vida de las comunidades en diferentes escenarios, en y fuera de mi país.  Se lo que es luchar por darle de comer a la gente, buscarle oportunidades de educación y trabajo, ofrecer asistencia médica, ayudarles a construir viviendas dignas, acompañarles y abogar por ellos en diferentes instancias, y cuantas cosas necesarias para el vivir digno.  Sin embargo, si la gente, que sirve y es servida no tiene sentido ni propósitos trascendentes en la vida, seguirán siendo tan egoístas y futil como cuando comenzó la ayuda.

Hermanos, podemos satisfacer las necesidades básicas en los individuos que nos habla Abraham Maslow en su modelo de la piramide de las necesidades, pero sin ese sentido de amor, comunidad y conexión que se encuentra en Jesucristo, no ocurrirán cambios significativos en la vida de las personas y los pueblos.

Maslow

Podemos dar a los pueblos mejores viviendas, mejores escuelas, más hospitales, más dinero en sus bolsillos, con más artefactos tecnológicos, y más oportunidades de progreso económico, pero sin el Pan de vida que alimenta al mundo, estos serán “cuerpos sin alma”, “nubes sin agua”, “árboles sin fruto”, “estrellas erráticas”, que no tienen paz para vivir a plenitud (Efesio 4: 17).

Ahora bien, cuando la gente encuentra en Cristo sentido y dirección, su vida se enriquece. Aún en la pobreza, las gente se transforman en mejores seres humanos, esposos, padres, hermanos, Jefes, empleados, estudiantes, amigos y servidores de otros.  De hecho, los vicios que sabotean la calidad de vida de las familias y los pueblos, como lo son el alcoholismo, la drogadicción, los juegos de azar y la maldad en todas sus manifestaciones, solo se superan cabalmente cuando la gente encuentra en el amor de Dios un sentido real para ser y vivir (Efesios 4: 22-24).

¡Jesús es el Pan de vida que satisface el hambre y la sed de la humanidad! ¡Muchas bendiciones!

Notas:

[1] Charles Harold Dodd, Historical Tradition in the Fourth Gospel. (Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press, 1976): 336.

2 respuestas para “¿Es Jesús Rey?… Picando fuera del hoyo”

  1. Muchas gracias por el comentario…que ciertamente es correcto. Jesus de Nazaret no responde al concepto de rey mundano. De hecho, la iglesia del primer siglo, lo veia como el Cordero de Dios. Cordero es un título de vulnerabilidad, porque es de su vulnerabilidad que brota su poder, muy contrario al concepto de rey terrenal. Muchas bendiciones.

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  2. El concepto rey es inculcado en la mente de la gente porque nos convierte en súbditos de una autoridad terrestre y es favorable a crear una actitud sumisa. Creo que a la divinidad no debe considerarse ni ver como un rey, monarca o señor. Una divinidad que exija reverencia, sumisión o subordinación esta lejos del concepto de Dios que debe estar en la mente de un creyente. El Dios rey es mera creación humana.

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