“He descendido del cielo”… ¿Por qué? ¿Para qué?

he descendido del cielo

Por Samuel Caraballo-López

El texto del 9 de agosto de 2015, undécimo domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Juan 6: 35, 41-51, y es una continuación del discurso de la pasada semana.

La discusión que iniciamos el pasado domingo sobre quién es Jesús, utilizando el  trasfondo del maná como pan del cielo (Salmo 78: 24; Juan 6: 32-33), la queremos concluir con algunos comentarios adicionales, antes de pasar al tema de este domingo.  Según el Apocalipsis Siriaco de Baruc, un libro apócrifo (lo puedes buscar en internet), no reconocido en el canon de las Escrituras, y que es contemporáneo con el Evangelio de Juan (año 90 d. C), el tesoro del mana habría de descender de nuevo de lo alto y que los elegidos comerían de este los años del reino mesiánico en la tierra (2 Baruc 29: 8). Igualmente, en la tradición rabínica posterior, la renovación del don del maná se convierte en una característica fija de la expectación escatológica judía (Dodd, C. H., 1978, 336).

Es por eso que los judíos que querían hacer a Jesús gobernador de Galilea, reclaman una señal mesiánica (Juan 6:30), que no era otra que la restauración del don del maná, que habían percibido en el milagro de la alimentación de los 5,000 (Juan 6: 1-15).  Jesús fue muy claro, el maná, aunque era milagroso y provenía del cielo, no era el pan verdadero, ya que este era perecedero y se corrompía cuando no se utilizaba adecuadamente (Éxodo 16: 15-21).   Solo Jesús se identifica a sí mismo como el verdadero maná que desciende del cielo y  da vida al que lo come (Juan 6: 29, 35).

La nueva era que Jesús inaugura se define ahora en términos, no de milagros a nivel fenoménico en el plano mundano, sino que el nuevo orden se refiere al ser y actuar que es real y eterno.  Jesús rechaza la fantasía del apocalipticismo del judaísmo del primer siglo y presenta un nuevo orden basado en la transformación del ser humano por medio del amor de Dios en el mundo cotidiano.

Ahora bien el tema de los textos de  este domingo nos lleva a preguntarnos, ¿Cuál es el origen de Jesús? La comunidad de Juan, según Raymond Brown, estaba compuesta mayoritariamente por cristianos de origen judío, que habían sido expulsados de la sinagoga, debido a su fe en Jesús.  En esta comunidad, como hemos mencionado, existía una pluralidad de tradiciones sobre Jesús que se podían categorizar según las creencias principales de cada grupo: judíos cristianos influenciados por el judaísmo apocalíptico que surge después de la destrucción del templo de Jerusalén,  cristianos influenciados por la cultura helenista y su emergente gnosticismo,  creyentes influenciados por las enseñanzas de Juan el bautista, etc.  Estas características forman el etos de la comunidad joánica, y gran parte de este evangelio responde a esta realidad.  De hecho, esa pluralidad de ideas sobre Jesús demuestra la realidad de la iglesia primitiva, antes del Canon del Nuevo Testamento.

Una característica del Evangelio de Juan es su alta cristología que contrasta con otras visiones de su época, y que generó divisiones internas en la emergente iglesia de finales de la primera centuria (vea Cartas de Juan (1 Juan 4: 1-6; 2 juan 7-11 y 3 Juan 9-10). El Concilio de Calcedonia del 451 d. C, recoge gran parte de esta cristología joánica y la articula como cristología de la iglesia cristiana.

A partir de  Juan 6: 33, el discurso de Jesús tomó  un nuevo rumbo, en que éste se proclama como el pan que descendió del cielo y que da vida.  El tema de descender del cielo es recurrente en todo el libro de Juan  (vea Juan 3; 13). Sin embargo es en Juan 6:38, en que llega a su culminación el aspecto del descenso del cielo; “pues he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Esta declaración genera una murmuración de los judíos apocalípticos (6: 41-42), que se convierte en una pertinente pregunta, aun para nosotros hoy; ¿Cómo puede ser Jesús  humano y divino a la misma vez?

En Juan 6: 44-47, Jesús explica esta paradoja.  Jesús plantea que solo los que son enseñados por Dios, y entregados a Jesús, comprenden el significado del descenso de Jesús del cielo (Juan 6: 38). En Juan 5:40 y 6:44, “venir a Cristo” es un requisito para entender lo que Él es. De hecho para Juan, el entender a Dios, no se puede dar desde las “gradas”, solo se da  en una relación de comunión con él.  Al relacionarnos con Jesús, ascendemos al cielo con El, y cuando bajamos del cielo y comunicamos la visión de Dios a un mundo en tinieblas, se nos abre el entendimiento sobre quién realmente es Jesús.

En Juan 1: 18, se nos dice: “Nadie ha visto jamás a Dios; el Unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo explicó.” Esta declaración es revolucionaria, y ciertamente un golpe de estado al misticismo gnóstico, al Judaísmo, al arrianismo y a todo movimiento teológico unitario.  Conocemos la verdadera naturaleza de Jesús cuando, luego de ascender con El, descendemos al mundo de tinieblas y proclamamos y servimos como El lo hizo.

Ahora bien, Jesús como el Pan de vida al darse al mundo,  lo que hace es dar su “carne y su sangre”.  Esta expresión de dar su carne y su sangre implica muerte; “En verdad, en verdad os digo: A menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12: 24).  Es decir, la muerte de Cristo es la que produce fruto.   Fue mediante la destrucción del “grano” que es su cuerpo, y su posterior resurrección, que ese pan de vida se hace disponible para el mundo, para inaugurar un nuevo género de vida que llamamos la vida eterna y que discutiremos el próximo domingo.

Para entender la naturaleza de Jesús es necesario que como sus discípulos nos  desapeguemos de la vida mundana, y descendamos para dar de comer el Pan de vida  a un mundo que vive en tinieblas, y  es por medio de esta acción, que el Espíritu nos explica la verdadera naturaleza de Jesús— que es ” el Dios Eterno que descendió del cielo y se hizo carne” y habitó en lo concreto, histórico y particular de la vida humana. ¡Que tremenda verdad!  Muchas bendiciones.

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